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Francisco José Alcaraz

Víctimas perseguidas por ríos de tinta

Siempre hay periodistas que respetan muy poco su profesión y que sin datos ni documentos se atreven a marcar con su estilográfica a las víctimas molestas, que no callan ni se rinden.

En las dos últimas semanas, la revista Interviú publicó dos reportajes en los que se acusaba al presidente de la AVT, sin pruebas evidentes, de relacionarse con la extrema derecha y de llevar a cabo una gestión totalitaria y personalista de la asociación. Alcaraz responde ahora a estas informaciones a través de una carta remitida a Libertad Digital.

Muchas de las víctimas del terrorismo etarra lo son porque su ideología es contraria a los proyectos totalitarios de los matarifes. A partir de ahí, la futura víctima es objetivo de ETA y su entorno. Se le vigila, se le amedrenta y, finalmente, las balas y las bombas acaban con su vida. Y cuando no la matan, le producen heridas con secuelas de diversa gravedad. En muchas ocasiones terribles.

Actualmente la víctima que no permanece callada, porque no asume este proceso de rendición de Zapatero, tiene muchas probabilidades de enfrentarse a otro tipo de persecución. También muy dura, cuando comprobamos que sus perseguidores no son ya tanto los terroristas como las estilográficas de algunos que se llaman periodistas y que no son otra cosa que pobres mamporreros del Gobierno, en su afán de hacerle un buen servicio. Así, sus calumnias sirven también para colocar a quien resulta incómodo en el objetivo de los desalmados. No hablo del buen profesional hace uso del saludable libre ejercicio de la crítica, no. Me refiero a personas de otro jaez.

En estos últimos años, y especialmente en estos últimos meses, los ríos de tinta contra la AVT, contra su junta directiva, contra mi persona como presidente e incluso contra mi esposa han desbordado los límites que la decencia, la moral y la ética debieran imponer a esos que se llaman profesionales de la información. Han practicado la más deplorable y calumniosa manipulación de la realidad para desprestigiarnos y señalarnos como elemento a abatir.

Muchos, como en un reciente reportaje-basura de Interviú, amparándose en el anonimato y la cobardía de unas supuestas fuentes, utilizan sus insidias e intereses contra la AVT, mi persona y mi esposa. Saben que la difusión de este tipo de calumnias es carnaza que, bien aliñada y adecuadamente servida, puede incidir negativamente en la imagen de la AVT, la asociación decana y ampliamente mayoritaria de las víctimas y gran enemigo del "proceso". Pues siempre hay periodistas que respetan muy poco su profesión y que sin datos ni documentos se atreven a marcar con su estilográfica a las víctimas molestas, que no callan ni se rinden. Qué mejor que apuntar directamente a la honorabilidad de su presidente y su esposa.

A estos mercenarios del poder, a estos que pretenden rematar civilmente a la víctima que no traga, a estos que mancillan el buen nombre del periodismo de investigación, a estos artesanos de la infamia que tejen la mentira con la confidencia de estultos y cobardes, les deseo que nunca se vean en nuestro lugar. Les aseguro que se hace muy duro defender la memoria de nuestros hijos, padres o hermanos no sólo ante el fanatismo nacionalista de pistola y bomba, sino ante ustedes. Sí, los mercenarios de la pluma empeñados en rematar el trabajo de los asesinos con nuestra muerte civil. Sí, esos pobres miserables.

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