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Pío Moa

Los rasgos de la II Restauración

Esa evolución que el señor Vilches parece ver como el camino más probable y menos traumático es un camino muy aceptable para la ETA y querido por quienes se proclaman sin tapujos enemigos de España.

Dice Jorge Vilches (que probablemente refleja la actual ideología del PP): "El régimen de la Constitución de 1978, que no la Monarquía en la persona de D. Juan Carlos, es mucho más de lo que pensó y hubiera aceptado Franco". Ciertamente la Restauración actual procede claramente del franquismo, aunque Franco no habría aceptado los artículos contradictorios de la Constitución que permiten vaciar de competencias al Estado a favor de unas autonomías que, por eso mismo, se convierten en mucho más que autonomías. Ni Franco ni muchas otras personas, entre ellas Julián Marías, que advirtieron claramente de las probables consecuencias de tal desafuero, máxime con una clase política de tan poca valía como la que ha resultado.

Añade: "Es más, poco tiene que ver con la Restauración de Alfonso XII, o con la Segunda República, a la que algunos señalan como precedente de nuestro sistema". Por supuesto, difiere de la Segunda República en que es (ha sido hasta ahora) mucho más democrática y liberal; y tampoco es un calco de la I Restauración. Pero las dos restauraciones tienen en común el ser una vuelta a la monarquía siguiendo la herencia borbónica, y constituir un régimen de libertades, si bien, nuevamente, mucho más democrático el actual que el de Cánovas. Tienen también en común el enfrentarse a los mesianismos de izquierda y separatistas, y a un terrorismo que arruinó al primero y va camino de arruinar al segundo. Son semejanzas importantes.

Y afirma el señor Vilches la probabilidad del "planteamiento confederal y asimétrico de los nacionalistas, en un marco heterogéneo cuyo nexo de unión fuera la Monarquía", suceso poco traumático a su entender, porque "es el camino por el que vamos". ¿Por el que vamos o por el que intentan llevarnos algunos, incluido el PP? La idea es bastante fantástica porque ese nexo monárquico, aparte de devolvernos a la Edad Media y hacer inútil todo el proceso histórico posterior, carece hoy día de la menor fuerza "nexal": se volvería superfluo de inmediato. Los nacionalistas no tienen nada de monárquicos y sólo ven ese cuento del nexo como un truco para alarmar un poco menos a la gente y avanzar hacia sus objetivos secesionistas, ya que tampoco aprecian en absoluto a España y su unidad.

Pero no tiene interés discutir sobre el futuro, en torno al cual la divagación es libre porque nadie lo conoce, fuera de Rajoy y los suyos. Sí tiene sustancia en cambio el análisis del presente y del pasado. Y ese análisis nos dice que esa evolución que el señor Vilches parece ver como el camino más probable y menos traumático es un camino muy aceptable para la ETA y querido por quienes se proclaman sin tapujos enemigos de España, por quienes han arruinado la democracia en las Vascongadas y en gran medida también en Cataluña o en Andalucía y la están corrompiendo en toda España. Una democracia nacida de los avances sociales y económicos del franquismo y conseguida por reforma, no por ruptura, de aquel régimen. Y en la que nada tuvo que ver la oposición a él –al contrario– ni los nacionalistas –secesionistas realmente– ni los terroristas, que son quienes ahora marcan la pauta y están destruyendo el mejor legado de la transición. La solución del "nexo monárquico", si llegara a darse, sería el triunfo de todos ellos. Con apoyo del PP futurista.

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