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Santiago Navajas

Feliz, feliz cumpleaños, Fidel Castro

La extrema izquierda española se ha vuelto a retratar festejando al tirano.

"Insigne estadista que ha dedicado toda su vida al servicio del pueblo" (Vladimir Putin a Fidel Castro, seguramente pensando en sí mismo).

Alberto Garzón (@agarzon), Izquierda Unida (@iunida), el Partido Comunista de España (@elpce), celebran el cumpleaños de Fidel Castro en Twitter:

“Feliz cumpleaños, compañero y camarada. ¡Hasta la victoria siempre! #FelicidadesFidel #Fidel90 #UnidosPodemos

“90 cumpleaños de Fidel Castro. Felicidades, comandante. ¡Viva Cuba libre y socialista! #Fidel90

“90 años de dignidad, 90 años de soberanía, 90 años de victoria. #FelicidadesFidel #Fidel90

Además, el tuit del Partido Comunista cita una premonición famosa de Fidel Castro: "La Historia me absolverá". También recordó esa frase Unai Vázquez Puente, uno de los presuntos etarras que el año pasado fue procesado por pertenencia al aparato internacional de ETA, la banda terrorista marxista-leninista-nacionalista (finalmente resultó absuelto, dado que los indicios no fueron considerados de suficiente entidad por el mismo tribunal que Vázquez Puente consideraba “de excepción” dentro del “carácter imperialista del Estado español”.)

Mientras la extrema izquierda española celebraba al sátrapa cubano, Juan Carlos Girauta (@GirautaOficial) animaba a leer El pensamiento cautivo porque

Hoy hace 12 años que murió Czeslaw Milosz, uno de cuyos libros me arrancó felizmente de la izquierda en 1985.

Axioma: A más Milosz, menos Castro. Ya saben: quien no es de izquierdas cuando es joven es porque nunca ha tenido corazón y quien no es derechas de mayor es porque no tiene cerebro. Aunque siempre me ha parecido que tanto ser de izquierdas como ser de derechas no es más que un desequilibrio entre la inteligencia y la emoción. Por decirlo de otra forma, la gente de izquierdas no parece saber de matemáticas y los de derechas, de moral. Por supuesto, El pensamiento cautivo fue un ensayo fundamental para descubrir cómo es el infierno cotidiano en un paraíso comunista, como también el poema “Réquiem” de Anna Ajmátova o La insoportable levedad del ser de Milan Kundera.

En el caso de los fans de Fidel Castro, o de Francisco Franco (otro “insigne estadista” según los parámetros de Putin), la falta de proporción entre inteligencia y emoción llega a la hipertrofia ideológica que justifica la existencia del infierno porque está empedrado de buenas intenciones.

Del mismo modo que un incendio que parece apagado puede volver a estar vivo porque en el subsuelo el calor hace que vuelvan a surgir las llamas, así los totalitarismos que asolaron el siglo XX parecen en vías de extinción, y que nadie defiende hoy en día modelos como el de la URSS o conceptos como los de utopía y revolución. Sin embargo, hay intelectuales que mantienen los sueños marxistas que provocaron los monstruos comunistas (mientras, en el campo contrario, cada vez más anarcocapitalistas se deslizan por la pendiente resbaladiza del fascismo randiano de corte antidemocrático). El filósofo esloveno Slavoj Zizek trata de recubrir la tradición sanguinaria de la extrema izquierda, de Robespierre a Chávez pasando por Lenin y Trotski, con una pátina irónica a fuer de postmoderna. Alain Badiou, un maoísta fanático, trata con amoroso aprecio al autor del genocidio más grande de la historia admirando la “tranquila sutileza de su pensamiento dialéctico” y los logros de su Revolución Cultural (en las pantallas cinematográficas están proyectando Camino a casa, de Zhang Yimou, una descripción de cómo eras condenado a campos de concentración (“educación”, los llamaría Badiuou) por ser un “enemigo del Partido” (el comunista, claro). Gianni Vattimo –al que se podría calificar de “marxista católico”, como al inefable, recientemente fallecido, Gustavo Bueno– defiende, sólo de manera paradójica en la superficie, un “pensamiento débil” postmoderno complementado por la necesidad de un “ideal fuerte” que nos salve: el comunismo en el plano material (acompañado de un cristianismo de la liberación en el plano espiritual, supongo).

¿Cuál es el origen de toda esta pesadilla buenista? Una idea: que sólo la emancipación igualitaria es un axioma con valor universal. Por ello, esta extrema izquierda es enemiga de la democracia liberal, la economía de mercado, el pensamiento científico y la innovación tecnológica. Porque todos estos baluartes de la Ilustración construyen un proyecto emancipatorio y revolucionario, pero no desde la igualdad sino desde la libertad y la equidad. La Ilustración es, por tanto, radicalmente (en sentido de ir a las raíces) desigualitaria, lo que no es óbice para que, como en la teoría de la justicia de Rawls o el proyecto de impuesto negativo sobre la renta de Milton Friedman, se plantee resolver el problema humanitario de la pobreza.

La imposibilidad de originar una igualdad de resultados es lo que lleva a los comunistas a diseñar y tratar de fabricar un hombre nuevo, negando la esencia humana, que es por naturaleza desigualitaria. Pero como muestran las dictaduras comunistas que admiran Zizek y Badiou, Garzón y Pablo Iglesias, la combinación de “sóviets y electrificación” termina una y otra vez desembocando en tragedias (el Terror jacobino y leninista) y genocidios (de Stalin a los Jemeres Rojos, pasando por el fino y delicado dialéctico chino). Tras la utopía del hombre nuevo sólo queda una montaña de cráneos. Tras la fiesta de cumpleaños, un sórdido y tenebroso entierro.

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