Menú
Marcel Gascón Barberá

A favor de 'el juego'

Culpar a quienes nos ofrecen condiciones cómodas y civilizadas para apostar del autosabotaje en que algunas personas incurren con el abuso no solo es injusto con el empresario. También degrada a la pretendida víctima.

Culpar a quienes nos ofrecen condiciones cómodas y civilizadas para apostar del autosabotaje en que algunas personas incurren con el abuso no solo es injusto con el empresario. También degrada a la pretendida víctima.
El ministro de Consumo, Alberto Garzón | EFE

Desde que empezaron a triunfar las casas de apuestas, la industria de eso que ya conocemos como 'el juego' ha pasado a ser uno de los grandes enemigos públicos de quienes presumen de tener sensibilidad social y viven constantemente preocupados por la suerte del prójimo.

El tema está especialmente de actualidad estos días después de que nuestro ministro comunista de Consumo, Alberto Garzón, haya revelado las líneas maestras de su llamada 'ley del juego' (léase "contra el juego").

Obligado seguramente por la necesidad de no ahogar a un sector importante de la economía española, el ministro ha defraudado a los prohibicionistas con una regulación que restringe sin prohibirla la publicidad de las casas de apuestas y fastidiará a quienes viven directa o indirectamente del juego sin llegar a dejarlos a todos sin trabajo.

Valga como ejemplo de la decepción que ha provocado la Ley Garzón este tuit del presentador de televisión Quique Peinado:

El tuit de Peinado –que acierta al denunciar la hipocresía del Gobierno al no prohibir algo que considera tan tóxico– refleja bien los argumentos de los que consideran el negocio del juego una inmoralidad, y puede servir de punto de partida para analizarlos.

No creo que el modelo de negocio de las casas de apuestas esté basado en arruinar la vida de los hijos de Quique Peinado. Como el éxito de los McDonald’s no pasa por que yo me convierta en un obeso, ni el de los promotores de conciertos por que adolescentes impresionables se gasten lo que no tienen siguiendo a los grupos que la industria de la música ha creado a la medida de su gusto.

Los juegos de azar y las apuestas dan respuesta a una pulsión generalizada en el ser humano que no han inventado unos empresarios sin escrúpulos para ganar dinero ni condena a quienes la cultivan a la perdición y la quiebra.

Como ocurre con cualquier otra actividad, es responsabilidad de cada uno de nosotros el uso que hagamos de ellos. Además, quien se abandona a las apuestas para buscar sentido o viabilidad económica a su vida no tardará en encontrar, dentro o fuera de la ley, otra ocupación a la que entregarse con la misma ansia destructiva. Para el cuerpo, el bolsillo o la mente.

Culpar a quienes nos ofrecen condiciones cómodas y civilizadas para apostar del autosabotaje en que algunas personas incurren con el abuso no solo es injusto con el empresario. También degrada a la pretendida víctima a la condición de ser sin voluntad y raciocinio.

Coartar la libertad de todos –y frustrar una oportunidad de negocio– para proteger de sí mismos a unos pocos es un atropello que no aceptaríamos con otros bienes y servicios susceptibles de crear adicción como casi todo lo que provoca emoción o placer en el ser humano.

Temas

En España

    0
    comentarios