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Santiago Navajas

Superliga europea: la rebelión de Florentino Pérez

Sólo desde una mentalidad pobrista, como la califica Antonio Escohotado, se puede contemplar la creación de riqueza como algo negativo.

Sólo desde una mentalidad pobrista, como la califica Antonio Escohotado, se puede contemplar la creación de riqueza como algo negativo.
Florentino, presidente del Real Madrid y de la Superliga europea. | EFE

Ayn Rand, una filósofa liberal, escribió La rebelión de Atlas (recientemente traducida por Domingo García para Deusto) como una parábola capitalista sobre cómo realizar una revolución empresarial contra las instituciones burocráticas y las castas extractivas que parasitan el libre mercado. Atlas era un titán que sostenía sobre sus hombros el mundo entero. Así veía Rand a los empresarios favorables al libre mercado, unos revolucionarios que cambian el mundo para mejor basándose en la innovación, la creatividad, la asunción de riesgos y la satisfacción de las necesidades de los consumidores.  

El actual debate sobre la Superliga europea ejemplifica el conflicto que según Rand existe entre la dimensión liberal, organizada a partir de la razón, el individualismo y el capitalismo, y el orbe socialista, caracterizado por el misticismo, el altruismo y el colectivismo. La principal objeción que se le ha puesto al proyecto liderado por Florentino Pérez, el titán de nuestra historia, es que está basado en el dinero. El protagonista de la novela de Rand, John Galt, adopta como símbolo de su movimiento empresarial de protesta capitalista el dólar. Sólo desde una mentalidad pobrista, como la califica Antonio Escohotado, se puede contemplar la creación de riqueza como algo negativo.

Por supuesto que la Superliga generaría mucho más dinero. Y en el deporte profesional ese es el factor fundamental. ¿Quién paga las nóminas de los burócratas de la UEFA y la FIFA? ¿Por qué se debería continuar con un modelo ineficiente como el actual, cuando existen competiciones profesionales que le llevan años luz a la Champions, como la NBA y la NFL en Estados Unidos, o la Euroliga en el baloncesto europeo?

También se ha objetado contra la Superliga que no es “meritocrática”. Esa es una equivocación muy común, confundir el deporte amateur, donde prima el mérito, con el deporte profesional, en el que lo que importa es el valor añadido. Es como confundir el sistema educativo con el sistema empresarial.

La reacción europea contra la Superliga por parte del statu quo de gobiernos nacionales e instituciones como la UEFA muestra la dificultad de Europa para modernizarse, atrapada entre poderes establecidos, intereses espurios e inercias culturales (a todo ello lo llaman "valores"). 

Un buen ejemplo de la hipocresía reaccionaria en torno a la Superliga europea es Ander Herrera, un futbolista que, pudiendo jugar perfectamente en el "fútbol popular",  Zaragoza o Athletic, prefirió uno de los equipos más privilegiados y capitalistas, el PSG, a cambio de muchos millones de euros, pero que ahora carga contra la Superliga con el argumento lleno de la demagogia y el resentimiento que criticaba Ayn Rand: “Que los ricos roben lo que el pueblo creó”. ¿Quién cree Herrera que le paga, el “pueblo” o los petrodólares? En un par de años los negacionistas de la Superliga habrán olvidado que estuvieron en contra. También hubo quienes en su día estuvieron contra la escritura, los trenes, el libre mercado, la torre Eiffel, los rascacielos, el motor de explosión, los iPad y la Copa de Europa.

Además de los argumentos económicos, en los que Florentino Pérez es irrebatible, planteemos una coda cultural. La Superliga europea puede ayudar a vertebrar una Europa que está en crisis de identidad y en un proceso de decadencia. Pese a las apariencias, la Champions, en su actual formato, es un ejemplo de esa incapacidad de los europeos para afrontar riesgos, plantear innovaciones y dejar de alimentar a castas extractivas.

Explicaba Domingo García, el traductor de la novela de Rand, en este periódico que “las ideas de Atlas son más necesarias que nunca, pues son el antídoto a esa enorme inercia cultural que está llevando al mundo en una dirección cada vez más colectivista, más irracional”.

Háganme caso, las ideas de Florentino Pérez son más necesarias que nunca. Lo más destacable de la entrevista a Pérez en El Chiringuito es lo preocupado que está con la baja afición de los jóvenes al fútbol, en tiempos de videojuegos. Y la crisis económica de los grandes equipos. Es evidente que es el único hombre en Europa al que le cabe el fútbol en la cabeza. Un presidente subido a los hombros del gigante Santiago Bernabéu. A su alrededor pululan periodistas, políticos, entrenadores y jugadores que son liliputienses agitándose alrededor de Gulliver. Hay gente que únicamente piensa en el equipo de su pueblo. Pero el presidente del equipo más importante de la historia está pensando en los cuatro mil millones de espectadores de la Superliga en Europa, América, África, Asia, los dos Polos y los próximos colonizadores de Marte. ¿Quién es John Galt? preguntaba Ayn Rand. Nosotros lo sabemos: Galt es Florentino Pérez.

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