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Zoé Valdés

Jeanine Áñez no aplica para las neofeministas

Ninguna de estas neofeministas comunistas, lideradas por la ministra de IgualDá en España, han dicho ni hecho nada por esta expresidenta.

Ninguna de estas neofeministas comunistas, lideradas por la ministra de IgualDá en España, han dicho ni hecho nada por esta expresidenta.
Jeanine Añéz. | Archivo

Quise escribir sobre varias mujeres que están dando la pelea real por la libertad, por ejemplo, otra vez sobre las madres cubanas, pero decidí dedicar esta columna a la ex presidente boliviana Jeanine Áñez, condenada injustamente a diez años de prisión —se le pedían quince—, encarcelada en condiciones infrahumanas, porque creo que nadie como ella necesita que se haga conocer su caso y se reclame por su liberación.

Supe de Áñez por la prensa internacional, cuando tuvo el coraje de enfrentar la presidencia interina de su país y de poner orden y parar la avaricia de los machos, entre ellos el corrupto Evo Morales; me interesé en el valor que supo insuflarle a cada uno de sus actos, incluido el de oír a opositores cubanos que luego se han olvidado de quien los trató con gran humanidad. No todos los presidentes se ocupan de los opositores cubanos, es cosa rara.

La voz de su hija, Carolina Rivera Áñez, se alzó desde el primer día en que su madre fue detenida, como no podía ser de otra manera, protestó después en contra de un proceso que ella calificó como "circo judicial", un proceso destinado y con la finalidad de acabar con la acusada, y de escarmentar, de dar lecciones en contra de sus ideas, a favor de la ideología del terror y del narcotráfico.

Siento expresar, pero no me queda de otra, que ni Jeanine Áñez, mujer y mestiza, ni su hija, han recibido el apoyo de las neofeministas que tanto se llenan la boca para defender causas de cambios de sexos en niños y hasta de violaciones de sus maridos a menores. Ninguna de estas neofeministas comunistas, lideradas por la ministra de IgualDá en España, que viajaron recientemente en el avión presidencial a Estados Unidos, y que se hicieron los bochornosos selfies allí donde estuvieron, pagadas por el impuesto público, han dicho ni hecho nada por esta expresidenta.

La causa de Jeanine Áñez, para esta retahíla de aprovechadas y descaradas, no aplica en sus agendas de futuras puertas giratorias. Sin embargo, Jeanine Áñez necesita apoyo, como también lo necesitan los miles de presos políticos cubanos. La soledad a la que los arrincona la ultraizquierda y la izquierda internacionales da más que vergüenza, da asco.

En Cuba, en la provincia de Las Villas, asesinaron a tiros hace unos días a un menor, Zinadine Zidan Batista Álvarez fue baleado en el suelo, esposado, por un policía castrista en plena calle, al morir contaba 17 años. Su padre, Yosvany Batista, declaró los pormenores. Otra familia que la ultraizquierda se hundirá en la soledad y en el olvido. Otra madre sin su hijo, otra viuda con niña pequeña.

Resulta indecente, sumamente indecente, que el movimiento feminista, que tanto luchó por la libertad de las mujeres en el mundo, se vea obligado a callar frente a estos horrores, por el mero hecho de que estas neofeministas, que han trepado y se han hecho con el poder retozando en los colchones de sus líderes machistas-leninistas, sean las que manejen hoy las cuerdas y decidan de lo que se debe denunciar y de lo que se debe acallar.

Jeanine Áñez, al igual que las madres cubanas, merecen nuestro apoyo y nuestro reconocimiento. Ignorarlas será ignorar a esas madres, a esas mujeres, que las han tenido y mantienen como ejemplos; las que en España, digámoslo alto y claro, perdieron a sus seres queridos asesinados por ETA.

Por cierto, el gobierno socialcomunista terrorista de Sánchez podrá a partir de ahora empezar a fusilar y a ejecutar legalmente a quien disienta y cuando ETA lo decida, debido a esa Ley de Memoria que legaliza el terror y el horror.

No, no es lo mismo que en Venezuela, es exactamente lo mismo que en Cuba, sí, idéntico a lo que hizo el castrismo en enero de 1959, eliminar adversarios ad libitum, y con todas las simpatías a su favor de los gobiernos a nivel mundial. Lo que le espera a España, no es jamón —dicho cubano—, aunque literalmente fuera de broma.

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