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Julián Schvindlerman

La polémica olvidada del imán Jomeini: el 'affair' Rudi Carrell, Alemania, 1987

Dos años antes de la fatua contra Salman Rushdie, una parodia alemana enfadó al régimen iraní.

Dos años antes de la fatua contra Salman Rushdie, una parodia alemana enfadó al régimen iraní.
Rudi Carrell en la televisión alemana, dando paso al sketch que desataría la ira de Irán. | Youtube

Rudolf Wijbrand Kesselaar, conocido por su nombre artístico Rudi Carrell (1934–2006), fue una personalidad televisiva de origen holandés que triunfó en Alemania. Sus programas El show de Rudi Carrell (1965-1972) y Rudi's Tagesshow (1981-1987) fueron vistos por alrededor de dos tercios de los televidentes alemanes occidentales.

Solía burlarse de los políticos usando trucos de fotomontaje, y lo hizo por muchos años sin mayores problemas. Hasta que dedicó un brevísimo fragmento televisado al Líder Supremo de Irán. La parodia fue transmitida el domingo 15 de febrero de 1987 y vista por más de 20 millones de espectadores. El corto mostró imágenes reales de una manifestación masiva en Teherán que celebraba el octavo año del triunfo de la revolución islamista, combinadas con trucos visuales que hacían parecer que mujeres iraníes arrojaban su ropa interior a los pies del ayatolá Ruhollah Jomeini. Los catorce segundos del corto que se emitieron en la cadena nacional ARD podían ser interpretados como una crítica divertida al gobierno iraní, que cuatro años antes había impuesto el velo y la obligación de vestir modestamente a las mujeres iraníes.

Paul Cliteur narró los detalles del caso en su libro Teoterrorismo versus libertad de expresión: de incidente a precedente (2019).

Inmediatamente después de la transmisión del programa, Reinhard Schlagintweit, el funcionario responsable de los contactos con el Medio Oriente en la Cancillería alemana, recibió un llamado telefónico del embajador iraní en Bonn, Mohammad Djavad Salari. Éste protestó enérgicamente la "miserable ofensa" que significó la emisión del corto, el cual, en su impresión, había insultado al Líder Supremo de Irán y a los musulmanes "de todo el mundo".

Prontamente, las represalias se manifestaron. Los consulados iraníes en Berlín Occidental, Bremen y Hamburgo fueron cerrados. Un vuelo de Frankfurt a Teherán de Iran Air Flight se retrasó durante seis horas y media porque el personal de Iran Air organizó una huelga para protestar contra el programa de TV. El régimen ayatolá ordenó a dos diplomáticos de Alemania Occidental que abandonaran el país. Estudiantes iraníes realizaron una protesta ante la embajada de Alemania Occidental en Teherán, coreando consignas contra Alemania Occidental y Estados Unidos. El Instituto Cultural Goethe en Teherán fue cerrado. Y como era de esperar, Rudi Carrell fue amenazado y tuvo que recibir protección policial.

Cuatro días después de la emisión del corto, Carrell llamó personalmente al embajador de Irán para disculparse: "Si mi chiste sobre el ayatolá Jomeini ha causado ira en Irán, lo lamento mucho y deseo que el pueblo iraní me perdone". También hizo pública su mea culpa en su programa Tagesschau. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Alemania lamentó que Carrell se hubiera burlado de Jomeini pero recalcó que el gobierno garantizaba la libertad de expresión. El día previo a la disculpa de Carrell, el portavoz del gobierno, Friedrich Wilhelm Ost, dijo en una reunión con la prensa: "Esperamos que podamos suavizar un poco las cosas explicando que Alemania Occidental tiene televisión, prensa y radio gratuitas sobre las cuales el estado no tiene control". La estación de televisión alemana también ofreció sus disculpas. El director de Westdeutscher Rundfunk, productora del programa, lamentó que "un intento político-satírico se haya puesto en un contexto religioso. (…). Nadie quería ofender los sentimientos de los creyentes". Cliteur advierte cuan rápidamente el foco de interés cambió del Ayatolá a los "creyentes" en general.

Estos lamentos no convencieron al embajador iraní en Bonn. El 20 de febrero, Mohammed Djavad Salari exigió una disculpa formal de Alemania Occidental por el programa de televisión en cuestión. Friedrich Ost le respondió que el gobierno alemán ya había expresado su pesar por la parodia y recordó que el propio Carrell también se había disculpado. Pero Salary siguió quejándose en una conferencia de prensa: "Nuestro pueblo y nuestro gobierno esperan que el gobierno de Alemania Occidental tome medidas más concretas. Una disculpa facilitaría las cosas". Admirablemente, ni el Canciller Helmut Kohl ni el ministro de Asuntos Exteriores Hans Dietrich Genscher lo hicieron. Bonn instruyó a sus funcionarios a que explicaran que en la democracia alemana el gobierno no controlaba a los medios.

El caso concitó atención global. The New York Times tituló: "Irán se atraganta con una broma alemana". The Boston Globe criticó con dureza al gobierno en Teherán: "El pueblo iraní ha sufrido horrores indescriptibles a manos de Jomeini y sus secuaces. (…). Ellos son los que deben una disculpa a los musulmanes en Irán y en todo el mundo". Pero dado que Carrell era de origen holandés, el episodio repercutió especialmente en Holanda.

La corporación de radiodifusión socialista Vara decidió emitir el corto de la discordia. El 23 de febrero, ocho días después de la transmisión en Alemania, la televisión holandesa se aprestaba a difundirlo cuando "sucedió algo insólito" según relata Cliteur: el ministro holandés de Asuntos Exteriores, Hans van den Broek, llamó personalmente a la Corporación de Radiodifusión Holandesa unos segundos antes del inicio del programa para convencer al presentador, Paul Witteman, de que cancelara la publicación del sketch. El periodista invitó al ministro a llamar nuevamente y exponer en vivo su pedido de autocensura. Van den Borek asintió y ambos debatieron al aire. En cierto momento Witteman preguntó: "¿No cree que es un poco extraño para nosotros en los Países Bajos tener tal consideración por el sentido del humor en Irán?". Aun así, aceptó no emitir el fragmento.

Dos años más tarde, Jomeini va a hacer público su edicto homicida contra el escritor indio-musulmán Salman Rushdie por su novela Los versos satánicos, la cual el Líder Supremo de Irán jamás leyó. Con el tiempo se sucederán otras controversias (o peores situaciones) por ofensas, reales o percibidas, en torno a la religión del islam: el asesinato del cineasta holandés Theo van Gogh por su film crítico Sumisión (2004) y la decapitación del docente francés Samuel Paty por mostrar imágenes del profeta Mahoma en clase (2020), la publicación de caricaturas burlescas de Mahoma en el diario danés Jyllands Posten (2005) y la revista francesa Charlie Hebdo (2015), el discurso del Papa Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona (2006) y la censura impuesta en varias naciones musulmanas a la película inglesa Lady of Heaven (2021), por recordar algunos casos emblemáticos.

"Lo que en 1987 parecía un ‘incidente’", anotó Paul Cliteur, "poco a poco se convirtió en un patrón". Aunque largamente olvidada, esta parodia alemana de catorce segundos de duración sobre el imán Jomeini posiblemente haya marcado uno de los primeros antecedentes modernos de los malentendidos culturales —por decirlo con elegancia— que todavía atormentan las relaciones entre Oriente y Occidente.

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