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Enrique Navarro

¡Victoria! Los días de Putin en el Kremlin están contados

Resulta imposible pensar que Rusia conseguirá, después de perder 50.000 hombres y cientos de vehículos blindados, revertir la ofensiva ucraniana.

Resulta imposible pensar que Rusia conseguirá, después de perder 50.000 hombres y cientos de vehículos blindados, revertir la ofensiva ucraniana.
Zelenski visita Izium, ciudad recién liberada de los rusos en la región de Jarkov. | Europa Press

Durante seis meses, Rusia preparó su asalto a Ucrania con una movilización sin precedentes. La mitad de su ejército fue desplegado alrededor de las fronteras, incluyendo tropas estacionadas en Bielorrusia y se dispusieron todos los elementos de combate para una invasión a gran escala. Hoy sabemos que su objetivo nunca fue militar, sino un puro ejercicio de bullying que culminaría en dos semanas con la caída de Zelenski y la rendición inmediata ante el enemigo supuestamente superior racialmente.

Rusia sabía que debía actuar muy rápido para evitar la movilización militar de Occidente y presentarse ante la comunidad internacional con una política de hechos consumados. Putin quizás subestimó el nivel de la ayuda, pero que Estados Unidos no iba a dejar a Ucrania en la estacada era un hecho incontestable. En este objetivo primario, Moscú fracasó rotundamente.

La clave de la victoria ucraniana se solidificó en las primeras semanas de combates, cuando el país resistió la embestida sin apenas armamento, con gran coraje y con el liderazgo de su presidente. Cuando Rusia cesó el asedio a Kiev estando a punto de cerrar la pinza sobre la capital, todos percibimos que el signo de la guerra podía cambiar, que los objetivos iniciales de eliminar Ucrania del mapa serían minimizados.

Las enormes pérdidas rusas en estos primeros momentos nos dan una idea del desastre que pueden haber sufrido en el último mes con la llegada de armamento mucho más moderno y efectivo, especialmente elegido para las necesidades de esta guerra.

Rusia abandonó el norte en el mes de abril y retrocede en los dos frentes restantes; de forma tumultuosa en el este donde no hay obstáculos naturales relevantes, a diferencia de la desembocadura del Dniéper, y se adentrará en el invierno en retirada, tal como sufrieron Napoleón y Hitler. Enfrente tiene ahora a un enemigo superior sobre el terreno, mejor preparado, con una superioridad tecnológica y sobre todo con la moral que supone defender su madre patria. Hoy resulta imposible pensar que Rusia conseguirá, después de perder cincuenta mil hombres y cientos de vehículos blindados, revertir la ofensiva ucraniana, necesitaría años para reorganizar todo y no tiene ese tiempo.

¿Por qué hemos llegado a esta situación? En mi opinión hay tres razones que explican la derrota rusa.

En primer lugar, las fuerzas armadas rusas con un presupuesto escaso para su dimensión y dispersión, apenas ha mostrado capacidad de fuego. Sus inversiones en mantenimiento son casi nulas, y los nuevos sistemas de armas presentados en los últimos años parecen estar muy lejanos de las especificaciones que anuncian ampulosamente. Lo que hemos visto en Ucrania es el ejército de la URSS, ahogado por una deficiente organización, comandado por oficiales corruptos y con unos soldados mal entrenados y peor pagados y sometidos a unas condiciones de vida extremas y encima con un material obsoleto. Los aduladores generales de Putin estaban más preocupados de contentar al jefe que en prestar atención a la realidad de los hechos que ocurrían cada día sobre el terreno.

Que Rusia deba recurrir a Corea del Norte o Irán para adquirir armamento y munición, demuestra la enorme debilidad del aparato productivo ruso. Estas decisiones son ridículas y dejan a Moscú en una enorme posición de debilidad ante los ojos de todo el mundo y en particular de sus enemigos más cercanos. Hoy percibimos a Rusia como un país en crisis política, dominada por una oligarquía que vive muy lejos de la realidad, con unas fuerzas armadas derrotadas militar y moralmente y con una economía que depende de unos recursos naturales que están sometidos a un embargo creciente. Los días de Putin en el Kremlin están contados, los poderosos no se van a sacrificar para salvar a su generoso líder, cuando este ha perdido la capacidad de engrosar sus bolsillos.

En segundo lugar, la historia confirma esta realidad. Todas las guerras iniciadas por Rusia han acabado muy mal para Moscú y todas han sido con enemigos teóricamente inferiores, como Finlandia, Afganistán o Japón; las razones de aquellas derrotas son exactamente las mismas que estamos viendo en Ucrania.

Finalmente, lo esencial es comprender qué es Rusia, para entender su derrota. El PIB per cápita ruso es de 10.000 dólares, frente a los 25.000 de España. Si excluimos a los cien oligarcas que poseen el 25% de la riqueza del país, la renta per cápita media en Rusia es de 5.600 dólares, es decir como Ecuador. La mitad de la población vive en la pobreza y su situación se ha deteriorado con las sanciones. Su gasto en salud per cápita es de 300 dólares frente a los 2.000 de España y su índice de mortalidad casi nos duplica mientras que su esperanza de vida de los hombres es de 67 años como en Ruanda y 13 años menos que en España. Para terminar esta pequeña muestra, el número de homicidios es 50 veces mayor que España con una población que apenas nos triplica. En definitiva un país pobre, con un PIB similar al de Italia, con enormes recursos naturales y que vive casi en la miseria. Las razones son las mismas que vemos en Cuba, Venezuela o China: el autoritarismo, el control de la economía por el estado, la ausencia de libertad y la opresión desde el poder, el desprecio por la innovación y por el emprendimiento individual.

El individuo occidental, fuertemente anclado en sus convicciones individuales, en las libertades y en la búsqueda de la prosperidad personal es un enemigo imbatible. No olvidemos que todo esto nace por el deseo mayoritario de la población ucraniana de ser libres, de quitarse el yugo de Moscú y de unirse a la mayor comunidad de libertad y prosperidad del mundo: Europa. Por muy débiles que podamos parecer a veces, Rusia y sus adláteres se encuentran a años luz y por eso serán derrotados, incapaces de sostener una acción organizada en el tiempo; sin la habilidad para tomar decisiones eficientes y coaccionada por los intereses personales de sus dirigentes.

No sabemos cuánto más daño causará Rusia, herida en su amor propio; tampoco sabemos cuánto durará el conflicto ni en qué momento táctico se acabarán los combates, pero ahora podemos decir que desde el punto de vista militar, Ucrania saldrá victoriosa. Rusia, derrotada, se sumergirá en sus fantasmas del pasado y necesitará superar todo lo que ha ocurrido en su historia para poder mirar adelante e integrarse en la comunidad de naciones. Por mucho que se quiera auto-justificar ante sus palmeros, la derrota en Ucrania será el fin de Putin y de su régimen de terror, y solo entonces nos podremos sentir mucho más seguros. También será el final de todos los que piensan como él y que creen que el estado debe controlar a la sociedad y que defienden la agresión y la violencia para cercenar los derechos de los que piensan diferente para imponer su dictadura del terror, ya sea en Caracas, la Habana o Granada.

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