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Miguel del Pino

Las cestas de Yolanda y Garzón: insostenibles e impresentables

A los pobres ya les quitaron el coche, que les dejen al menos el jamón.

A los pobres ya les quitaron el coche, que les dejen al menos el jamón.
MADRID, 12/09/2022.- La ministra de Trabajo y vicepresidenta segunda del Gobierno, Yolanda Díaz (d) y el Ministro de Consumo, Alberto Garzón (i) durante la rueda de prensa tras su encuentro con responsables empresas distribución en Madrid este lunes. EFE/Sergio Pérez | EFE

Las cestas baratas propuestas por el popular socialismo y sus establecimientos simpatizantes basan su supuesta sostenibilidad y su bajo precio en la disminución de las proteínas de alto valor biológico y productos frescos: así cualquiera.

Justifiquemos en primer lugar la alusión al automovilismo: quienes basaban su capacidad de desplazamiento por la ciudad en un coche clásico conseguido a precio moderado por ser de segunda mano o no tener matrícula reciente, se vieron sorprendidos por las legislaciones municipales que señalaban complejas "almendras centrales" por las que solo pueden circular los coches híbridos, eléctricos, supersofisticados y ultramodernos, es decir, coches para ricos, o mejor, para muy ricos.

Los pobres no pueden utilizar plenamente sus coches por cuidados y controlados que estén. ¿Razón? Sacrificios a la falsa deidad climática. En la liturgia de la nueva religión todo es admitido para supuestamente disminuir las emisiones.

De la circulación pasemos a la mesa; el último descubrimiento de la progresía no solo avalado sino propuesto por las máximas autoridades ministeriales, léase Garzón y Yolanda, son las "cestas económicas": "Cincuenta productos a cincuenta euros", un demagógico contenedor de alimentos cuyo análisis detallado no resiste la crítica, ni nutricional ni económica, un conglomerado de ocurrencias capaz de devolver el físico actual de los españolitos a la estética del "landismo" si llegara a imponerse; de los españolitos pobres, naturalmente.

Cuando en Hispanoamérica quieren describir la pobreza por la que atraviesa una familia suelen exclamar "¡solo comen porotos!". Pues bien, los "porotos" se elevan a componente fundamental en las cestas de la compra diseñadas para los menos favorecidos.

Llamamos porotos a las semillas de leguminosas que siempre han formado parte de nuestra dieta, especialmente de la dieta mediterránea, con honores especiales para garbanzos y lentejas. Nadie niega que se trate de alimentos excelentes y que abaratan notablemente la cesta de la compra, pero es necesario, saludable y gratificante complementarlos con otros ricos en proteínas de alto valor biológico, fundamentalmente procedentes de productos frescos, frescos y caros, precisamente los que echamos en falta en las cestas "oficiales".

Merece la pena que nos detengamos brevemente en el tema de los alimentos proteicos. Las proteínas son los principales alimentos plásticos, aquellos que incrementan la masa orgánica y que son especialmente necesarios en la infancia y la senectud, para sostener el crecimiento y retrasar la degeneración: respectivamente se encuentran en el pescado, la carne, la leche y los huevos.

Afortunadamente para la humanidad existen dos familias de vegetales cuyas semillas son ricas en proteínas: son los cereales y las leguminosas y en ellas se ha sostenido buena parte de la población, especialmente la que integra los países menos desarrollados económicamente. El arroz, el trigo, el maíz, el garbanzo, la lenteja, la judía y la soja son otras tantas benefactoras de nuestra especie.

Pero antes de continuar recordemos que las proteínas están formadas por veinte compuestos elementales llamados "aminoácidos proteicos". Necesitamos los veinte, ni uno menos, para formar nuestras propias proteínas en función del dictamen de nuestros genes.

A partir de los aminoácidos contenidos en las proteínas de la ingesta de alimentos, el organismo humano puede formar casi todos los que necesita, pero atención a ese "casi". De los veinte aminoácidos proteicos hay algunos que no podemos elaborar en nuestro organismo con los restos de los ingeridos en exceso. Esos aminoácidos se llaman "aminoácidos esenciales" y, de manera inexcusable, hay que tomarlos con los alimentos. Son la valina, la isoleucina, la treonina, el triptófano, la leucina, la arginina y la metionina.

Los alimentos que contienen todos los aminoácidos necesarios, incluyendo los esenciales, se dice que contienen "proteínas de alto valor biológico": son de alto valor biológico las de los alimentos de origen animal, lo que constituye una seria objeción a la práctica del "veganismo", otra recomendación supuestamente progresista y cuestionable sobre todo en la infancia y la senectud humana.

Según lo anterior, ¿es imposible vivir solamente con alimentos vegetales? O dicho de otra forma, ¿es insostenible el veganismo? Se puede, pero no estamos hablando de repollo, lechuga y tomate. Para ser vegano son imprescindibles los cereales y las legumbres, complementados con una variedad de alimentos de origen vegetal extraordinariamente variado y no siempre sencillo de obtener en el mercado.

Es momento de recordar la sabiduría popular de nuestros mayores, que sabían combinar legumbres y cereales de manera que sumaran sus componentes proteicos convirtiéndolos en alimento casi completos ¿Recuerdan los "empedrados" de judías o garbanzos con arroz?

Los "porotos", legumbres y cereales, no faltan en las "cestas del mercado progresista", pero, dejando a un lado las latas de atún, y mientras los japoneses nos dejen consumirlo, faltan productos proteicos animales (que son los caros) y vegetales y frutas frescos; en definitiva, una engañifa para los menos pudientes que, una vez más, pagan la factura de la supuesta sostenibilidad. Como en el caso de las restricciones al automóvil, también en aras del "cambio climático", ahora asomado peligrosamente a nuestra dieta. Todo por la monstruosa y falsa deidad del clima.

Desde luego se puede sobrevivir sin alimentos ricos en proteínas de alto valor biológico, pero ¿ha mirado el ministro Garzón con ojos de médico a nuestros jóvenes actuales? Son más sanos, más fuertes, veinte centímetros más altos que sus predecesores y en su gran mayoría más guapos, tanto los atléticos muchachotes como las deportivas muchachas. ¿Cómo se ha producido en tan poco tiempo este milagro? Gracias fundamentalmente al esfuerzo de sus padres para proporcionarles en la infancia una alimentación de alto valor proteínico.

Si la "cesta progresista" se impusiera seguramente sobreviviríamos, pero estética y funcionalmente volveríamos a los españolitos del "landismo", más bajitos y menos capacitados para conseguir medallas olímpicas; pero si por lo menos conservaran la boina (aunque fuera a rosca), y los pantalones intactos (aunque de pana), en lugar de adoptar la gorra de beisbol con la visera en la nuca por mucho que deslumbre el sol, y ávidos a destrozar voluntariamente sus pantalones, algo habríamos ganado con los cambios.

Por cierto, los menos favorecidos deberían reivindicar su derecho a circular por el interior de la ciudad con sus coches si están bien revisados y con sus emisiones controladas, que para eso pagan impuestos como los ricos. No se preocupen, que el "dios del clima" no es más que un ídolo, tan falso como ruinoso.

Miguel del Pino, catedrático de Ciencias Naturales

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