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Agapito Maestre

Movilización nihilista

Basta que alguien susurre la palabra libertad para meterlo en prisión. Putin solo quiere esclavos. Eso es Rusia. Fiel a su tradición comunista.

Basta que alguien susurre la palabra libertad para meterlo en prisión. Putin solo quiere esclavos. Eso es Rusia. Fiel a su tradición comunista.
Mensaje televisado de Putin en el que anuncia la movilización de reservistas. (Rusia, Moscú) EFE/EPA/MAXIM SHIPENKOV | EFE

Se presentan en sus hogares sin avisar. Los vejan y los insultan. Los reclutan a culatazos. Los meten en autobuses y los dejan tirados en lugares cercanos a la frontera de Ucrania. Allí pasan los días y no saben qué será de ellos. La movilización total de Putin no pasa de ser una jugada de farol que sufren en sus carnes millones de rusos. Pero algo han avanzado los rusos de la calle: han pasado de una operación militar especial a la guerra. Putin empieza a llamar a las cosas por su nombre: Rusia está en guerra con Ucrania. Pero no sacará de la cárcel a quienes fueron encerrados por decir que la invasión Rusia de Ucrania era una guerra. Se pudrirán quince años en la cárcel por decirle a Putin que no llamara "operación militar especial" a lo que era una guerra de invasión.

Putin no tiene otro objetivo que seguir llenando las cárceles de rusos. Basta que alguien susurre la palabra libertad para meterlo en prisión. Putin solo quiere esclavos. Mantenerse en el poder bajo la sangre de los que esclaviza es su principal cometido. Eso es Rusia. Es fiel a su tradición comunista. No hay más. No pierdan el tiempo con pobres especulaciones sobre el pasado y futuro de un país de esclavos. Déjense de zarandajas sobre las vueltas del viejo imperialismo soviético y juegos de estrategias en la geopolítica mundial. Todo eso es basura ideológica. Lo único cierto es que el sátrapa Putin ha recibido una paliza en Ucrania. Y, después de siete meses de guerra, la camarilla del Kremlin ha llamado a la movilización total para arrasar Ucrania. Majaderos. No arrasarán nada. Y corren el serio riesgo de perder los territorios del Este de Ucrania, que se entregaron en los primeros momentos de la invasión al ejército fantoche de Putin.

Rusia ha demostrado con creces en Ucrania que es solo un país, por decirlo suavemente, gamberro. Ya lo predijo un general retirado del ejército ruso, y aquí lo transcribí en español antes de la invasión, "Rusia hará el ridículo y será despreciada por el mundo entero, si le declara la guerra a los hermanos ucranianos". Y así ha sido. Y la cosa irá a peor. El nihilismo invadirá definitivamente a ese pueblo. ¡Pobres rusos! A Putin le quedan pocas piezas por movilizar. Compró, sí, y sigue comprando políticos, intelectuales y todo tipo de gentuza en Europa para obtener un poco de legitimación, pero eso ya no funciona. Todo tiene un límite, sobre todo cuando la pobreza, la exclusión social y la precarización de la población amenaza a las sociedades occidentales. Sí, ya los "schröderes" y "macrones", y gente de ese tipo, se esconden. No quieren ser identificados ni relacionados con las mafias rusas. Putin empieza a quedarse más solo que la una. Ni Turquía apoya al famoso mamarracho de Peter (San Petersburgo).

Tampoco China da un yuan de más por Putin. Xi Jinping está exprimiendo al máximo la vieja maquinaria exsoviética. Rusia es, desde hace décadas, dependiente de China, pero después de la guerra de Ucrania sólo será una territorio fronterizo, una especie de defensa, que los chinos utilizarán a su antojo contra el mundo libre. Eso es todo. Hoy Rusia, la Gran Rusia, es sólo un juguete roto en manos del comunismo chino. La movilización total para arrasar Ucrania es, pues, un ridículo farol para justificar su criminal invasión del 15% del territorio de Ucrania. Nihilismo sobre nihilismo

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