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Javier Arias Borque

Cerco a Limán, ¿se aproxima un nuevo desastre ruso en el este de Ucrania?

Los ucranianos están a muy poco de rodear la ciudad. Se desconoce si los rusos han desalojado a sus tropas o si varios millares podrían caer prisioneros.

Los ucranianos están a muy poco de rodear la ciudad. Se desconoce si los rusos han desalojado a sus tropas o si varios millares podrían caer prisioneros.
Éxodo masivo de rusos tras la movilización militar anunciada por Putin

Septiembre ha traído consigo un golpe de timón en la guerra de Ucrania. La contraofensiva de Kiev de principios de mes en el frente de Jarkov y el colapso de las posiciones rusas en la zona ha dejado a los efectivos ucranianos a las puertas del Donbás (Donetsk y Lugansk) por una nueva vía de acceso desde el norte. De manera paralela, los soldados ucranianos avanzan lentamente en el frente de Jersón, situándose cada vez más cerca de la capital de la región y del río Dniéper.

Los efectos de este desastre son dos. Por un lado, ha cambiado la iniciativa de los combates, que hasta hace unas semanas seguía en manos de las tropas rusas, aunque llevasen meses atascados. Por el otro, ha obligado a Moscú a decretar una movilización parcial ante la evidencia de que la guerra no va bien, utilizando como pretexto que ya no solo combaten contra Ucrania sino con toda la OTAN y organizando la farsa de los referendos de anexión en los territorios ocupados.

Ucrania se vio obligada a frenar la contraofensiva no porque se encontrase con una feroz resistencia rusa que no pudiera gestionar, sino por cuestiones técnicas. Después de recuperar casi 8.000 km cuadrados debía parar para asentar la seguridad del terreno recuperado, enviar a los soldados de primera línea a la retaguardia o a sus casas de permiso para airearlos, llevar a primera línea tropas de refresco y revisar los blindados y el material pesado usado para evitar fallos en momentos clave.

Pero la calma ha durado poco en el este de Ucrania. Los ucranianos han reiniciado desde hace unos días las hostilidades con la intención de seguir avanzando y recuperando terreno antes de que se produzcan dos acontecimientos que van a marcar el futuro de la guerra a corto-medio plazo. Se trata de la llegada de las primeras nevadas en la zona, que dificultará los combates, y del despliegue de los 300.000 nuevos efectivos movilizados por el Kremlin.

Éste último punto podría ser decisivo. Rusia va a meter más efectivos en la picadora de carne bélica y, pese a que hay serias dudas de su capacidad de adiestrar, equipar y armar a estos reclutas, no es menos cierto que sus arsenales de armas son inmensos y que el armamento ligero ruso sigue funcionando casi a la perfección por muy oxidado que se vea en las grabaciones que trascienden de algunos de los centro de reclutamiento.

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Mapa sobre la evolución del frente Este en Ucrania del Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW)

También es preciso tomar en consideración que esos 300.000 efectivos le da sobradamente a los estrategas del Kremlin para cubrir las bajas que han tenido sus tropas en combate en estos ocho meses de guerra y para, prácticamente, doblar el número de efectivos sobre el terreno respecto a los que iniciaron la invasión el pasado febrero.

Las tropas de Kiev están recuperando pueblos en el norte del oblast de Donetsk y han conseguido crear un caldero de presión en torno a la localidad de Limán, una ciudad que cayó en manos rusas a finales de mayo y que hacía pronosticar que los efectivos militares de Moscú se encontraban a las puertas de la victoria final en Donetsk, al estar ya a las puertas Sloviansk y Kramatorsk, la que ha sido durante estos últimos años la capital administrativa interina de este territorio.

La ofensiva está tan sólo a una quincena de kilómetros de conseguir rodear y cerrar Limán, lo que no se sabe es que se encontrarán los ucranianos en ese caso. Puede que embolsen a los cerca de 15.000 rusos que se cree que hay en la ciudad, lo que podría traer consigo una rendición masiva con imágenes que vuelvan a helar la sangre en el Kremlin. O puede que si consiguen entrar no encuentren a nadie, porque Rusia ha conseguido replegar a sus efectivos.

Lo que sí está claro es que si los ucranianos consiguen tomar esta ciudad van a dar un nuevo e importante golpe sobre el tablero, pues se abrirá ante ellos la posibilidad de volver a poner pie en el terreno en Lugansk, una región de la que perdieron por completo el control en el mes de mayo —es la única región ucraniana que los rusos controlan por completo—, y amenazar la ocupación de Severodonetsk, que se encuentra a unos 60 kilómetros, la segunda ciudad en importancia de la región.

Pese al excesivo triunfalismo que a veces recogen los medios occidentales, hay que recordar que Ucrania tiene una extensión de 600.000 kilómetros cuadrados —sin contar la extensión de Crimea, anexionada unilateralmente por Rusia en 2014— y que las fuerzas de ocupaciones rusas todavía siguen controlando más de 110.000 kilómetros cuadrados, por más que la contraofensiva de principios de septiembre fuese un auténtico éxito.

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