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Miguel del Pino

Salvar el planeta. Esta vez en serio

"Somos prácticamente insignificantes para el devenir del planeta y la humanidad es solo un accidente instantáneo en su larga y compleja historia".

"Somos prácticamente insignificantes para el devenir del planeta y la humanidad es solo un accidente instantáneo en su larga y compleja historia".
EFE

Ha comenzado una nueva era científica. Lo de "salvar el planeta" se ha convertido en un lugar común. Para "salvar a nuestro planeta" de los más terroríficos peligros que según el ecologismo acientífico le amenazan, los "salvadores" seguidores de Greta proponen mil y una soluciones: prohibir el plástico, comer "hamburguesas de césped", declarar la emergencia climática, y un inacabable etcétera de propuestas.

Recientemente, en conferencia pronunciada en el Ateneo de Madrid, el catedrático emérito de zoología de la Universidad de Salamanca, Dr. José Antonio de la Fuente, criticaba todas estas muestras de fusión entre la inocencia y la ignorancia de tanto aficionado a la Ciencia: "Somos prácticamente insignificantes para el devenir del planeta y la humanidad es solo un accidente instantáneo en su larga y compleja historia".

Pero esta vez va en serio. La Nasa acaba de conseguir impactar una sonda en un asteroide, inofensivo para el planeta, pero convertido en objetivo experimental para poder en un futuro imprevisible evitar el choque de uno de estos cuerpos contra la Tierra.

La pasada semana la sonda Dart, de la Nasa, ha impactado contra el asteroide Dimorphos, un cuerpo cuya órbita resulta inofensiva a la hora de poder provocar un choque con nuestro planeta; pero el experimento es un primer paso para poder evitar en el futuro el impacto de otros similares susceptibles de significar un peligro.

Los registros geológicos demuestran de manera muy clara el pasado catastrófico que han tenido a lo largo de las eras los impactos de los asteroides cuyas órbitas se han cruzado con la nuestra. Conviene aclarar que no hay ninguna evidencia de que la Tierra esté actualmente en peligro similar, pero en caso de que esta circunstancia se produjera la humanidad debería estar preparada para defenderse.

Desde luego esta posibilidad no debería obviarse ni instalarse en el terreno de la ciencia ficción. La astronomía actual reconoce 2.287 asteroides potencialmente peligrosos y al menos 153 de ellos tienen un diámetro suficiente para producir una catástrofe a escala global capaz de acabar con la vida o de modificarla de manera imprevisible.

En caso de que se detectara con tiempo suficiente para defendernos la aproximación de un asteroide peligroso, la Ciencia actual solo puede imaginar un procedimiento salvador: provocar un impacto a distancia suficientemente grande y desviar a otra órbita la trayectoria amenazante.

En este sentido el recientísimo choque contra el inofensivo Dimorphos supone el primer intento en tal sistema de salvación a nivel global.

Dimorphos es un pequeño asteroide satélite que gira en torno al asteroide Didymos; hacia este sistema se dirigió la sonda Dart (Dardo), una nave del tamaño de un frigorífico que antes de chocar nos envió algunas fotos de gran interés. El asteroide es rocoso y casi esférico, de forma menos irregular de lo que se había previsto.

Y el choque se produjo: un primer gran éxito en lo que puede ser la futura lucha contra asteroides potencialmente peligrosos. Parece ser, aunque falta tiempo y nuevas observaciones para confirmarlo, que el asteroide se ha movido; si ha desviado su órbita, se confirmaría esta nueva potencia defensiva de la humanidad.

Catástrofes en el pasado

Las catástrofes sufridas en el pasado por nuestro planeta por choque con asteroides ya no son historias de ciencia ficción: los cráteres de impacto que aún no ha borrado la erosión son evidentes, y además se considera probado el gran impacto registrado en el Golfo de México hace 65 millones de años que acabó con la era mesozoica y con los dinosaurios, su grupo zoológico emblemático, abriendo así la era de los mamíferos y por supuesto la de la humanidad.

No puede registrase de manera tan evidente si también fueron impactos de asteroides, o de cometas, las circunstancias catastróficas que implicaron los cambios geológicos y biológicos que caracterizan otros saltos de era; tampoco podemos desecharlo.

En un futuro próximo será la Agencia Europea del Espacio quien envíe una sonda ahora en construcción, que se llamará Hera y volará al espacio para comprobar el resultado del impacto logrado por "Dardo".

Algunas reflexiones

Resulta desgarrador el contraste entre la capacidad tecnológica e intelectual que la humanidad está demostrando en la conquista del espacio y la falta de inhibición en nuestra agresividad intraespecífica que todavía no ha sido capaz de acabar con los fantasmas de la guerra y el cainismo. Las imágenes de cualquier telediario actual nos lo recuerdan cada día de manera estremecedora.

Acabamos de ser capaces de impactar contra un asteroide situado a once millones de kilómetros de distancia de la Tierra y eso, como ha comentado Lori Glaze, directora de la división de Ciencia Planetaria de la Nasa, supone una nueva etapa de la evolución científica en la que tendremos la oportunidad de defendernos contra el impacto de un asteroide peligroso "algo que nunca antes habíamos tenido".

De manera que pasan a ponerse en cabeza de los riesgos planetarios algunos problemas no espaciales, sino internos, como esas "fieras guerras emprendidas por ciegos reyes, léase Putines, por un palmo más de tierra", recordando aquella "Canción del Pirata" de Espronceda que aprendíamos, entonces claro está, en el colegio. Tampoco descartemos como importantes riesgos para la humanidad las interpretaciones sectarias y erróneas sobre los derechos de niños y niñas, tan imperdonables para quienes las proclaman como para quienes las justifican, sea por equivocados o por necios.

Miguel del Pino, catedrático de Ciencias Naturales.

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