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Jesús Fernández Úbeda

Eterno retorno: Sánchez chapotea en la impotencia de Gamarra

Tiene uno la sensación de repetirse más que una canción de Jarabe de Palo, pero es que el quiero y no puedo de la portavoz del PP es el rayo que no cesa.

Tiene uno la sensación de repetirse más que una canción de Jarabe de Palo, pero es que el quiero y no puedo de la portavoz del PP es el rayo que no cesa.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, asiste a la sesión de control al Gobierno, este miércoles, en el Congreso de los Diputados. | EFE

Jesús de Nazaret resucitó a Lázaro de Betania y Cuca Gamarra insufló este miércoles, nuevamente, oxígeno parlamentario a un Gobierno que apestaba a cadaverina hace no demasiadas semanas y que, al menos, en el Congreso –insisto: un ecosistema específico, paralelo a la realidad y, hasta cierto punto, ficticio–, luce pompa y lozanía, sobre todo, desde que Feijóo comenzó a negociar con Sánchez la renovación del CGPJ. Tiene uno la sensación de repetirse más que una canción de Jarabe de Palo, pero es que el quiero y no puedo de la portavoz del PP es el rayo que no cesa. Gamarra, antónimo de musa, exuda una impotencia contagiosa, y el killer de la Moncloa, calada como la tiene, se gusta, semana tras semana, quebrándole las rodillas –desde el punto de vista dialéctico, quiere decirse–.

Y se gusta sobrado, sin aspavientos, divirtiéndose, sabiéndose vencedor de antemano. Como una maestra de instituto sin autoridad, Gamarra denunció que "el humo de su propaganda no paga los tickets ni las facturas" y que el Ejecutivo sólo "se dedica a generar oportunidades para sí mismo" pactando con los nacionalistas: "En el PP nos movemos por el interés general". Ya, claro. Sánchez se levantó, se tomó un par de segundos para abrocharse un botón de la chaqueta, le recordó que "España estuvo a punto de romperse" con Rajoy y le reprochó que los populares se hayan saltado "el compromiso de cumplir la Constitución" con el tema ese del que, según la ministra Llop, se habla tanto en el metro. Más tenso se mostró cuando Aitor Esteban le exigió que se "ponga las pilas con los fondos europeos" y cuando la portavoz de Bildu le pidió que mueva el cucú con la Ley Mordaza, la de Vivienda o la Trans: con los socios no se juega.

Mejor que su compañera de partido estuvieron Carlos Rojas, que preguntó a Calviño "dónde están los fondos europeos" y criticó las cesiones a los separatistas –"¿Querían un indulto? Se lo dieron. ¿Querían la reforma del delito de sedición? Se la darán"– y, especialmente, Ana Belén Vázquez, que desquició a Grande-Marlaska preguntándole por el aumento de la criminalidad y citando una pila de porcentajes mientras el ministro del Interior se mordía un dedo: "Los únicos que están en contra de la Constitución son sus socios. (…) Usted no hace absolutamente nada, sólo está preocupado de vaciar las cárceles a través de incentivos y de acercar a los presos de ETA".

Por su parte, Espinosa de los Monteros tiró de humor cinematográfico para atizar a la vicepresidenta económica: "De los productores de Nadie ve una crisis a corto plazo, de la creadora de La recuperación será en forma de V", etcétera, "este otoño nos llega Los indicadores económicos no apuntan a la recesión". El portavoz de Vox, de nuevo, el mejor orador de la oposición, preguntó a Calviño "qué crecimiento prevé para este último trimestre y el que viene", ésta saltó por peteneras, y Espinosa apuntó que "dos de cada tres empleos los saca usted de la Administración pública; de esta manera, se puede acabar con el paro mañana contratando cuatro millones de funcionarios" y que "la inflación sigue en niveles elevadísimos": "Pasarán a la Historia por ser un Gobierno que trajo a España la estanflación". La ministra de Economía: "Le pasa como al PP, parece que le fastidia que tengamos buenas noticias". Tendrá jeta la tía.

Mencionar también que Íñigo Errejón preguntó por el "impacto de las redes sociales y sus algoritmos" porque "estamos atravesando una pandemia de trastornos de conducta alimentaria"; Edmundo Bal, por las pensiones refiriéndose a Junqueras –son de Cs, a ver–, e Inés Cañizares le pegó un palo a la ministra de Igualdad por no haber condenado todavía "el asesinato de una niña, de Olivia, a manos de su madre". Irene Montero lo acabó haciendo en sede parlamentaria a los dos días de haberse cometido el crimen, respondiendo a la también diputada de Vox María de la Cabeza Ruiz Solás: "Dejen de enfrentar a las víctimas. Todo el cariño y el respeto ante el dolor de esa familia". A eso de las doce menos cuarto sonó una alarma durante unos segundos.

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