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Santiago Navajas

Cerveza (sin alcohol) y fútbol en Catar

Por lo único que, en todo caso, deberíamos pedir perdón los europeos es por el propio Infantino, ejemplo viviente de vergüenza ajena.

Por lo único que, en todo caso, deberíamos pedir perdón los europeos es por el propio Infantino,  ejemplo viviente de vergüenza ajena.
Gianni Infantino, presidente de la FIFA. | EFE

Cuando Infantino, el italosuizo que preside la FIFA, mandó a Europa a pedir perdón por 3.000 años de historia, los dioses rompieron su silencio de 2.000 años con una estruendosa carcajada. Ahora mismo deben de estar debatiendo si condenarlo a pulir el suelo del Olimpo con la calva o entregárselo a Apolo para que practique el tiro al arco con sus riñones bien cubiertos por los emires de Catar.

Que el presidente de una organización carcomida hasta los cimientos por la corrupción y el nepotismo (ver el documental de Netflix Los entresijos de la FIFA) pida a los demás que se disculpen sería hasta gracioso, si no fuese porque de este modo se apunta al carro del victimismo posmoderno y la cultura de la queja izquierdista que trata de cancelar, destruir y ensuciar la tradición ilustrada, moderna y, en su origen, occidental que defiende la universalidad de los derechos humanos, los valores superiores y, en definitiva, la civilización.

Infantino, el sucesor del infame Blatter que sucedió al detestable Havelange, traicionando de paso al despreciable Platini, trata de quitar el foco de la dictadura catarí, a la que su organización concedió la organización del Mundial birlándosela a los mismísimos EE.UU. de Clinton y Obama cuando estos tenían de lejos el mejor proyecto mundialista. Catar es como una brillante manzana con su interior podrido de petróleo y represión que se gasta millones de dólares en comprar al melifluo Pep Guardiola, al pintoresco Xavi Hernández, e incluso a la grandilocuente República de Francia (es divertido aunque patético ver en el documental de Netflix cómo Sarkozy "obliga" a Platini a votar por Catar y así conseguir que el emirato compre al PSG). Ahora ha dado un paso más en su estrategia gastando miles de millones en comprar al resto del planeta con la versión posmoderna del pan y circo con el que los emperadores romanos entretenían a la plebe. El el caso de Oriente Medio, cerveza (sin alcohol) y fútbol.

Dirá Infantino que en estos tres mil años ha dado tiempo a la Inquisición y los campos de exterminio nazis (de los comunistas se "olvidará"). Lo que no mencionará es que fue la Ilustración la que terminó con la Inquisición, y que con los campos de exterminio nazis (¡y comunistas!) acabaron los esfuerzos del soldado Häyhä, el matemático Turing, la poeta Ajmátova, el filósofo Hayek, el físico Einstein, el economista Eucken, el novelista Orwell, y tantos otros europeos (más unos miles de soldados norteamericanos) que arriesgaron su vida y su obra por defender la libertad política, la dignidad moral y la igualdad social.

Hace 3.000 años la ninfa Europa fue raptada en la playa de Sidón por Zeus, transmutado en un toro blanco y espoleado por Eros. Desde entonces, Europa ha intentado ser raptada por todo tipo de bárbaros, inspirados no por por Eros sino por Thanatos. Han sido muchas las fuerzas tenebrosas que han tenido su origen en suelo europeo, pero por cada enemigo de la libertad hemos tenido diez defensores. Por cada totalitario Hobbes, un equipo liberal de fútbol formado por la Escuela de Salamanca, John Milton, John Locke, Baruch Spinoza, Adam Smith… Cuando hemos sido malos, hemos sido (lamentablemente) excelsos, pero cuando hemos sido buenos, hemos sido (espectacularmente) mejores.

Por lo único que, en todo caso, deberíamos pedir perdón los europeos es por el propio Infantino, pero incluso en este caso no es culpa fundamentalmente nuestra, ya que fueron los votos de africanos, asiáticos y americanos los que fueron determinantes en que semejante ejemplo viviente de lo que significa la vergüenza ajena esté presidiendo la organización legal más infame del planeta.

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