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EDITORIAL

La calumnia y la censura son aceptables si se dirigen contra la oposición

La presidencia socialista del Congreso censura a la oposición tanto como permite que se le calumnie.

Un dirigente político que pretende ejercer como jefe de la oposición y que aspira a presidir un gobierno verdaderamente alternativo al liberticida Ejecutivo socialcomunista de Pedro Sánchez debería haber comparecido este martes, junto a Santiago Abascal, para denunciar solemnemente la inadmisible y antidemocrática expulsión del parlamento de la diputada de Vox Inés Cañizares por haberse referido a Bildu como lo que es: una formación, cuanto menos, "filoetarra". Pues bien. El máximo dirigente del Partido Popular no sólo no mostró el menor gesto de solidaridad con el partido de Abascal, sino que los diputados de su partido se negaron a acompañar a los representantes de Vox cuando, en señal de protesta, decidieron salir del Congreso para acompañar a su diputada expulsada.

Este miércoles ha sido, sin embargo, el Partido Popular el que ha sufrido el antidemocrático comportamiento de la presidencia socialista del Congreso, que no sólo censura que se diga lo que los socios de Pedro Sánchez son, sino que permite impunemente que se calumnie a la oposición con falsas acusaciones respecto de lo que son y de lo que hacen. Así, la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, ha permitido impunemente a la ministra podemita Irene Montero que calumnie al Partido Popular acusándolo, nada menos, de "fomentar la cultura de la violación". Al ver que la presidenta de la Cámara no instaba a Montero a rectificar, ni a retirar del Diario de Sesiones sus expresiones, ni tampoco procedia ella a eliminarlas, como sí ha ocurrido en otras ocasiones, los diputados del PP han abandonado la Cámara en señal de protesta, tal y como han hecho solidariamente los diputados de Vox y de Ciudadanos.

Que Bildu, más que una formación "filoetarra", es "testaferro de ETA", una formación "auspiciada por la propia organizacion terrorista", tal y como dijo en su día el Tribunal Supremo, es un hecho que no sólo explica el nausebundo pésame que Pedro Sánchez tuvo a bien dar a los representantes de Bildu con ocasión del suicidio del etarra preso Igor González, sino que delató un comunicado de la propia banda terrorista al jactarse de "haber ganado la batalla de la ilegalización" tras los buenos resultados electorales de Bildu. El carácter, ciertamente y cuanto menos, "filoetarra" de Bildu no sólo lo respalda el hecho de que su coordinador general, Arnaldo Otegi, fuera, como muchos otros miembros de ese "partido", miembro del mal llamado "aparato armado o militar" de la organización terrorista, sino algo que queda en evidencia cada vez que los bilduetarras se niegan a condenar cualquier asesinato de ETA o insisten en homenajear o tratar de liberar a los terroristas encarcelados.

Por el contrario, acusar a Vox de ser "una banda de fascistas" o de "ejercer la violencia política" por denunciar el nepotismo de Pablo Iglesias y el nulo mérito de la inepta de Irene Montero para ocupar el cargo que ocupa, constituye una gravísima calumnia contra un partido que, como Vox, se caracteriza no sólo por no ejercer ni alentar la violencia sino por padecerla como ninguna otra formación en los últimos siete años. Se trata de una calumnia tan evidente como la enloquecida acusación de Montero contra el PP de "fomentar la cultura de la violación" por haber alentado algún representante de este partido una encomiable medida de precaución contra los abusos o las agresiones sexuales, tal y como hace cualquier buena madre o padre de familia, como es la de "vigilar la copa en la que beben" dada la multitud de víctimas de robos y violaciones que habían sido previamente drogadas.

Al PP se le podrá acusar de muchas cosas, como por ejemplo de no oponerse, junto al PSOE y sus socios de Gobierno, al fracasado bodrio jurídico de la mal llamada "ley contra la violencia de género", que ha erosionado tanto los principios que rigen el Estado de derecho como poco ha hecho por evitar el mal trato y el asesinato de mujeres a manos de sus maridos o parejas sentimentales. Pero de ahí a acusarlos de fomentar la cultura de la violación hay el mismo trecho que separa la cordura de la locura. Puestos a reprochar algo al PP, exceptuando las encomiables y solemnes declaraciones al respecto de Isabel Diaz Ayuso, más valdría señalar la insensatez que supone ignorar que los antidemocráticos ataques del gobierno a Vox no son más que el principio de una antidemocrática campaña para impedir que el PP pueda ser alternativa de gobierno.

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