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Pablo Planas

La carne de cañón separatista que no se entera de nada

El golpe ya no discurre en el parlamento catalán, la Generalidad y las calles de Cataluña, sino en el Congreso de los Diputados.

El golpe ya no discurre en el parlamento catalán, la Generalidad y las calles de Cataluña, sino en el Congreso de los Diputados.
Manifestación convocada por la ANC con motivo del segundo aniversario del referéndum ilegal del 1-O. | EFE

Las familias del separatismo catalán están a leches en las redes, en los medios y en sus reuniones de cara a la galería. Los principales damnificados son Puigdemont, extraviado en Bélgica, y la Assemblea Nacional Catalana (ANC), la antaño todopoderosa punta de lanza del independentismo que se ha convertido en un juguete roto comandado en su declive por los más pintorescos personajes del "procés". La guerra sin cuartel entre ERC y Junts per Catalunya (JxCat) se ha trasladado a las cúpulas de la mentada ANC y Òmnium Cultural, un ente creado en los años sesenta por empresarios catalanes que se habían forrado con Franco pero odiaban a las familias llegadas del resto de España que se dejaron la piel en la reconstrucción y prosperidad de Cataluña aunque no hablaban catalán.

Òmnium ha roto con la ANC porque aspira a permanecer como el ariete catalanista que proporciona espesor a las políticas en contra de la lengua y la cultura de España desde antes de la Transición, cuando se negó a entregar un premio a Josep Pla porque a su parecer, y el de Jordi Pujol, el escritor ampurdanés no era suficientemente catalanista. Y no hay nada más catalanista en estos momentos que dicha ANC, el único apoyo verdadero que le queda a Puigdemont. Por eso ERC, el actual partido alfa del separatismo, ha sentenciado a la organización, cuya influencia ahora es menor en la corriente central del independentismo que la que pueda tener la más pequeña peña sardanista o micológica.

El espectáculo de la disolución de ese frente tiene sus alicientes, sin duda. Quienes antes iban de la mano mecidos por las patrañas de Artur Mas, Oriol Junqueras o el pobre Puigdemont ahora se acusan de traidores, vendidos y ñordos, el "simpático" remoquete con el que todos a una (en eso no hay diferencias) se refieren a los ciudadanos de Cataluña partidarios de la unidad de España. Muchos de esos figurantes que llenaban las manifestaciones del 11 de septiembre aún no se han enterado de que el "procés" se ha convertido en otra cosa que se libra en Madrid, al margen de las exhibiciones de masas norcoreanas previas al golpe de Estado de septiembre y octubre de 2017.

Cinco años después de aquellos "hechos" (según la definición extendida por La Vanguardia), un puñado de desorientados con Puigdemont al frente y la colaboración estelar de personajes como Laura Borràs busca la ocasión para volver a montar gresca en las calles mientras la Esquerra de Junqueras desmonta con Pedro Sánchez el Estado de Derecho para llegar al mismo fin, la demolición de España, por la vía del asalto al Tribunal Constitucional y al Código Penal. Y en el nuevo contexto, los hiperventilados de la bandera estrellada a modo de capa y el bocata de butifarra estorban.

El golpe ya no discurre en el parlamento catalán, la Generalidad y las calles de Cataluña, sino en el Congreso de los Diputados y en el complejo presidencial de la Moncloa. Y el alcance es nacional, no regional. Este martes la ANC ha convocado a los fieles que le quedan para manifestarse delante del palacio de la Generalidad en contra de los apaños de ERC con Pedro Sánchez porque no han entendido nada de lo que está ocurriendo en Madrid. Son los que se compraron todas las camisetas de las manis indepes, los que comulgaban a todas horas con TV3, la radio del conde de Godó y los digitales del odio. Auténticos "creyentes", los testigos de Macià y Companys, la carne de cañón separatista, pobres diablos estafados en la estafa piramidal del "procés". Tantos años de manipulación y propaganda les han achicharrado la sesera y no se enteran. Nunca como hasta ahora ha estado Cataluña más cerca de la independencia.

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