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Zoé Valdés

¿Somos los cubanos seres humanos? Melissa libre (Caso II)

Huir de Cuba continúa siendo de las peores pesadillas que se pueda alguien imaginar.

Huir de Cuba continúa siendo de las peores pesadillas que se pueda alguien imaginar.
Una calle de La Habana con un mural del Che Guevara. | Gerardo Luna/NOTIMEX/dpa

Lo prometido es deuda. Este, como ven, es el segundo episodio acerca de los derechos humanos y los cubanos en Francia. No será el último. No había podido escribirlo antes porque la joven Melissa todavía se encontraba en un proceso judicial para obtener el estatus de refugiada política y ser liberada.

Cada vez llegan más cubanos a los aeropuertos galos provenientes de Cuba, o de lugares tan improbables como Rusia, Moldavia, Macedonia, Grecia, y hasta de Egipto. Son jóvenes en busca de libertad y de un futuro prometedor que no encuentran en su país.

Esos viajes frecuentes no son precisamente el resultado de que a los cubanos se les facilite salir de la isla cárcel, consigan visas hacia el mundo entero, y mucho menos de que su poder adquisitivo les permita comprar billetes de ida y vuelta (de ida solamente no está permitido), sino todo lo contrario.

Huir de Cuba continúa siendo de las peores pesadillas que se pueda alguien imaginar. En la mayoría de las ocasiones deben vender sus pertenencias, todo, hasta sus casas, para poderse costear un viaje que para ellos, no cabe duda, será con toda probabilidad sin regreso. Aunque algunos olviden, en medio del camino, todo lo que debieron padecer y superar para lograr ser libres y pasado un tiempo vuelvan a Cuba a visitar a sus familiares o simplemente a especular, arriesgando así no poder volver a salir. Pero el cubano es el ser con más corta memoria que conozco, después de las amebas; sobrevive en una especie de estado placentario (de placenta), que no les permite observarse con distancia en su fondo de sufrimiento, porque a veces ese fondo dolor lo usan como fondo de comercio.

La vez pasada les hablé del caso de Yamil Martínez. Hoy les traigo el caso de Melissa Morales, joven cubana de 18 años.

Melissa consiguió escapar de Cuba en el mes de octubre pasado, viajó directamente a Francia con destino a un país africano, con visa para ese país, claro está, además de una visa volante de ocho días en Francia, aunque sin derecho a salir del aeropuerto. ¿Qué pensaban los que le facilitaron ese tipo de visa, que sin salir del aeropuerto Melissa iría a disfrutar de París durante una semana? Supongo que no.

Sin embargo, recuerden el caso del refugiado iraní Mehran Karimi Nasseri, que pasó 18 años en la Terminal 2F del aeropuerto Charles de Gaulle, donde murió allí recientemente; entre tanto ganó millones con su historia, que Hollywood le compró y llevó al cine interpretada por Tom Hanks y Catherine Zeta-Jones. Millones que también perdió, no sabemos cómo, pues muy consumista no era, ya que en el aeropuerto vivía en medio de un basurero creado por él mismo, y siendo millonario la leyenda dice que jamás salió de allí. Tampoco lo condujeron a prisión alguna (ojo al dato), sin obtener visa de ningún tipo y ser considerado por varios países NO aplicable para absolutamente ninguna situación de refugiado.

La película, dirigida por Steven Spielberg, estrenada en el 2004, titulada La Terminal, no es de las mejores de este realizador, quien después de reunirse con Fidel Castro y argüir que había pasado las mejores horas de su vida con el tirano no se empató nunca más con otro éxito de taquilla como con sus películas anteriores. Por cierto, lo mismo le sucedió a Coppola y a Ted Turner (que perdió la CNN y media fortuna), entre otros. Y es que el Comandante contagiaba de pava o gafe. El caso es que lo acontecido a este iraní es muy poco probable que le ocurra ni por asomo, de casualidad, a un cubano o cubana.

Si no me creen, estudien el caso de Melissa, a la que no más llegar al aeropuerto, en la aduana misma, sólo por hacer visible un cierto nerviosismo, lo que es normal para alguien que jamás ha viajado en sus 18 años, fue detenida y la condujeron a varias prisiones en las que encierran a delincuentes, drogadictos y criminales, todos mezclados.

Melissa intentó pedir asilo político de inmediato en la aduana no más llegar, pero la autoridad que la recibió le espetó que ella no era una perseguida política, que ella era una migrante económica; no le aceptaron la demanda de asilo pese a las pruebas presentadas in situ: vídeos tomados por ella durante las manifestaciones del 11J del 2021 en Cuba, su propio testimonio, de las citaciones por la policía política castrista y la expulsión de la escuela cuando todavía la joven contaba 17 años. O sea, era menor. Recuerden que 39 menores se encuentran encarcelados en la actualidad en las prisiones comunistas de Cuba por el mero hecho de manifestarse en la misma fecha en la que Melissa lo hizo. Por esa y otras razones el padre de Melissa, un trabajador cubano en España, decidió sacarla de Cuba, antes de que su situación empeorara. Lo consiguió con el consentimiento de la madre de su hija, cuando la muchacha ya había cumplido la mayoría de edad, y con un enorme esfuerzo económico.

Así y todo, con esos testimonios, con su padre desorientado esperándola fuera del aeropuerto —pues el plan era que ella abandonara el aeropuerto una vez cruzara la aduana y se reuniera con él para poder viajar juntos a España, reunirse de ese modo con la otra parte de su familia—, no le permitieron la demanda de asilo político. Tras ser detenida, como ya dije, en un mes recorrió varias prisiones.

De la penitenciaría de Mesnil-Amelot, la última en la que estuvo, habría mucho que contar. De hecho, si usted busca información en Google se enterará de que siete detenidos intentaron escapar de allí sin éxito, que dos mujeres al menos quisieron suicidarse, una de ellas en el tiempo en que Melissa se hallaba encerrada entre cuatro paredes sórdidas; el mismo día en que pasaba su sexto tribunal, con un abogado nombrado por mí, Maître Rubén García, el mejor abogado de inmigrantes según todos los que han tenido que lidiar con estos casos, y yo lo confirmo. En aquel juicio, al que asistí acompañando a su padre y a un amigo de la familia, pude corroborar el pésimo trato que se le da a los familiares y a los reos, sin distinción, sin significación. Aquel juicio incluso fue suspendido debido a la tentativa de suicidio de una de las presidiarias que debía pasar también por el tribunal.

Tenía ante mí a una joven mujer, en apariencia ecuánime, educada, respondió a las preguntas con firmeza, tenía a su abogado defendiéndola paciente y enérgicamente, a su padre sentado junto a mí, que no entendía el idioma y se llevaba desesperado las manos a la cabeza, al amigo que ya no sabía qué hacer para impedir tanta angustia. Yo misma, pese a tantos casos que he visto aquí del mismo orden, me sentía sumamente inquieta. Con esta gente nunca se sabe con relación a los cubanos.

La fascinación por el castrismo, mejor dicho, por las playas cubanas a las que aquí parecen creer en su magna ignorancia que las inventó Fidel Castro, somete a ciertos responsables a una especie de ceguera congénita que perjudica sobremanera y fatalmente a las personas que huyen del comunismo en Cuba. Pensándolo bien, no sé si las playas tengan algo que ver, porque con los rusos en la época soviética sucedió igual, y con los fugados del comunismo en los países del Este de Europa también. De modo que no es ceguera, es pura hijaeputancia izquierdista lo que les obliga a comportarse de la manera más brutal con los cubanos desde hace ya mucho tiempo.

Frío, incomprensión, vejaciones, temor a que le drogaran las comidas con pastillas machacadas para que no se pelearan las reas entre ellas, documentos firmados por traductores que nada le informaban a Melissa vulnerando así sus derechos, complicaron el caso de un día a otro. Las semanas transcurrían, arreciaron las faltas de respeto, el ninguneo, intentaron deportar a la fuerza en tres ocasiones a la joven, queriendo subirla en un avión con dirección a Cuba; ella sabía que no debía tocar a nadie, pero sí que tenía que negarse de la manera más ruidosa y espectacular posible a entrar en el avión. Existe una ley que nadie puede montar de manera obligada a una persona en un avión si ella no lo desea. Así fue: Melissa se negó con valentía…

Pasé noches sin dormir, podía imaginar que sus padres y familiares sufrían más. Me preguntaba lo que seguramente se estén preguntando ustedes ahora mismo: ¿por qué a unos sí y a los cubanos no? ¿Por qué SÍ a esos inmigrantes que con toda evidencia son producto de un tráfico constante que bastante dinero mueve entre los traficantes de vidas humanas, que llegan a las costas europeas por miles, o a aquellos que saltan las vallas con una violencia inapropiada; y por qué NO a los que escapan de una dictadura comunista de más de 63 años en el poder? Por más que la evidencia me brinde la respuesta no consigo que me entre en la cabeza y mucho menos puedo aceptarla.

Después de mucho papeleo, siete tribunales, ninguno positivo para ella, el abogado estuvo de acuerdo con la sugerencia de que Melissa Morales volviera de nuevo mediante una Asociación a hacer la demanda de asilo político. He guardado todos los mensajes, y sobre todo conservaré toda mi vida el rostro de extenuación de esta niña tan valiente cuando la visité con su padre bajo unos niveles de control increíbles en la penitenciaría de Mesnil-Amelot.

Recuerdo incluso después, cuando llamó a su padre atacada por un llanto de impotencia y cansancio, y le confesaba que no podía soportar más, que desistía, que no iba a seguir luchando… Vi a su padre llorar como un niño cuando en uno de los juicios a los que asistí en la audiencia del Tribunal de París la jueza declaró que a ella no le competía juzgar la situación política de Cuba ni tampoco podía poner a una joven de 18 años en la calle, en las manos de su padre, para que viajara con él a su hogar, en España. ¡No podía creer yo tampoco lo que estaban oyendo!

Melissa pidió una segunda vez el asilo político, nos movilizamos y reunimos más testimonios, documentos, y pruebas provenientes de Cuba, las que incluían un vídeo de su madre llorosa, que suplicaba a las autoridades francesas que protegieran a su hija del comunismo. La espera fue terrible.

Por fin liberaron a Melisa tras otorgarle el asilo político. Ese día ha sido uno de los días más felices de mi vida.

Sin embargo, la felicidad duró poco, ese mismo día recibí la noticia de que otros dos jóvenes cubanos, miembros de FANTU (Frente Antitotalitario Unido) se encontraban en el centro de refugiados de Gangerville, en Francia. Ahí siguen. Vuelta a reunir cartas, vuelta a lo mismo, con idéntico desgarramiento. ¿Hasta cuándo?

No hay nada que me moleste más en este instante que escribir la siguiente palabra: Continuará… Porque este horror al que se ha sometido a los cubanos durante más de seis décadas no cesará hasta que no se le corte de raíz la cabeza al monstruo que oprime a nuestro país.

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