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Pablo Planas

La España nazi: Nochebuena de cristales rotos

Lo que está ocurriendo en España desde el pasado 15 de diciembre es un golpe de Estado.

Lo que está ocurriendo en España desde el pasado 15 de diciembre es un golpe de Estado.
Pedro Sánchez

Si todo es un golpe de Estado, nada es un golpe de Estado. En líneas generales, el PSOE considera que presentar un recurso ante el Tribunal Constitucional es entrar con tricornio y pistola en mano en el Congreso de los Diputados. Los golpes de Estado ya no son lo que eran, ni pronunciamientos, ni asonadas. Los tiempos han cambiado y ahora los golpes se dan con noticias falsas, con amenazas a los jueces, con el rodillo parlamentario y, sobre todo, desde el poder, como en la Alemania nazi o en los regímenes bolivarianos.

En septiembre y octubre de 2017 en Cataluña, el parlamento autonómico fue uno de los instrumentos del golpe de Estado de la Generalidad de Puigdemont y Junqueras. Ambos personajes no se quitan la palabra democracia de la boca. El daño que causaron a la sociedad española es inmenso, igual que la recompensa. Junqueras gobierna en España y si Puigdemont no regresa es porque no le da la gana y porque no quiere volver gracias a la mediación de su principal enemigo, el antedicho Junqueras. Estaban y están en el poder. ¿Quién no recuerda la imagen de Junqueras manoseando los hombros de la entonces vicepresidenta del Gobierno Soraya Sáenz de Santamaría?

Lo que está ocurriendo en España desde el pasado 15 de diciembre es un golpe de Estado. En esto está de acuerdo todo el mundo, aunque para el Gobierno de Sánchez y sus socios, los autores materiales del golpe son los togados. Extraordinario e inédito acontecimiento. No hay registro en la historia de una sublevación semejante. Para que luego digan que inventen otros. Pobres magistrados del Tribunal Constitucional.

Sin embargo, el ruido de sables procede de La Moncloa y se extiende por el Congreso de los Diputados, presidido por Mertixell Batet, la nueva Carme Forcadell, dos dolientes imágenes sin un Zweig que las escriba. El perfil de Pedro Sánchez está mucho más claro. Es el Elefante Blanco.

No pasa nada. A cualquiera se le puede ocurrir que de mayor quiere ser el presidente de la Tercera República española. Haberlo dicho antes. Cuando las elecciones. Vas, te presentas y dices eso de que no quieres gobernar con separatistas y filoetarras, pero que si no te queda más remedio vas a gobernar con ellos y te vas a cargar la democracia más rápido que si tuvieras mayoría absoluta. El problema es que Sánchez prometió todo lo contrario, además que iba a traer colgado de un pincho a Puigdemont como si fuera una merluza. Más mucho "vivaspaña" y pisos gratis.

La deriva es inevitable. Sánchez y su PSOE, que es el único que existe y el de siempre, no van a abandonar los poderes ejecutivo y legislativo y se van a cargar el poder judicial más pronto que tarde. Sus ministros y diputados llaman golpistas a los jueces. Sus periodistas tachan de nazis a quienes firman un manifiesto titulado "Defender la Democracia". Mensajes guerracivilistas en vísperas de una Nochebuena de cuchillos largos y cristales rotos mientras los golpistas retan al Rey para que diga "algo" en su mensaje de Navidad. Le tienen enfilado en la quinta y en la sexta acepción de la RAE.

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