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Miguel del Pino

Impactos sin control: un grave peligro ambiental derivado del fanatismo

La llamada "transición ecológica" no puede ser un salvoconducto para los abusos contra la Naturaleza.

La llamada "transición ecológica" no puede ser un salvoconducto para los abusos contra la Naturaleza.
Instalaciones de energía solar y eólica. | EnerHi

El gobierno elimina la evaluación de impacto ambiental obligatoria para los proyectos en favor de las renovables. Se trata de la eliminación del principio de precaución y de dar "luz verde" para megaparques solares y los molinillos eólicos.

No es extraño que la Asociación Española de Evaluación del Impacto Ambiental esté poniendo el grito en el cielo.

La necesidad de que cualquier proyecto industrial, agropecuario o de construcción que pueda afectar a la Naturaleza tenga que contar de manera obligatoria con un estudio previo sobre impacto ambiental negativo, es una de conclusiones más importantes de la primera Cumbre de la Tierra celebrada en Río de Janeiro en 1992. Ahora, por Decreto Ley, como es habitual, nuestro Gobierno levanta esta prohibición para todo lo referente a proyectos sobre energías renovables.

Una vez más nuestro particular ecologismo y la ministra que lo encabeza realizan sacrificios al "Dios de la Energía": un ídolo extremadamente cruel que parece ver con sádica alegría cómo gigantescos huertos solares asolan vegas agrícolas antaño fértiles, o cómo los molinillos eólicos descuartizan aves protegidas y arruinan la belleza de los paisajes que podrían atraer al turismo hacia zonas económicamente desatendidas.

Se trata del mito energético ligado al supuesto "cambio climático", de manera que todo vale. La obsesión por obtener energías limpias y renovables, que luego en realidad no lo son tanto, abre una peligrosísima vía libre al eliminar los estudios de impacto ambiental hasta ahora preceptivos.

¿Qué son los estudios de impacto ambiental?

Se trata de trabajos multidisciplinares que podríamos dividir en dos grandes grupos: objetivos y subjetivos.

Los que llamamos objetivos son de naturaleza técnica: como la contaminación que se producirá al realizar el trabajo, los posibles vertidos tóxicos, los daños para la fauna y la flora, la ocupación de terrenos de aprovechamiento rústico, por poner solo algunos ejemplos.

Los impactos subjetivos son más difíciles de definir porque afectan directamente al ciudadano, como la belleza del entorno o la impresión que la contemplación de obras y megaproyectos puedan producir en los habitantes del entorno.

Ejemplo de lo anterior proporciona la necesidad de que haya aceptación vecinal y de la población rural en particular al dotar a un espacio de la categoría de Parque Nacional; la premisa previa para el éxito ha demostrado ser la buena aceptación por parte de la población que soportará el citado Parque, que desde luego no debe implicar perjuicios económicos sino todo lo contrario.

El reciente Decreto del Gobierno español elimina especialmente los aspectos subjetivos: por decirlo de otro modo, ignora las posibles objeciones de los habitantes del entorno de las obras que se sientan afectados por la alteración de sus paisajes. Es el caso de quienes viven en entornos montañosos de prometedor futuro turístico cuyo paisaje se llena de trazados de molinillos eólicos.

También merecen respeto los agricultores que ven sus terrenos, antaño fértiles, convertidos en espejos captadores de la energía solar, inesperados competidores de la limpieza de la función clorofílica vegetal.

Existen precedentes sobre la necesidad de frenar el insaciable apetito de los adoradores del dios energético, por su miedo al más que discutible "cambio climático": la posibilidad de disminuir de manera alarmante la producción de alimentos para la Humanidad limitó en su momento la fiebre por los biocombustibles. Los motores se estaban comiendo una parte de los alimentos imprescindibles para nuestra especie.

En definitiva, una vez más el Gobierno, por Real Decreto, no es que ignore, es que ni siquiera tiene en cuenta la opinión del habitante del medio rural ante la invasión de los monstruos renovables.

Que no son en realidad renovables: ya se pueden invertir esfuerzos y recursos a la hora de demoler, cuando sea necesario hacerlo, estas construcciones invasoras con inmunidad ambiental por decreto.

Lamentablemente está pasando desapercibida en la mayor parte de los medios de comunicación una medida de consecuencias posiblemente gravísimas.

Algunos precedentes urbanísticos de carácter hotelero urbanizador se han tenido que resignar a su demolición, parcial o total, por no haber contado con estudios previos de impacto ambiental suficientemente ajustados a la Ley. Sin duda, los afectados se sentirán víctimas de agravio comparativo al contemplar la supresión del principio de precaución eliminado por el reciente Decreto del Gobierno.

Es necesaria una inmediata rectificación por parte de la ministra: la llamada "transición ecológica" no puede ser un salvoconducto para los abusos contra la Naturaleza, ni mucho menos un símbolo de desprecio a la opinión ciudadana, especialmente del habitante del medio rural ignominiosamente ignorado.

Nuestras autoridades ambientales deberían ocuparse mucho más de nuestros bosques vivientes que de los bosques de molinillos.

Miguel del Pino, catedrático de Ciencias Naturales.

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