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Federico Jiménez Losantos

Las palabras prohibidas: islamismo, comunismo, terrorismo, ecologismo

La realidad económica demuestra que el socialismo produce miseria, pero mientras tenga policía mediática, su ideología se impondrá a la realidad.

La realidad económica demuestra que el socialismo produce miseria, pero mientras tenga policía mediática, su ideología se impondrá a la realidad.
El féretro del sacristán Diego Valencia sale a hombros de la Iglesia de La Palma, en Algeciras (Cádiz), tras la misa funeral. | Europa Press

Un presidente americano poco liberal, Franklin D. Roosvelt, dijo una vez que "a lo único que debemos temer es al miedo mismo". Pero el miedo es el primer signo de reconocimiento de la realidad. En lo más profundo del córtex cerebral, lo que un liberal vacunado de comunismo, Arthur Koestler, popularizó como "cerebro reptiliano", se albergan los dos movimientos instintivos básicos del animalito humano, y nunca del todo: el ataque y la huida. Y de ambos movimientos de supervivencia, el motor es el miedo. A lo desconocido y, aún más a lo conocido, pero demasiado aterrador para hacerle frente. Lo que no dudaban nuestros ancestros es que el miedo tenía razón de ser, de ahí los conjuros en las pinturas rupestres o los cuentos de miedo para los niños en todas las civilizaciones. Hay que saber tener miedo para vencerlo. Y no hay que ser torero para entenderlo: basta ser periodista.

Las palabras borradas ante el terrorismo islámico

Rosana Laviada, en uno de sus magníficos vídeos breves para LD, ha reunido varias palabras que los políticos y medios de comunicación han borrado para hablar del atentado terrorista islámico en Algeciras. Son las de siempre en la Izquierda, pero ahora asumidas por la Derecha y hasta por el portavoz de la Conferencia Episcopal. Se empieza negando su carácter religioso (Sánchez, Feijóo, Moreno Bonilla, portavoz de la CEE) se cambia "asesinado" por "fallecido" (Sánchez, Feijóo), se dice que no hay que culpar a ninguna religión, pese a que previamente se ha negado el carácter religioso del crimen (Sánchez, Feijóo, Moreno Bonilla, CEE), y todos ellos, junto al ministro del Interior, dos días tarde y con aspecto de "Wednesday", piden no "sacar consecuencias" antes de que "termine la investigación", aunque todos ellos lo han hecho, y han sido clamorosamente desmentidos porque es la Audiencia Nacional, especializada en terrorismo la que asume desde el principio la investigación del atentado islamista.

O sea, que todos han mentido y lo han hecho a sabiendas, para hurtar a la opinión pública la identidad, y la evidente gravedad, del atentado islamista. Y no dicen "islamismo", "terrorismo" y "atentado", sino "ataque" y "fallecido". Y nadie asiste al entierro, como si fuera un asesinato común, obra de un "loco", "perturbado" o "en tratamiento psicológico". Monedero dijo lamentar "un ataque demente". El impulso es el de las Torres Gemelas, las Ramblas, el Bataclán o "Charlie Hebdo". Pero "Je suis Charlie" queda mejor que "Yo también soy sacristán", que suena casposo y católico. Puaf.

Cambiar las palabras no cambia la realidad

Desde el primer Estado comunista, fundado por Lenin en 1917, hasta hoy, todos los años es 1984. Cada día en cada uno de los regímenes con el mismo patrón marxista-leninista se celebra -o se lamenta- el año de Orwell. Sin embargo, cambiar las palabras no pretende cambiar la realidad. Sólo que la "gente" en cuyo nombre se dice gobernar, antes el "proletariado" o "las clases trabajadoras", se acomode a ella según manda el Gran Hermano, Líder Visionario, Padrecito de los pueblos, Gran Timonel, Supermaduro o Supersánchez, cuyo guion han asumido Feijóo, el PP e incluso los obispos.

El gran éxito del comunismo es, desde la segunda guerra mundial, que los no comunistas acepten que no es lo que siempre es: un proyecto de dominación, una dictadura de partido único. Ni "democracia popular", ni "movimiento antiimperialista", ni "indigenista", ni, en su último disfraz, "ecologista", "defensor de la Naturaleza" o del "Planeta", cuyo núcleo va a frenar en su loco giro Supersánchez, como Supermán hacía en la película. La realidad económica demuestra que el socialismo produce miseria, pero mientras tenga policía mediática, su ideología se impondrá a la realidad. Y cuando la realidad sea la persecución política, la oposición llegará tarde.

Manual de ocultaciones

En Memoria del Comunismo explico la ideología más letal en la historia de la Humanidad como un monstruo de dos patas: mentira y terror. La mentira se basa en el cambio de sentido de las palabras: prohibiendo el original y atribuyéndole el contrario. Y el terror, que llegará a las checas y al Gulag, empieza en el miedo a salirse de lo "políticamente correcto", en usar términos cuya realidad nombrada se oculta: islamismo, terrorismo, ecologismo y, como denuncia Zapatero de Puebla, comunismo. Todos son lo mismo. Lo importante es la negación, no la cosa cuyo nombre se borra.

La censura y ocultamiento político es típicamente comunista: se niega la realidad del terrorismo islámico porque, consciente de su mala imagen ("hablar de democracia mola", de "dictadura del proletariado" no mola, confesaba Pablo Iglesias) el comunismo entiende que el Islam es el gran aliado contra los regímenes liberal-democráticos. Alianza que viene de muy antiguo, de Garaudy y el terrorista "Carlos" a Chávez y Ahmadineyad.

Comunismo e Islamismo son dos "religiones positivas" como dijo Bertrand Rusell tras entrevistarse con Lenin. Ambas buscan regir todos los aspectos de la vida cotidiana de las personas, como estamos comprobando en las leyes del Gobierno de Sánchez y ambas manejan a la perfección el disimulo (taqqiya) o la propaganda a lo Munzenberg en la Komintern. El miedo que en sociedades ex-cristianas produce el terrorismo islamista se camufla de "ecumenismo", cuando en Belén se está liquidando la presencia de cristianos (La Voz) y los políticos de la derecha, ayer católica, con la excepción de Vox, tienen tanto miedo como los obispos.

El abandono del sacristán asesinado por los políticos en el Poder y la Oposición recuerda los funerales de los policías asesinados por la ETA cuyos féretros debían salir por la puerta de atrás de las iglesias, vilmente despreciados por los curas vascos, que abandonaron la Cruz por los sacrificios humanos de la raza inferior maketa. Y ahora, a derribar la Cruz.

La violencia estructural del Gobierno contra la Derecha

La agresión contra Isabel Díaz Ayuso en la Complutense, no sólo ha servido para comprobar la clase de lerdos ignorantes premiados con buenas notas, obviamente por profesores tan fanáticos y lerdos como ellos, que sale de la Universidad. Que allí no sea novedad no le quita gravedad. Comprobar que se premia a sectarios infatuados que pueden ser profesores y barbotan en público "Ayuso, pepera, / los ilustres están fuera", como si ser del PP y la representante más votada en la Comunidad de Madrid, más que todos los partidos de izquierda juntos, no tuviera ningún valor, es importante, pero hay que ir al fondo del asunto, como hacía ayer Javier Somalo en su artículo sobre las universitarras.

Porque la agresión, al ser respaldada pública y obscenamente por todo el Gobierno, como si fuera un acto de repudio en Cuba, tiene un significado profundo, que este PP, empeñado en no molestar a la izquierda, no quiere percibir. La izquierda ha renunciado a la democracia para ganar elecciones y para hacer política, porque apuesta por la vía violenta al socialismo al estilo de Lima o de Caracas. La combinación de mentira y violencia en la Oposición es inseparable de la mentira y terror del comunismo en el Poder. Y esa es la estrategia de Sánchez. No es lo mismo el escrache podemita contra Felipe González y Rosa Díez, que el escrache contra Ayuso defendido por el partido de Felipe González. Y encima en un Gobierno compartido con los escrachadores de González.

Se trata de un cambio cualitativo, no sólo cuantitativo, dentro de la Izquierda. Que empieza por obligar a la derecha a asumir su lenguaje y acaba en la exigencia política de que la Derecha asuma un vasallaje ilimitado y eterno. Lo malo es que esa exigencia coincide con la voluntad del PP, con apenas una excepción, de asumir el lenguaje y los silencios de la izquierda, como en Algeciras. E incluso, como ha dicho Feijóo, a gobernar con su permiso -y sin tocar sus leyes- en años venideros. No podía empezar peor un año electoral: la Izquierda instalada en el Golpe y la derecha mayoritaria dispuesta a asumirlo. Sin enterarse o sin querer darse por enterada, que es todavía peor. Y todo empieza por las palabras prohibidas: terrorismo, islamismo, comunismo, ecologismo, que señalan todo lo que hay que pronunciar, denunciar y combatir.

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