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Santiago Navajas

Mujeres femiliberales sin complejos

Hay otro feminismo que no reniega de la naturaleza humana y no pretende destruir las instituciones fundamentales de la civilización occidental.

Hay otro feminismo que no reniega de la naturaleza humana y no pretende destruir las instituciones fundamentales de la civilización occidental.
Thatcher saluda a algunos simpatizantes tras ganar las elecciones de 1983 | Cordon Press

En el Día de la Mujer el feminismo entra en ebullición, en erupción volcánica. Por un lado, el feminismo hegemónico: el femisocialismo, que se bifurca a su vez entre el feminismo de cuota de Carmen Calvo y el feminismo estrambótico (queer) de Irene Montero. Ambas son hijas de Simone de Beauvoir y su dogma, derivado del mito de la tabla rasa, de que la mujer no nace, sino que se hace.

Sin embargo, hay otro feminismo, el liberal, que no reniega de la naturaleza humana y no pretende destruir las instituciones fundamentales de la civilización occidental, de la familia al Estado de Derecho. Este feminismo liberal no trata a las mujeres como discapacitadas a las que constantemente haya que tutelar, orientar y proteger porque, pobrecitas mías, son incapaces de pensar, elegir y decidir sin un observatorio de género, un instituto de la mujer y un ministerio de la igualdad que las lleve de la manita hacia determinadas carreras universitarias, profesiones y preferencias. Últimamente, hasta pretenden decirles cómo obtener placer sexual, no vaya a ser que prefieran compartir intimidad con un hombre en lugar de con un juguete. Si Sigmund Freud defendía que el orgasmo clitoridiano es una patología, la lesbofeminista Rodríguez Pam está tratando de convencer a las mujeres de que la mejor vagina es la que no se usa. De la represión vienesa a la castración infantiloide podemita, el acoso a la corporeidad femenina no cesa.

Pero en lugar de teoría considero que es mejor celebrar a mujeres que han triunfado por sus propios méritos y no gracias a la casta endogámica de las cuotas ni al nepotismo de la discriminación positiva. Todas ellas, por supuesto, han sufrido los ataques de las feministas de izquierda, que pretenden definir quién es una buena feminista como los nacionalistas pretenden imponer quién es el buen patriota.

En primer lugar, recordaré a una mujer que fue denigrada, calumniada y casi cancelada por las feministas de izquierdas: Chanel. Un portento de actuación en Eurovisión 2022, una celebración de la carnalidad y la potencia artística. La demostración de que el feminismo se puede y se debe bailar como les dé la gana a las mujeres, por mucho que las femiamargadas vomiten su bilis y se organicen en cacerías contra aquellas que no reniegan de su atractivo y su sexualidad. Porque para las femisocialistas, puritanas y feístas, la belleza es heteropatriarcal y el escote, pecado. De este modo, aquellas mujeres que no entran en su rebaño ideológico-corporal se enfrentan a la muerte civil.

Como trataron de matar en las redes sociales a J. K. Rowling, la mujer que más ha triunfado en el mundo de la literatura. Celebrada y puesta como ejemplo de empoderamiento hasta que se le ocurrió criticar al feminismo estrambótico. Entonces, se desató una tormenta de acoso contra ella que contrarrestó con todavía más poderío y argumentación. La muy mala actriz Emma Watson mostró que era tan repelente y sabiondilla como su personaje en Harry Potter y también ella, que sin Rowling no sería nada, quiso apuñalarla por la espalda.

Aunque la némesis total del femisocialismo sigue siendo Margaret Thatcher. Junto a sus colegas Golda Meir e Indira Gandhi, demostró en los 80 que la política de cuotas es puro paternalismo y que se podía romper el techo de cristal en Occidente con coraje y voluntad, sin necesidad de Papi Estado. La heredera de Thatcher en el imaginario del odio femisocialista es Isabel Díaz Ayuso. Odio absoluto porque ven en ella la quintaesencia de lo que quisieran ser y nunca serán: una política alfa que se enfrenta a los líderes alfa (Iglesias, Casado, Gabilondo...) en lugar de ponerse bajo su protección y seguir sus mandatos en la sombra.

Las femisocialistas repiten mantras sin parar de la filósofa estrambótica Judith Butler (a la que odian/aman) aunque no entienden nada de su jerga derridiano-lacaniana. Pero la auténtica teórica made in USA del feminismo es Camille Paglia, una filósofa que piensa, no una gurú que dispone de una secta de groupies a su disposición (véase Irene & Pam). Junto a Paglia, femiliberales españolas como María Blanco, Irune Ariño, Teresa Giménez Barbat y Berta González de Vega. Busquen sus libros porque encontrarán en ellos un feminismo de la libertad en lugar de las habituales quejas victimistas y resentidas de las femisocialistas.

Mientras que todas las políticas socialistas están bajo sospecha de no ser sino mujeres-cuota, dado que propugnan una que ser mujer es una especie de discapacidad que solo se puede resolver con discriminación positiva, las femiliberales llegan el poder por sus propios méritos. La última: Kaja Kallas en Estonia. La penúltima, Sanna Marin en Finlandia, cuyo última decisión ha sido construir un muro de 200 kilómetros en la frontera con Rusia. Kallas y Marin están a años luz de políticas femisocialistas como Irene Montero e Ione Belarra que defienden la rendición de Ucrania ante las fuerzas de ocupación rusas. Con estas liberales mujeres guerreras bálticas se va a topar Putin, por mucho apoyo que reciba de las sometidas y esclavizadas comunistas españolas.

La filóloga Carmen Junyent se ha atrevido a desafiar la última imposición antiliberal del femisocialismo: el denominado lenguaje inclusivo, una tortura para el español, idioma este sí inclusivo sin necesidad de muletillas y postureo. Imprescindible su libro Somos mujeres, somos lingüistas, somos muchas y decimos basta, un alegato contra la escritura y el habla presuntamente no sexistas y que no son sino una versión de la neolengua que denunció George Orwell en 1984.

Hay mucho que celebrar y reivindicar el Día de la Mujer. Como que el capitalismo ha sido el único sistema en el que las mujeres están pudiendo desarrollar todo su potencial. Una "mujer anticapitalista" no es sino una contradicción en los términos, o una manera alternativa de referirse a una mujer machista que pretende seguir imponiendo un sistema heteropatriarcal, en su caso en clave socialista. También hay que denunciar la misoginia en todas sus formas, del envenenamiento de las escolares iraníes por parte de islamistas al postureo del feminismo supremacista de aquellos que desde el "progresismo" tratan de convertir a las mujeres en subordinadas de un sistema de privilegios que las considera, en última instancia, tontas del bote. Sin olvidar a los que desde el liberalismo entregan la bandera del feminismo a sus adversarios ideológicos. Hay muchos feminismos, hay muchas mujeres y hay mucho por lo que luchar a favor del feminismo liberal.

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