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Pedro de Tena

Amando de Miguel, gracias por todo

Su influencia en la clarificación de qué era lo que pasaba realmente en España y en cómo se vivía fue trascendental.

Su influencia en la clarificación de qué era lo que pasaba realmente en España y en cómo se vivía fue trascendental.
Amando de Miguel. | Archivo

No le conocí personalmente hasta que lo saludé en el acto de presentación del libro de Javier Somalo y Mario Noya Por qué dejé de ser de izquierdas, que se publicó en 2008. Fue en un salón de actos de Madrid y me acerqué al profesor recordándole su importancia decisiva en el conocimiento de la realidad social para los que entonces estábamos en la semiclandestinidad consentida del franquismo.

Los más jóvenes desconocen en su mayoría una verdad esencial. Contra Franco sólo hubo dos fuerzas sociopolíticas importantes, la comunista y la católica, por paradójica que pueda resultar esta última, que fue salvada del calvario frentepopulista y republicano precisamente por el luego dictador. Los comunistas, que eran casi nadies en el interior, meticulosamente divididos, estaban dominados por la URSS o China y por la ignorancia en el exterior. Eso sí, lograron encaramarse a las primeras "comisiones obreras", cristianas de origen, y luego incrustarse en el Sindicato Vertical del régimen, y, poco a poco, en todos los movimientos y organizaciones accesibles que les convinieron.

Los católicos, tras el Concilio Vaticano II, se alejaron del régimen y se adentraron en el obrerismo izquierdista, vía JOC y HOAC-ZYX y las propuestas democráticas de la siempre latente Democracia Cristiana. Poco a poco pusieron su pica en las iglesias y conventos, en los clubs sociales cristianos y en las organizaciones sociales. De todos los demás, socialistas incluidos, sólo destacó la ETA, que comenzó sus asesinatos en junio de 1968, cuando la dictadura había cumplido ya casi 30 años.

Pues bien, aquel grupo, siempre minoritario, de personas opuestas al régimen se nutría intelectualmente de los trabajos de Amando de Miguel, un joven catedrático de Sociología, discípulo de Juan José Linz y formado en Estados Unidos, gracias al cual se gestó y publicó el muy famoso entonces Informe Foessa sobre la situación social de España. Por aquel informe, además de ideologías caras o baratas, se dispuso de datos fehacientes sobre cómo vivían los españoles y cómo estaba organizado el tinglado del poder.

Su influencia en la clarificación de qué era lo que pasaba realmente en España y en cómo se vivía fue trascendental. Foessa, Fomento de Estudios Sociales y Sociología Aplicada, era una fundación de orientación parecida al Instituto de Reformas Sociales de los primeros años del siglo XX y la Restauración reformista, pero de orientación católica con importante presencia de Cáritas en su seno.

El profesor de Miguel, que era de izquierdas sin partido, contó cómo el segundo informe Foessa de 1970 (en realidad los datos eran de 1969) fue "secuestrado" sin miramientos por el Ministerio de Información y Turismo[i]. De hecho detuvieron su distribución, arrancaron las páginas del capitulo dedicado a la política titulado "Vida política y asociativa" y luego lo distribuyeron sin una nueva paginación, con lo que en el libro podía comprobarse un salto de páginas desde la 371 a 431. 60 menos de un tocho de algo más de 1.000.

El caso era que la realidad no se conociera o fuera deformada porque los de arriba eran los que deseaban determinar cuál era la realidad social española. Como ocurre ahora, sólo que con otros arribistas en el puesto de mando, precisamente los que sustituyeron a los que mandaban manteniendo muchas de sus formas dictatoriales, formas a las que siempre se opuso Amando de Miguel pasando a ser uno de los "incómodos" del cesarismo felipista sobrevenido y luego del peperismo ya autoritario, ya inane y ahora, del sanchismo-comunismo-separatismo, sin importarle lo más mínimo colaborar con la Fundación Denaes, germen de Vox.

Otro motivo de agradecimiento es la pelea por sus hijos. No nos interesa la vida privada del profesor que, como todas, suponemos que tuvo claroscuros. Pero en su caso, como en bastantes otros, hay acontecimientos en la vida que te forman o te deforman. Ver en zona de peligro espiritual, e incluso físico, a los propios hijos es una experiencia radical que te zarandea vitalmente.

Tengo entendido, porque nunca hablé con él de lo ocurrido y de sus sufrimientos, que peleó como un jabato por salvar a sus hijos de una pendiente destructiva de cuerpos y almas. Lo haría con defectos, como todos los padres lo hacemos, pero seguramente con buena voluntad. Decía mi madre, Maruja, sabia en verdades primarias, que nunca le preguntáramos a quién preferiría llegada la ocasión, si a mi padre o a sus tres hijos. Explicaba que a mi padre lo había elegido ella libremente, pero que a nosotros no tanto. O sea. Nos quiso hasta el fin, claro, como creo que quiso Amando a los suyos.

El tercer motivo de agradecimiento es haberme admitido en ese grupo de personas que participamos en el libro en el que explicamos por qué dejamos de ser de izquierdas, que ya he mencionado. El arrojo, más que de nadie, fue de Javier Somalo, pero todos ellos podrían haberse negado a compartir capítulo con alguien como yo, que distaba mucho de estar a la altura de los demás que aparecían en su índice.

Conforme van pasando los años, se ve bien claro cómo ha sido la experiencia real y vital la que nos condujo a todos desde diversas formas de ser de izquierdas –desde la comunista a la cristiana—, a ser parte hoy de un movimiento que, despertado del sueño romántico y "gilipollas" que diría Federico Jiménez Losantos, pretende combatir cultural y políticamente todo comunismo o social-comunismo o nacionalismo por intrínsecamente perversos.

Se disfrace como se disfrace su voluntad de dominio hegemónico, todos pretenden imponer su poder y su terror –que ahora no mola pero que antes o después llega—, a todo ser humano que se le oponga sin respeto alguno por la verdad de los hechos ("si los hechos no concuerdan con nuestra teoría, peor para los hechos"). En el famoso informe Foessa de 1970, Amando de Miguel predicaba ya con pasión la observación sistemática de los hechos, no su deformación ideológica o su enterramiento.

El respeto por los hechos, esto es, por la verdad y el aprendizaje de ellos, que eso es la experiencia personal y la enseñanza de la tradición y el conocimiento, le hizo defender la realidad nacional de España hasta sus últimos días. Como otros, denunció la manipulación de la historia y de la memoria "democrática".

De hecho, en su último artículo, del pasado mes de julio, recordó con intención a "José Manuel Aizpurúa, el joven arquitecto, máximo representante del racionalismo en España, amigo de José Antonio Primo de Rivera. Fue fusilado por los meapilas del Partido Nacionalista Vasco tras el estallido de la guerra civil", siete días antes de que los nacionalistas, que tuvieron dos chekas en Madrid, se rindiesen a Franco en San Sebastián.

Ahora, que están de moda por querer "cancelar" la Constitución para beneficio político propio, bueno será recordar verdades con don Amando. De hecho, si repasan las páginas dedicadas a los "vascos" (léase nacionalistas) en su Autobiografía de los españoles (capítulo 37), se admirará su clarividencia en el análisis del apoyo social conseguido por ETA. No en vano cuenta que la primera biblioteca que vio de verdad fue la de Pío Baroja. Y recordó aquello de Azaña sobre los peneuvistas: "Al primitivismo de su raza, tardíamente incorporada a la civilización, juntan una soberbia insoportable". Y otras cosas que ahora se callan.

El último motivo de gratitud que quiero incluir en esta reflexión urgente son sus libros, más de cien, y sus innumerables artículos y colaboraciones en este y otros medios de comunicación. Al calor de esa lumbre de ideas y propuestas, de análisis y críticas, de cuestiones de hecho y cuestiones de razón, muchos españoles hemos aprendido a pensar y no sólo sociológicamente. Impagable, por ejemplo, son y han sido sus continuas defensas del español como lengua común nacional, creciente en el mundo, y como riqueza cultural, social y económica.

En su Prólogo al libro Por la normalización del español. Estado de la cuestión de una cuestión de Estado, editado por la Federación de Asociaciones por el Derecho al Idioma Común Español (FADICE) en 2001, explica la realidad que los nacionalismos pretenden eliminar por la fuerza. ¿Cuál es la lengua propia de cada uno?

La determinación es sencilla. Basta con que el interesado exprese su opinión. Si le parece difícil, recurra al recuerdo de qué lengua utiliza espontáneamente para soñar, cantar, rezar, hablarse a sí mismo. Esa es la lengua propia, tan natural como el color de los ojos… Se trata de fijar en qué lengua tiene uno derecho a recibir la enseñanza obligatoria o las comunicaciones oficiales. Es muy sencillo. Ese derecho se tiene cuando la lengua propia es una de las reconocidas oficialmente. En toda España ese derecho tendría que aplicarse al español o castellano. En las comunidades donde existen, además, otras lenguas, se les debe aplicar el mismo derecho. Pero quede claro que los derechos subjetivos son para las personas, no para las lenguas ni los territorios.

Sencillamente diáfano.

En sus Memorias y desahogos, cuenta que "los primeros recuerdos, allá por los tres años, ignoro si lo son realmente o es que me los han contado después. A esa categoría indeterminada pertenece el recuerdo de asistir a la primera escuelica (que hoy llamaríamos ‘guardería’), la de la señora Eloína, en mi pueblo de Pereruela (Zamora). ‘Escuelica’ era porque ese diminutivo se utiliza mucho en mi pueblo y porque era la antesala de la escuela nacional". Dio para mucho aquella "escuelica" que nos donó a Amando de Miguel. Gracias por todo.


[i] Creo que, por fechas, el encargado de rematar la faena tuvo que ser el opusdeista Alfredo Sánchez Bella

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