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José Antonio Monago

De los "Ositos" de Biden a los mortales de Sánchez en Israel

Surgen preguntas inevitables sobre la motivación del presidente Sánchez para respaldar la creación de un estado palestino.

Surgen preguntas inevitables sobre la motivación del presidente Sánchez para respaldar la creación de un estado palestino.
Pedro Sánchez y el primer ministro belga, Alexander de Croo en el kibutz de Be'eri, uno de los atacados por Hamás el 7 de octubre. | EFE/ Jorge Fuentelsaz

En un escenario geopolítico complejo y, en muchos aspectos, preocupante, el presidente Joe Biden expresaba su júbilo por la liberación de secuestrados por Hamás con la singular expresión de "los ositos de peluche esperan que los niños los abracen". Sin embargo, mientras la atención se centraba en este peculiar gesto, el presidente español Pedro Sánchez se veía envuelto en un inesperado reconocimiento público por parte de la misma organización terrorista.

La interrogante que surge de manera inmediata es: ¿Cómo es plausible que una organización terrorista como Hamás elogie al líder de un importante gobierno occidental? La respuesta se encuentra en las declaraciones de Sánchez en el paso fronterizo de Rafah, entre Egipto y el territorio palestino, el pasado viernes. Estas palabras actuaron como una palanca para la discordia, y Hamás no dudó en aplaudir su postura "clara y audaz". ¿Cómo no iba a beneficiar a Hamás que el líder de un gobierno europeo afirmara: "ha llegado el momento para que la comunidad internacional y especialmente la UE tomen una decisión sobre el reconocimiento del Estado palestino"?

Estas declaraciones generaron la ira de Israel, que llamó a consultas a la embajadora española en aquel país, Ana María Salomón, para lo que se anticipó como "una dura conversación de reprimenda". El ministro de Exteriores israelí, Eli Cohen, catalogó la felicitación de Hamás a Sánchez como "vergonzosas e indecorosas", destacando que no olvidarán quién respalda a una organización terrorista con más de 200 rehenes.

Ante la polvareda en las relaciones entre Israel y España, surgen preguntas inevitables sobre la motivación del presidente Sánchez para respaldar la creación de un estado palestino, especialmente después de mostrar empatía con las víctimas israelíes tras su visita al kibutz Be´eri y decir apenado "estamos sobrecogidos".

¿Es esta posición beneficiosa para España? Indudablemente, quien se beneficia es Sánchez. El presidente ha demostrado en repetidas ocasiones que actúa en interés político personal, sin titubear en cambiar de posición, por más brusco que sea el giro si ello le beneficia. En la actualidad, España se presenta como el país más pro-palestino en Occidente, respaldado por una convergencia de medios de comunicación y opiniones públicas alineadas con esta perspectiva. Así que de la pena por lo hecho por Hamás, al reconocimiento de esta. Un doble salto mortal, uno más que no beneficia a España, y que tiene por brújula decir lo que se quiere oír, y no hacer lo que conviene hacer.

La posición de Sánchez ha ganado simpatías entre una izquierda que abraza la retórica de "paz y amor" como solución a los problemas mundiales. Aunque Israel sea un aliado en la OTAN y las inversiones israelíes estén arraigadas en empresas españolas y europeas, el presidente no duda en priorizar sus intereses políticos personales. En 2022, España exportó a Israel por un valor de 2.169 millones de euros, con un crecimiento del 19,9% respecto al año anterior, y una balanza comercial positiva.

Todo esto se agrava por la condición de Sánchez, no solo como presidente del gobierno español, sino también como líder de la Presidencia del Consejo de la Unión Europea. En este complejo escenario geopolítico, las tensiones entre Israel y España plantean interrogantes sobre la coherencia y la conveniencia de las acciones de Sánchez en el ámbito internacional.

Mientras España colabora activamente en la OTAN, Sánchez se presenta como un pacifista que aboga por el reconocimiento de un Estado liderado por un movimiento terrorista, generando una disonancia en su discurso tanto a nivel nacional como internacional. La Conferencia de Paz de Oriente Medio, solicitada por el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, va perdiendo fuerza, y las inversiones planificadas por inversores nacionales e internacionales empiezan a ponerse en modo espera debido a la deriva que toma el Gobierno de España, cargado de radicalidad, y escorados a una izquierda populista y unos radicales nacionalistas que marcan la agenda, e incluso dictan leyes capitales.

José Antonio Monago Terraza

Portavoz Adjunto del Grupo Popular en el Senado

Abogado

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En Internacional

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