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Santiago Navajas

Nadie hablará de las mujeres israelíes cuando estén muertas

Por una vez, Díaz, Bellarra y Montero están de acuerdo: no hay que hablar de las mujeres israelíes cuando son violadas y asesinadas.

Por una vez, Díaz, Bellarra y Montero están de acuerdo: no hay que hablar de las mujeres israelíes cuando son violadas y asesinadas.
Irene Monteto e Ione Belarra en una manifestación pro-palestina | EFE

Vi a una hermosa mujer con cara de ángel y a ocho o diez de los terroristas golpeándola y violándola. Ella gritaba: "¡Parad, voy a morir de todos modos por lo que estáis haciendo, matadme de una vez!". Cuando terminaron se estaban riendo y el último le disparó en la cabeza.

Se reían… Lo relata Yoni Saadon, uno de los supervivientes del ataque al concierto de Supernova en Israel por parte de los asesinos palestinos. Saadon se salvó porque se embadurnó, para pasar por muerto, con la sangre de una mujer a la que dispararon en la cabeza. Todos los días le pide perdón. En sus pesadillas se le aparecen las dantescas imágenes que presenció del horror específicamente dirigido contra las mujeres. Como la que fue decapitada con una pala tras resistirse a que le quitaran la ropa. Con el de Saadon son ya varios los testimonios que relatan las violaciones en grupo y decapitaciones de mujeres. A los atacantes musulmanes les divertía especialmente disparar a las vaginas y a los rostros de las mujeres judías. Puede usted imaginar tanto los gritos de estas mujeres judías como escuchar el atronador silencio sobre su sufrimiento de las feministas occidentales en las manifestaciones celebradas en el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

Desde el 7 de octubre, cuando los terroristas de Hamás atacaron a cientos de civiles israelíes desprevenidos, buena parte de la izquierda internacional no solo no ha condenado dichos atentados, sino que ha disculpado, cuando no justificado, a los que han denominado "milicianos", "dirigentes legítimos de Gaza" e incluso "luchadores de libertad". Una muestra paradigmática es la del derrocado líder laborista Jeremy Corbyn, por sus actitudes antisemitas, que ha vuelto a confirmar su judeofobia en el programa de entrevistas de Piers Morgan cuando repetidamente se negó a caracterizar a los de Hamás como terroristas.

Especialmente grave dentro de esta ignominia de la izquierda ha sido el negacionismo respecto a la violencia sexual perpetrada por los islamistas contra las mujeres judías. La directora del centro de agresión sexual de la Universidad de Alberta, Samantha Pearson, fue despedida después de firmar una carta abierta que ponía en duda los informes sobre mujeres israelíes violadas. Al parecer, no le bastaba a una de las líderes del enésimo chiringuito ideológico al servicio del feminismo de género el vídeo de la joven alemana con las piernas rotas, violada y escupida por una multitud de palestinos. Luego fue encontrada asesinada y decapitada. Tampoco los testimonios de las violaciones y asesinatos, a veces no en ese orden, que sufrieron las mujeres israelíes siguiendo una práctica puesta en funcionamiento también por ISIS de abusar especialmente de las mujeres como una manera de hacer más daño todavía al enemigo dada su mentalidad profundamente misógina procedente del machismo más ancestral.

El uso de violaciones y asesinatos especialmente sádicos por parte de Hamás ha sido una dimensión especialmente terrible dentro de lo que ya era de por sí una infamia. Testimonio tras testimonio se revela el alcance de la campaña de violación de Hamás contra mujeres israelíes. Las pruebas recopiladas por Cochav Elkayam-Levy y su Comisión Civil presentan un panorama desolador que no deja lugar a dudas: el 7 de octubre, los terroristas de Hamás perpetraron sistemáticamente actos de violación y abuso sexual. Sin embargo, no hay prisa por reconocerlo entre el feminismo de izquierdas, para el que el antisemitismo es más fuerte que el feminismo. Entiéndalo: los que creen (de la BBC a RTVE, de Corbyn a Pablo Iglesias), que los de Hamás son "luchadores de la libertad" no pueden admitir que sean unos violadores en serie. ¿A quién van a creer, a los hechos o a sus prejuicios? Cuando la presentadora de CNN Bianna Golodryga le preguntó a la representante de UN Women Sarah Hendricks si hay alguna razón por la que no se puede denunciar específicamente a Hamás y la evidencia acumulada durante siete semanas sobre las atrocidades cometidas el 7 de octubre, ¿qué creen que hizo Hendricks? Salirse por la tangente y deplorar la violencia contra las mujeres en general, con clichés enredados en lengua de trapo. Una nueva demostración de la maldad inserta en la banalidad del bien, de la que la ONU es la más egregia institución del planeta rebosante de repugnante doble moral.

Por ello ha sido tan ensordecedor el silencio de las organizaciones feministas internacionales, al servicio del feminismo de género y socialista, respecto a estas violaciones, mutilaciones y asesinatos en masa. En España, en especial, ha sido revelador cómo las principales caras de este feminismo execrable han mirado hacia otro lado, cuando no directamente se han puesto los pañuelos palestinos de apoyo a Hamás y sus tácticas femiterroristas.

Es tal su antisemitismo, que a las únicas mujeres a las que ni creen ni protegen son a las judías (bueno, tampoco a las de derechas, pero su odio al judaísmo junto a su interseccionalidad de considerarlas "blancas privilegiadas" conduce a una discriminación y persecución mucho mayor). Incluso la ONU y su departamento sobre las mujeres se negó a reconocer, no digamos ya a protestar y condenar, la violación de mujeres violadas, lo que llevó al gobierno de Israel a mostrar un vídeo denunciándolo.

Pero el 2 de diciembre, apenas dos meses (¡solo 57 días después de las masacres!) después de la campaña de terror emprendida por Hamás contra las mujeres israelíes, UN Women, la organización de las Naciones Unidas "para la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres", se dignó publicar un tuit en el que, por fin, denunciaba la brutal violencia de los fundamentalistas islámicos.

Condenamos inequívocamente los brutales ataques de Hamás contra Israel el 7 de octubre. Estamos alarmados por los numerosos relatos de atrocidades basadas en el género y violencia sexual durante esos ataques.

Dos días después, mientras escribo estas líneas, ni Irene Montero ni Ione Belarra, se han rebajado a retuitear la condena tardía de UN Women. Es estupefaciente constatar cómo el antisemitismo furibundo de las dos estrellas del feminismo de género les impide creer y solidarizarse con las mujeres judías. Por lo que me consta, no han sido liberadas por Hamás todavía diecisiete mujeres secuestradas, trece de ellas entre los 18 y los 29 años. Mujeres que cuando dicen #MeToo ante las organizaciones feministas internacionales se encuentran con que Irene Montero se tapa los ojos, Ione Belarra cierra la boca y Yolanda Díaz se tapona las orejas. Por una vez las tres están de acuerdo en que no hay que hablar de las mujeres israelíes cuando son violadas y asesinadas, sometidas como sus antepasadas a un genocidio de violación llevado a cabo como un acto de guerra más. Mientras, sus violadores ríen. Hay muchas especies animales que ríen, pero solo está documentado que una se ría tras cometer las más atroces crueldades.

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