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Pedro de Tena

Los partidos deben estar locos, pero unos más que otros

Como se pierda Galicia, tanto Feijóo como Abascal deberán abandonar la vida política.

Como se pierda Galicia, tanto Feijóo como Abascal deberán abandonar la vida política.
El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, durante la reunión mantenida con el presidente de Vox, Santiago Abascal. | EFE

Como los dioses aquellos de la película original de hace más de cuarenta años. No les ha llegado del cielo una botella de Coca-Cola para liarla parda como le ocurrió a aquellos bosquimanos. Partido viene de parte, sea cual sea el tronco elegido para su significado. Ya sea en temas judiciales, en temas clínicos, en temas políticos e incluso en temas habitacionales o deportivos, partido cobra sentido desde la parte. María Moliner aporta que hay partidos robados, que son los que no respetan las reglas del juego de azar y dan ventaja a una de las artes.

La democracia liberal es un sistema de partidos, pero en ella caben los que creen en ella y respetan sus reglas de funcionamiento y también, los que no la soportan y sólo la utilizan para destrozarla a la primera oportunidad. Estos partidos que roban a la democracia son todos aquellos que tienen una raíz marxista, la que sea, y los partidos nacionalistas, los que sean. Unos creen que su "ciencia" histórica es la única que tiene derecho a imponer normas y otros creen que son superiores por razones de raza o de origen y pretenden hacer lo mismo.

Aquí vemos todos los días cómo la izquierda y los separatismos en su conjunto participan en un plan coordinado para cargarse la nación española porque no se sienten parte, que es lo que son, sino que aspiran a serlo todo, de totalitario. Desde dinamitar el poder independiente de los jueces a impedir la enseñanza en español, desde matar a ciudadanos españoles al estilo Arana (que se ahoguen los que hablen español, dijo el católico Sabino) o valientemente por tiro en la nuca, a acosar a adversarios en la calle o en su casa. Que todo esto quepa en una democracia liberal habría que mirarlo mejor, porque no se entiende demasiado que una asamblea de gallinas permita la entrada de zorros en sus parlamentos.

Que Fernando Savater sea despedido por el arruinado grupo Prisa, que haya un ministro de Cultura que quiere "descolonizar" los Museos, que una vicepresidenta señale por prevaricación a un juez sin pruebas, que otra imponga a los empresarios lo que se le va ocurriendo, que otra ministra diga que los hijos no son de los padres, que el Congreso se convierta en un mercado abyecto donde los votos se pesan en dinero, que el infame Borrell diga que Israel inventó a Hamás, terrorismo que aplaude a su jefe, que se proponga la concesión de embajadas a ministras demostradamente incapaces y perniciosas…

Podría seguirse porque si se hiciera un memorial de barbaridades y agravios perpetrados contra la democracia, la igualdad, la libertad, la verdad y la dignidad de los ciudadanos en estos últimos años, Petete y su libro serían pulgas al lado de la enciclopedia de ocurrencias, locuras (lo de la Ley del sí es sí daría para algunos tomos) e iniquidades, empezando por la A de amnistía para golpistas y prófugos.

Pero permítanme que hoy les hable de los otros partidos que, en lugar de zurcir sus vergüenzas para enfrentarse al monstruo sanchista y antiespañol se empeñan en hacerse rotos cada vez más grandes, cada vez más insalvables y cada vez más estúpidos para la mayoría de españoles que los quieren votar para botarlo. Su demencia política y moral les impide comprender cuánto daño están haciendo a esta nación.

Por si fuera poco, ahora se anuncia otro partidito ratón. Parecen no comprender que estamos en uno de los momentos más críticos de la historia de España. Partidos con demasiado poder y privilegios han perdido su Norte, que no es otro que servir a la mayoría de los españoles que no quieren soportar lo que están soportando.

Hace un año fuimos en familia a Madrid a la manifestación por la democracia, por España la Constitución. Núñez Feijoo ni fue. Santiago Abascal sí, como Rosa Díaz, María San Gil, Jaime Mayor Oreja, Ciudadanos, el despedido Savater y otros muchos que llegamos desde todos los rincones de España, pero la división era patente. Ni siquiera para aquel acto fueron capaces de aparecer unidos. Nos desanimamos. Y así siguieron navajeándose hasta que, de disponer de una sólida mayoría absoluta en las encuestas, se estrellaron y nos estrellaron el día 23 de julio de 2023.

Ahora, en unas semanas, elecciones gallegas, decisivas para España y decisivas para el propio Feijóo. Las encuestas dan por ahora al PP mayoría absoluta por la mínima con subida del sanchi-comunismo-separatismo. Pero, ¿qué pasará si se pierde por la terca estupidez de no formalizar una estrategia electoral conjunta que conduzca a una lista única pactada y coaligada? ¿Es que no han tenido tiempo de forjar un acuerdo? ¿Es que no hay nadie en estos partidos que recuerden a sus dioses internos cada vez más locos que los que sufren las consecuencias de sus ineptitudes somos todos los ciudadanos españoles que queremos que se acabe el atentado contra la nación y la Constitución que estamos sufriendo?

Como se pierda Galicia, tanto Feijóo como Abascal deberán abandonar la vida política. Lo pido desde ahora. Y si no son capaces de unir fuerzas para las elecciones vascas de esta primavera y triunfa un gobierno sanchietarra, les recomiendo el exilio interior perpetuo. La bicoca-cola de la que bienviven es nuestra, ni de los dioses ni de ellos. Respeten, coño.

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