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José T. Raga

¿Causa bastante para inhabilitación?

¿Puede alguien pretender como objetivo, no favorecer a alguien o a algo, sino ir contra, en este caso, de las empresas?

¿Puede alguien pretender como objetivo, no favorecer a alguien o a algo, sino ir contra, en este caso, de las empresas?
La vicepresidenta segunda de España, Yolanda Díaz, participa en el coloquio 'Derechos laborales para un mundo en transformación' impartido en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en Ciudad de México (México). | EFE

Aquí nunca pasa nada. O, nunca pasa nada de lo que debería pasar, porque pasar, pasan muchas cosas que si se pidiera opinión, encontrarían el rechazo más contundente.

Situémonos en el ámbito de la esfera política y en sus múltiples protagonistas, y encontraremos, aunque sólo sea por cálculo de probabilidades, un escenario en el que hay buenos y malos, trabajadores y holgazanes, honestos y corruptos…

En ese escenario ¿alguien tiene información de que alguno de ellos, haya sido defenestrado, del puesto y dignidad que ostentaba, por incapacidad, por conducta impropia, por corrupción, en lugar de cambiar de cargo? Es decir ¿conocen a alguien que haya sido inhabilitado por mal ejercicio público? Al margen quedan los condenados por sentencia firme, y aún así con condiciones.

Supongo que estamos todos de acuerdo en que la misión de un ministro del gobierno de España, es trabajar para mejorar la vida de los españoles, de todos, siendo sus resultados, el exponente del cumplimiento. Pues no todos piensan lo mismo.

Algunos, en este caso, me refiero a la vicepresidenta y ministra de Trabajo, señora Díaz, que se ha permitido pregonar, como objetivo de su mandato, que prepara una batería de medidas –supongo que políticas– contra las empresas. ¿Puede alguien –ministro, vicepresidente, o simple empleado público por designación– pretender como objetivo, no favorecer a alguien o a algo, sino ir contra, en este caso, de las empresas?

¿No se le debería inhabilitar, para impedirle que cumpla tan nefasto objetivo? El presidente del gobierno debe estar viajando, o ha enmudecido, obsequiándonos con su silencio. Es lo que pasa cuando uno es communismlover.

En ese programa ha debido nacer, la subida del salario mínimo interprofesional (SMI): un aumento de costes empresariales, que conducirá a un ajuste de plantillas, incrementando el paro de los menos productivos. El balance parece claro: mal para la empresa, mal para el trabajador y, quizá, bien para el ego de la Ministra.

Otro juguete, con el que parece que anda ahora entretenida, es con la reducción de la jornada laboral, sin reducción del salario. También ha alumbrado una nueva tesis, afirmando, sin rubor, que a menos horas trabajadas, mayor producción. No sonrían, por favor, aunque sólo sea por respeto humano.

En lo que creo que no se ha molestado, es en comprobar la evolución de la productividad del trabajo en España –tanto por trabajador como por hora trabajada– porque, habría comprobado que, desde que gobierna el señor Sánchez, la productividad por trabajador ha disminuido por debajo de la del año 2017, permaneciendo estancada hasta el momento presente.

La señora Díaz, pretende, según dice, que el trabajador salve la vida –ahí creo que se ha pasado–, que tenga tiempo para el ocio, pero que se lo pague la empresa. Y, cuidado, porque también quiere intervenir/disponer sobre medidas fiscales.

El problema de estas medidas/ocurrencias es que, la señora ministra no tiene nada que perder, como tampoco tienen algo que perder sus sindicatos; sus ingresos proceden del presupuesto público.

¡Qué distinto sería si los sindicatos vivieran de las cuotas de sus afiliados, y los ministros fueran inhabilitados!

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