Menú
Pedro Gil Ruiz

'Expediente Isidoro': frenar al comunismo en España (II)

El apoyo del Gobierno socialdemócrata alemán al PSOE es político, financiero y organizativo. Pero va más allá.

El apoyo del Gobierno socialdemócrata alemán al PSOE es político, financiero y organizativo. Pero va más allá.
Felipe González bajando de un avión. | Archivo

"A la socialdemocracia alemana le saldrá cara la campaña del PSOE". La noticia se publicó en la segunda página de Diario16 del 4 de febrero de 1977. Diana Negre, la corresponsal en Bonn, preguntaba al ministro Federal de Investigación y Tecnología por el coste para el SPD del apoyo electoral al PSOE, Hans Matthöfer le respondió: "Esa es una pregunta indecorosa, pero costará más de lo que el PSOE está dispuesto a confesar".

El ministro Matthöfer sabía de lo que hablaba. Él había sido el socialdemócrata alemán que más decididamente apoyó en sus inicios al grupo de renovadores del PSOE. Él es quien acompaña —en diciembre de 1976— a Willy Brandt al XXVII Congreso de un todavía ilegal PSOE, que el Gobierno de Suárez permite que se celebre.

Él es quien agradece a Emilio Garrigues Díaz-Cañabate, embajador de España en la República Federal de Alemania en 1975, "el trato actual de tolerancia [del Gobierno de Carrero Blanco] hacia el PSOE", tras afirmar que "es la mejor protección contra el comunismo".

Alerta por la estabilidad del sur de Europa

"¿Le preocupa la situación actual en Europa?". El 13 de octubre de 1974, el New York Times publica la entrevista que el periodista James Reston ha realizado al secretario de Estado Henry Kissinger. Le pregunta por su opinión acerca de lo que está pasando en Portugal; de la inestable situación en Italia, donde el PCI tiene un apoyo electoral del 35%; por la escalada de tensión en Chipre que afecta a dos miembros de la Alianza Atlántica, Turquía y Grecia —este último había salido de la estructura militar de la OTAN—. "Seguramente, afirma el periodista, desde el punto de vista de Moscú, esto parece el cumplimiento de su profecía sobre las contradicciones internas del mundo occidental".

"Uno de los problemas de las sociedades occidentales es que están básicamente satisfechas con el statu quo —responde Kissinger—, lo que venga después es tan incierto, y realmente carecemos de una filosofía para dar forma a una nueva evolución política, que uno tiende a dejar las cosas como están".

Comprender las realidades del comunismo

No eran de esta opinión los socialdemócratas alemanes. El SPD sí tiene una política para intentar evitar que el comunismo gane influencia en el sur de Europa. Willy Brandt, nombrado presidente de la Internacional Socialista, alerta en su primer discurso: "Nuestro objetivo no puede ser difuminar las líneas divisorias ni pasar por alto los peligros. Al contrario: hay que comprender las realidades del comunismo de finales del siglo XX. Los que luchan contra fantasmas pierden de vista al adversario real. No nos enfrentamos sólo a Moscú y Pekín y a las variantes de un comunismo nacional. También lo hacemos a ese fenómeno que, de forma vaga y ambigua, se denomina eurocomunismo".

Lo que está sucediendo en Portugal acelera los planes para España. Las decisiones preventivas ya han comenzado con Carrero Blanco: tolerar los primeros movimientos del socialismo democrático y debilitar al PCE.

Una transición controlada

El Gobierno alemán entendió que, para evitar un colapso de la dictadura de Franco similar a lo sucedido en Portugal, había que facilitar una transición controlada desde arriba y vio en la figura del rey Juan Carlos la garantía para ello.

Un informe del ministerio de Asuntos Exteriores de la RFA sobre la defensa contra el avance comunista en el Mediterráneo, fechado el 16 de septiembre de 1975, recomendaba la adopción de medidas para evitar que la ventaja organizativa del PCE sobre las demás formaciones democráticas llegara a consolidarse. La no legalización del PCE, en una primera fase, debería verse acompañada "de una acción moderadora de los partidos democráticos alemanes sobre sus correligionarios de la oposición antifranquista". Se trataba de evitar radicalismos a la muerte de Franco. "El intento de revertir a posteriori el resultado de la guerra civil o una exigencia de libertad inmediata y total, podría llevar a una evolución a la portuguesa", que era lo que se trataba de evitar a toda costa, señalaban los analistas del Auswärtiges Amt, el ministerio de Exteriores.

Conforme a esta estrategia, el apoyo del Gobierno socialdemócrata alemán al PSOE es político, financiero y organizativo. Pero va más allá. Condiciona totalmente el discurso de los socialistas españoles. Evita su radicalización y consigue que se margine al sector marxista de la organización. Fuerzan un distanciamiento del PCE. Lo mismo sucede con UGT y la "unidad sindical".

"Made in Germany"

La presión fue eficaz. Sus detalles los sugiere Dieter Koniecki a la dirección del SPD tras el XXVII Congreso socialista. Al grupo dirigente se le hace saber que su relación privilegiada puede resentirse si no moderan el discurso. Pablo Castellano recuerda que fue Koniecki quien exigió a Nicolás Redondo la ruptura con CCOO. Se suceden las noticias en la prensa española: "el SPD confía que el PSOE modere su radicalismo marxista"; "Willy Brand califica de disparate que le hayan pedido a los socialistas españoles que rompan con el PCE y está seguro que Gobierno y oposición van a entenderse".

El PSOE de 1976 es un producto de diseño "made in Germany". La inteligencia política de Felipe González y Alfonso Guerra es la de quien sabe acomodarse.

Ese es el "socialismo bueno". No duró mucho. El espejismo comenzó a desvanecerse cuando, tras perder las elecciones de 1996, el nuevo secretario general del PSOE, Joaquín Almunia, pacta un acuerdo de gobierno con Paco Frutos, secretario general del PCE y coordinador de IU. Concurrieron a las elecciones generales de 2000 y se apuntaron el peor resultado de la izquierda [perdieron tres millones de votos y bajaron de 163 a 133 diputados], el PP de Aznar alcanzó la mayoría absoluta. Después vinieron Zapatero y su Mini yo Sánchez.

El acuerdo de Mannheim

Recordemos a Dieter Koniecki. Está sentado en la habitación de su hotel después de haber recorrido las provincias donde, pese a su irrelevancia, hay alguna presencia socialista. Redacta un informe. Cumple con el acuerdo tomado el 15 de noviembre de 1975 por González, Guerra y Manuel Chaves y por los ministros alemanes Egon Bahr y Hans Matthöfer. Se habían reunido en la ciudad de Mannheim para diseñar la estrategia de apoyo al PSOE. También asisten Günter Grunwald, director ejecutivo de la Fundación Friedrich Ebert y el propio Koniecki.

Dieter, sorprendido de la precariedad del PSOE y conocedor de la potente organización clandestina del PCE, detalla su petición: apertura de despachos laboralistas que serían la cobertura legal de los aparatos provinciales del PSOE y la UGT. Calcula un coste de entre 70.000 y 80.000 pesetas para cada una de ellas. El objetivo es contar para mediados de 1976 con 46 comités provinciales con un responsable de organización a tiempo completo y una secretaria a media jornada; aumentar el número de liberados: de 10 a 50; financiar las oficinas centrales del partido y el sindicato, con un coste inicial de 1.500.000 pesetas. Según el trabajo del investigador Antonio Muñoz Sánchez, Koniecki estima que el sostenimiento de todo el esqueleto del PSOE requerirá unos 100 millones de pesetas.

"La prioridad absoluta está en la expansión territorial del PSOE. No debe existir ningún obstáculo para la ejecución de nuestro proyecto de creación de una estructura mínima del partido" escribe Dieter en un segundo informe, fechado en marzo de 1976.

A esta prioridad hay que añadir la organización de seminarios de formación, con un coste estimado de 15 millones de pesetas y la financiación de cursos en Alemania para funcionarios del PSOE.

"El dinero lo controlo yo"

Ya apuntaba maneras el PSOE cuando sugiere que sea la Comisión Ejecutiva Federal quien reciba y distribuya el dinero de los amigos alemanes. Dieter Koniecki, que era un hombre de expresión simpática, en una mirada que te escudriñaba, rechazó la idea y les sugirió que creasen una fundación para asegurar la necesaria discreción en la llegada de fondos. El PSOE aprueba en diciembre de 1976 la puesta en marcha de la Fundación Pablo Iglesias que, como todo en aquellos años —gastos, local y actividades— van a la cuenta de la Fundación Ebert.

Koniecki puso en marcha un procedimiento de pago muy controlado: "Sólo Felipe González y Alfonso Guerra conocen los detalles… El resto de los miembros de la ejecutiva del PSOE están al corriente de nuestra 'contribución solidaria', aunque desconocen su volumen y forma. Una suerte de 'comisión revisora' examinará antes del congreso la contabilidad de la Ejecutiva. Esta Comisión está obligada a guardar silencio… He tratado estos detalles administrativos con mucho detalle para hacer visible que entre el partner y nosotros se exige el máximo cuidado y discreción, condición necesaria para este no poco delicado ámbito del trabajo común." Informe de Koniecki sobre su actividad en Madrid entre el 28 de enero y el 20 de marzo de 1976. Citado por Antonio Muñoz Sánchez.

El Falcon de Felipe

"El sábado Felipe González dio mítines en Pamplona y Avilés: el domingo en Bilbao y Málaga. Sólo en el fin de semana recorrió 2.500 kilómetros. Este ritmo lo hace posible un pequeño avión reactor de diez plazas. Junto al líder viajan el organizador de la campaña, Julio Feo y la responsable de la oficina de prensa del partido, Helga Soto".

El pequeño reactor es un Hawker Siddeley HS-125-600b, fabricado por la británica Havilland Aircraft. Lo alquilaba la empresa Alpa Aerotaxi, que tenía la sede central en el aeropuerto de Sondica.

Continuará…

Temas

En España

    0
    comentarios