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EDITORIAL

La degradación de la tercera autoridad del Reino de España

Tal cúmulo de irregularidades hace que la posición de Armengol al frente de la presidencia del Congreso resulte ya insostenible.

Mientras Ábalos se aferra a su escaño a la espera de una posible imputación que, si logra aguantar, tendría que sustanciarse ante el Tribunal Supremo, seguimos conociendo nuevos hechos en relación con la trama de corrupción orquestada por su hombre de confianza, que afecta a personajes importantes del socialismo como la presidenta del Congreso de los Diputados, Francina Armengol.

Según publica el diario El Mundo, Armengol otorgó 4 millones de euros al asesor de José Luis Ábalos para comprar mascarillas a través de un encargo meramente verbal realizado cuando era presidenta de la Comunidad Balear. A lo irregular del procedimiento utilizado para conceder semejante cantidad de fondos públicos se suma la falta de capacidad de la empresa elegida, una advenediza en el mercado de los suministros sanitarios que no hubiera podido acceder a ninguna licitación oficial si estas se hubieran llevado a cabo aplicando las normas establecidas en la vigente Ley de Contratos del Sector Público. Sobre la gravedad de una decisión como la adoptada por Armengol para favorecer a la trama corrupta vinculada a su compañero José Luis Ábalos, cabe recordar que el antecesor de Armengol en las Baleares, el popular Jaume Matas, fue condenado a casi cuatro años de cárcel por contratar también a dedo al yerno del Rey, Iñaki Urdangarín.

No parece que Francina Armengol esté dispuesta a dar las debidas explicaciones sobre sus favores a la trama corrupta del ministerio de Transportes. Tampoco las dio durante su etapa como presidenta del gobierno balear, cuando estalló el escándalo de los abusos a menores tuteladas, lo que ayudó sin duda a que perdiera las siguientes elecciones. Con ese perfil, jalonado de fracasos y corruptelas, no es de extrañar que Sánchez la recuperara para convertirla nada menos que en la tercera autoridad del Estado, por detrás del Rey y del presidente del Gobierno.

Su gestión al frente de la presidencia del Congreso de los Diputados no ha mejorado su currículum, sino todo lo contrario. Con ella en el Hemiciclo desapareció cualquier viso de neutralidad institucional para favorecer a los separatistas, a los que ha llegado a permitir el señalamiento de jueces, periodistas y policías desde la tribuna de oradores sin ni siquiera una llamada al orden.

A esta degradación continua del parlamento, convertido por Armengol en una maquinaria al servicio exclusivo de Sánchez y sus urgencias políticas, se añade ahora la grave sospecha de haber beneficiado a la trama de las mascarillas con contratos ilegales, orquestados de forma precipitada y sin pasar por los controles jurídicos establecidos al efecto. Tal cúmulo de irregularidades hace que la posición de Armengol al frente de la presidencia del Congreso resulte ya insostenible. De hecho, debería unir su destino al de su compañero Ábalos y pasar ambos al Grupo Mixto, hasta que los ciudadanos los expulsen a los dos de la política.

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