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Mariano Yzquierdo Tolsada

Jurista de 'desconocido' prestigio

Ni siquiera cuando se oponía a la amnistía lo hizo con datos ciertos. Ya la tenemos, presidiendo el más importante órgano consultivo del Gobierno de este país.

Ni siquiera cuando se oponía a la amnistía lo hizo con datos ciertos. Ya la tenemos, presidiendo el más importante órgano consultivo del Gobierno de este país.
Carmen Calvo | Archivo

Lo han vuelto a hacer.

Han vuelto a nombrar Presidenta del Consejo de Estado a una persona de la que no diré que tiene "conocido desprestigio", pero sí, desde luego, que es de "desconocido prestigio", algo que probablemente no es lo mismo, pero que seguramente suena mejor. Lo han hecho de nuevo incumpliendo de plano el artículo 6 de la Ley Orgánica 3/1980, de 22 de abril, que dice a las claras: "El Presidente del Consejo de Estado será nombrado libremente por Real Decreto acordado en Consejo de Ministros y refrendado por su Presidente entre juristas de reconocido prestigio y experiencia en asuntos de Estado".

Y lo han hecho muy pocos meses después de que el Tribunal Supremo decidiera en su sentencia de 30 de noviembre de 2023 que doña Magdalena Valerio es una persona con incontestables méritos y experiencia en asuntos de Estado, pero no una jurista de reconocido prestigio. Se trata de dos requisitos diferentes, y no cabe idear una suerte de vasos comunicantes para que se den por cumplidas las dos condiciones por el hecho de que una sola de ellas merezca un juicio indiscutiblemente positivo. Se puede haber sido jefa de Negociado de Personal en el INSERSO de Guadalajara o subdirectora de Gestión Económica y Administrativa y secretaria provincial en el INSALUD de la misma provincia, y se puede haber sido teniente de Alcalde, y varias veces Consejera de la Junta de Castilla-La Mancha, y presidenta de la Comisión de Seguimiento de los Acuerdos del Pacto de Toledo, y hasta Ministra de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social. Se puede, en fin, tener sobrada experiencia en asuntos de Estado.

Pero eso no es lo mismo que ser autor de varias docenas de publicaciones científicas, ni es lo mismo que haber dirigido obras colectivas o en colaboración, haber evacuado dictámenes jurídicos o asesorado a un Grupo Parlamentario en la preparación de una Proposición o Proyecto de Ley, haber dado centenares de conferencias en Universidades españolas y extranjeras o ser miembro de una Real Academia. Reconocido prestigio tiene quien, como jurista, es reconocido como tal en la comunidad.

Ante el rotundo éxito que la sentencia que anulaba el nombramiento tuvo para el Estado de Derecho, el señor Bolaños trató de tapar su cabreo acompañando sus palabras con ese movimiento circular de manos tan propio de Barrio Sésamo que él tiene, negando la legitimación de la Fundación Hay Derecho: "Es la primera vez en la Historia que la Justicia invalida un nombramiento realizado por el gobierno, y además a petición de una denuncia de una institución privada".

Pero lo han vuelto a hacer. Sientan a Carmen Calvo en la silla que ocuparan, a lo largo de cinco siglos, personalidades como Francisco Martínez de la Rosa, Antonio María de Oriol, Fernando Ledesma, Antonio Jiménez Blanco, Iñigo Cavero, Francisco Rubio Llorente, Antonio Hernández Gil, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, Tomás de la Quadra-Salcedo, Landelino Lavilla. Lo han vuelto a hacer.

Con un par.

Pero lo mejor fue la respuesta de Calvo en la Comisión del Congreso de los Diputados que la puso frente al espejo. No importa que su Tesis Doctoral tuviera una calificación de medio pelo o que ni siquiera haya sido publicada, no importa que ella no sea autora de ningún libro o que no tenga ninguna publicación en la Revista Española de Derecho Constitucional, ni en la Revista de Estudios Políticos, ni en Teoría y Realidad Constitucional…, sino solo varios artículos divulgativos en la revista de la Fundación Pablo Iglesias, en la revista del Camino de Santiago o tal vez en la gacetilla de la parroquia de los Remedios de Cabra. No importa que no se haya prodigado en conferencias en España o en el extranjero. No importa que solamente haya codirigido una Tesis. No. Lo que pasa es que la Universidad española está llena de juristas varones que no la han dejado prosperar.

Qué cosas. En una Universidad como la española, en cuyas Facultades de Derecho se cuentan por centenares las juristas espléndidas, que junto a su docencia espléndida publican libros espléndidos o dirigen espléndidas obras en colaboración, los machos hemos estado ciegos ante una divinidad refulgente. La de quien decía aquello de que "como soy muy tomista, me gusta meter el dedo en la llaga" (al parecer, da lo mismo Tomás de Aquino que Tomás de Galilea). La misma que decía que "estamos manejando dinero público, y el dinero público no es de nadie", "el español está lleno de anglicanismos", "yo le llamaré senador, pero nunca le llamaré Pixie ni Dixie", "Nueva York, Madrid, Teheran y Pekín están casi en línea recta", "Deseo que la Unesco legisle para todos los planetas". La misma que decía que: "Un concierto de rock en español hace más por el castellano que el Instituto Cervantes" o, ya en el campo de lo que dicen que es experta, la que dijo que: "Nuestra Constitución no recoge la igualdad entre hombres y mujeres como lo hacen otras constituciones".

Ni siquiera cuando se oponía a la amnistía lo hizo con datos ciertos. Fue hace poco —naturalmente, antes de las elecciones del 23 de julio— cuando dijo en Onda Cero que "la amnistía está prohibida en todas las democracias y ninguna democracia contempla las amnistías". Parece ser que a tan eximia jurista, de tan reconocible y reconocido prestigio en el Derecho constitucional patrio, el heteropatriarcado de las Facultades de Derecho no le han permitido consultar todavía el artículo 79 de la Constitución italiana, el artículo 34 de la de Francia o el 161 de la portuguesa.

Hasta Don Enrique Santiago ha dicho que es una jurista de reconocido prestigio. Pues entonces será verdad. Ya la tenemos. Presidiendo el más importante órgano consultivo del Gobierno de este país.

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