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David Vinuesa

Echar a Simeone del Atlético me convertiría también a mí en Henry Cavill

Viendo la actitud de la directiva colchonera en los últimos años, nada invita al optimismo cambies lo que cambies.

Viendo la actitud de la directiva colchonera en los últimos años, nada invita al optimismo cambies lo que cambies.
Echar a Simeone del Atlético me convertiría también a mí en Henry Cavill

Soy muy fan de la ciencia ficción. De hecho estoy deseando ir a ver Dune 2 a los cines. Es un género donde cabe prácticamente de todo. Incluso se podrían hacer películas sobre fútbol ficción, un género al que los periodistas y aficionados jugamos mucho y, seamos sinceros, siempre lo llevamos a nuestro propio beneficio. Yo incluido. Lo que pasa es que la experiencia es un grado a la hora de imaginar futuros y yo he visto a muchos Atléticos. De todo tipo. En el infierno y en el cielo. Y si tuviese que jugarme una mano a que sin Simeone el club apostaría, como dicen algunos, por un Atlético más ambicioso, tardo en salir corriendo un segundo con mi mano bien guardada para no perderla.

Por supuesto que en el capítulo de culpables de lo que le pasa al Atlético, incluyendo la humillación histórica de anoche, Simeone es personaje principal. No secundario. Principal. Es el líder de la nave y como tal es el primero que debe dar la cara. Ojo, pausa. Presten atención a lo que acabo de poner. Sí, es una crítica a Simeone. Sí, le estoy otorgando un grado alto de culpabilidad. Perdón por la pausa, pero como los hay que, depende lo que pongan, no saben leer... en fin, sigamos. Simeone es culpable, sin embargo, a mí no me engañan. A mí no me van a colar el ‘invent’ de que echando al Cholo, todo se soluciona.

Escuchando lo que escucho y leyendo lo que leo, me da la sensación de que la culpa de que mi físico no sea el de Henry Cavill en Superman podría ser culpa también del Cholo. Es más, es posible que si el argentino se fuese del Atlético, yo al día siguiente tuviese los músculos de Henry Cavill. Puestos a imaginar... Es la sensación que me da, porque puestos a imaginarse futuros alternativos en los que la directiva del Atlético, sin el Cholo, pasase de ambicionar solo el cuarto puesto o fichar a coste cero, a un club que fichase a Mbappé y montase la mundial cada vez que no se gana la Liga, pues cojo y me imagino a mí como Superman. Les aseguro que hay tantas opciones de lo primero como de lo segundo.

Les recuerdo que el Atlético es un club que cuando ha sonado levemente la posible marcha del Cholo, los nombres que han salido sobre la mesa no han sido los de Klopp o Guardiola. No, han sonado Marcelino o Pioli. Les recuerdo que el pasado verano el Atlético ficha a coste cero jugadores de más de 30 años y tiene la fama de "vender antes de comprar", cosa que incluso deja de hacer a veces como pasó hace unos meses. Gil Marín prometió fichar si vendían a dos jugadores. Se fueron Carrasco y Joao y no vino nadie. Siendo todo esto así, con promesas al viento y bajadas al vestuario a dar la charla solo cuando son quintos digo claramente y gritando si es necesario, aunque me lluevan palos, que Simeone debe quedarse.

Me da exactamente igual lo que me digan porque conozco perfectamente al Atlético de Madrid. Conozco perfectamente al club. Sé cómo se comporta en las buenas y sé cómo se comporta en las malas. Y como lo sé, no me creo los futuros maravillosos que algunos diseñan en su mente con la llegada de un gran entrenador, fichajes de relumbrón y un cambio bestial en la ambición del equipo. No me lo creo. Por eso, vuelvo a repetir: Simeone debe quedarse.

Puede que alguien imagine que sin Simeone, la directiva del Atlético se suelte la melena. Puede que piensen que con otro entrenador, el club gastaría el sueldo del Cholo en jugadores y no en meterlo en el cajón. Puede que piensen que echando al Cholo, Saúl volvería a ser el de 2017, Giménez no tendría 100 lesiones, Savic renacería, Nahuel se convertiría en Cafú y que, de paso, el verano que viene el Atlético pescaría en equipos como Liverpool, Inter o Bayern de Múnich. Yo no me lo creo y el pasado y presente en los despachos del club rojiblanco avalan mi pensamiento. ¿Juego a fútbol ficción? Si, pero al menos lo hago con la realidad del club, no jugando al modo carrera del FIFA como si esto fuese la Play Station. Si alguien quiere pensar lo contrario, adelante. Yo, repito, también puedo pensar en convertirme en Henry Cavill mañana mismo y no va a pasar.

El Atlético tiene un problema principal y a partir de ahí están Simeone, plantilla y afición. El problema principal es que el dueño del barco pone parches a las velas para que, con suerte, no se venga a pique. Es un canto al sol constante sostenido por, adivinen, Simeone. Si el Titanic hubiese sido colchonero, el club vería el vaso medio lleno porque, "bueno, tampoco pasa nada, si tenemos aún otros barcos parecidos y las cuentas cuadran". Porque así es el Atlético institucionalmente. En otros clubes, si el equipo se tira todo el año sin ganar fuera de casa o tres años consecutivos viéndolas venir, el dueño bajaría a dar un toque de atención. En el Atlético, no. En el Atlético solo se baja a ver qué pasa si son quintos y hay peligro de que no cuadren las cuentas. Y lo más peligroso de todo es que dentro de este Titanic continuo, hay gente que no entiende que Simeone siempre ha sido de los pocos botes salvavidas que había en cubierta.

Mientras ocurre todo esto alrededor del Cholo, los jugadores viven tranquilos. Aquí no pasa nada. Papá Gil Marín solo baja si son quintos. Mamá Simeone tampoco regaña nunca. ¿Resultado? Al niño le quedan dos, pasa de curso y a disfrutar del verano. Y si te descuidas, algunos cogen y te piden más dinero porque si no se van. Alucinante. Y así seguirá el Atlético. Con o sin Simeone. Un Titanic con pocos botes salvavidas o sin ninguno. Pero oye, que puestos a imaginar, yo sigo a lo mío: echar a Simeone del Atlético me convertiría también a mí en Henry Cavill.

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