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Mario Garcés

El extraño caso del doctor Ábalos y Mister Koldo

Ábalos no es un ingenuo ni un párvulo político. Se equivocan quienes lo minusvaloran porque tiene muchas alforjas llenas de recuerdos y de favores.

Ábalos no es un ingenuo ni un párvulo político. Se equivocan quienes lo minusvaloran porque tiene muchas alforjas llenas de recuerdos y de favores.
Koldo García, detrás del exministro José Luis Ábalos | Archivo

Tras el esperado discurso del ciudadano Ábalos en el Congreso de los Diputados, nada puede ser igual. Entre la morbidez victimaria de un hombre abandonado a su suerte, el ultrasonido inaudible de una amenaza latente dirigida a la famiglia socialista y un alegato elaborado por tercero especializado en la gestión económica del sector público, Ábalos se retrató. A pesar de su exagerada propensión al torrentismo fisiológico, el doctor Ábalos no es un ingenuo ni un párvulo político en ciernes. Se equivocarían, pues, quienes lo minusvaloraran porque, bregado como buen hijo de torero, tiene muchas alforjas llenas de recuerdos. Y de favores, porque la política, a siniestra y a diestra, es el arte de traficar con la información. Es justo reconocer que el papel de agraviado plañidero no le encaja, ni siquiera en una comedia de enredo, por lo que haría bien en ajustar sus registros a lo que realmente es: un político profesional que ha vivido de esto toda su vida. Al fin y al cabo, como la inmensa mayoría de los diputados en la Carrera de San Jerónimo.

Respecto a la parte emocional del discurso, no seré yo el hermeneuta de las pasiones y de las tribulaciones del doctor Ábalos. Ignoro qué hay de verdad y qué hay de mentira en el sentimentalismo del solitario diputado. Como la política se ha convertido, se mire por donde se mire, en un tráfico lícito y hasta ilícito de fidelidades personales y de mediocridades asociadas para sobrevivir, las palabras de Ábalos deben interpretarse en ese obsceno contexto. Hay en esas frases una advertencia con sordina hacia los ingratos, entendida la ingratitud en el peor sentido de la política gregaria, y una intimidación a otra técnica del político profesional que es la de "tirar de la manta". Lo honesto es "tirar de la manta" cuando duermen todos juntos, porque "tirar de la manta" después es un ejercicio de venganza extemporánea. Por cierto, para los socialistas navarros que no andan prestos actualmente de formación ilustrada, la expresión "tirar de la manta" es de origen tudelano. La versión más extendida es que la locución empezó a usarse en Tudela en el siglo XVII, en el interior de cuya catedral pendía una gran manta que contenía nombres de conversos judíos.

Podría continuar esta pieza con referencias, más o menos inspiradas, sobre el doctor Ábalos y mister Koldo, pero probablemente nada añadirían a lo que se ha escrito estos días. Por eso, y porque nadie lo hace con rigor, habrá que detenerse en la parte del discurso técnico que, redactado con casi toda seguridad por un ex colaborador del Ministerio, apenas ha sido objeto de análisis. Pues bien, esa parte del discurso contiene afirmaciones que son ciertas, de la misma manera que hay omisiones deliberadas, allí donde el diputado del Grupo Mixto podía resbalar. Es más, esa parte de su intervención en sede parlamentaria tiene una aroma de exculpación funcionarial, que lleva a pensar que todavía hay algún empleado público o alto cargo al servicio del ex Ministro. Detengámonos, así, en algunas de esas afirmaciones:

1. El doctor Ábalos afirma que desconocía lo que hacía míster Koldo. Es evidente que es una afirmación de parte que puede ser verdad o mentira, y que las evidencias materiales de la investigación irán poniendo a cada uno en su sitio. Podría ser cierto, aunque harto improbable, que no supiera el diputado acorralado lo que hacía el aizcolari navarro. Y hasta podría ser así, porque hay quien con su mano izquierda no sabe lo que hace con su mano derecha. "Siempre tengo miedo de preguntar; me parece una cosa del Día del Juicio. Se empieza con una pregunta, y es como mover una piedra: vos estáis tranquilo arriba en el monte y la piedra empieza a caer, desprendiendo otras, hasta que le pega en la cabeza, en el jardín de su casa, a un buen hombre /…/. No, señor, lo tengo por norma: cuanto más extraño me parece algo, menos pregunto." Podría, además, atribuirse esta afirmación al propio Ábalos pero la pronuncia Enfield en el primer capítulo de El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde.

2. La responsabilidad penal recaería en su caso en quienes formaron parte de la red de tráficos y de comisiones, pero no en quienes la desconocían y, por ende, no formaban parte de ella. Es una tautología jurídica, pero le sirve a Ábalos, en defecto de pruebas directas, para argumentar su inocencia. Y es cierto. Al menos, de momento. Pero más allá de la responsabilidad jurídica que pudiera existir, hay una responsabilidad política evidente, por "culpa in eligiendo" y por "culpa in vigilando". Mister Koldo nunca debió ser nombrado asesor de un Ministro, ni consejero de administración de una compañía pública. Lamentablemente, la acción de nombrar ineptos conseguidores de partido para puestos de confianza en la Administración, hoy por hoy, no es un delito, aunque no hay mayor menoscabo de los caudales públicos que ver a arribistas, imbéciles que se han promocionado en los partidos a través de felonías y favores, cobrando cerca de cien mil euros al año y ocupando puestos de en consejos de administración para cobrar una dieta. Quizá el solitario diputado Ábalos sabe que no es un delito, pero lo que no creo que tenga claro es que sepa que es una inmoralidad y una irresponsabilidad. No ha llegado el día en este país en el que los partidos, unos y otros, comprendan que hay meritorios que no se deben pagar con escaños o puestos en la Administración. Y aún dirán que la política es vocacional.

3. El Tribunal de Cuentas ha fiscalizado favorablemente los expedientes de contratación del Ministerio y no ha detectado salvedades relevantes. Cierto. Como también es cierto que tanto los funcionarios del Tribunal de Cuentas como de la Intervención General del Estado analizaron exclusivamente el expediente de adjudicación directa por razón de emergencia, y, allí, lógicamente, no detectaron anomalías. Pues claro, porque la actividad delictiva, la que lleva a prestar favores y cobrar comisiones, no se infiere de un expediente administrativo, sino periféricamente de las gestiones externas (correos, llamadas telefónicas, o reuniones discretas) que son objeto de investigación policial. Y aquí está la clave del asunto. Si las personas competentes en ADIF y Puertos del Estado adjudicaron a una sociedad zaragozana inoperativa sendos contratos de adquisición de mascarilla, las preguntas son las siguientes: ¿esas adjudicaciones se formalizaron porque hubo orden directa del Ministro y/o de su asesor? Todo parece indicar que pudo ser así y que tendrán que dar cuenta en la Comisión de Investigación en el Congreso y en un juzgado como testigos. De ser así, ¿obedecieron una simple orden u obtuvieron también alguna ventaja patrimonial o de otro tipo, aunque sólo fuera seguir ocupando sus puestos pues en caso de negarse a hacerlo habrían sido cesados? Preguntas sin respuestas que omitió el doctor Ábalos en su discurso y que los escribientes de parte saben que constituyen el núcleo de su eventual responsabilidad.

4. Según el doctor Ábalos, no hay probada relación de causalidad entre la adjudicación de los contratos y el enriquecimiento ilegítimo por parte de ciertos participantes de la red investigada. Esta afirmación pasó muy desapercibida el día que la pronunció pero es la expresión inequívoca de que el texto no lo había redactado él. Esta frase era innecesaria para el alegato personal de autoexculpación del exministro, pero era necesaria para anticipar la defensa de quienes adjudicaron los contratos o intervinieron en alguna de las fases de su tramitación. Es una manera indirecta de afirmar que aunque adjudicaron los contratos, no tenían idea de lo que estaba ocurriendo con míster Koldo y sus colaboradores. Presiento que hay pavor en algunos despachos de esas entidades que conozco bien por mi etapa como Subsecretario del Ministerio. Quizá sería momento de anticiparse y hablar antes de que el caudal del río se lleve a mucha gente por delante.

Esta es la clave del asunto. Lo demás, es especulación, basada en fotografías o en afirmaciones novelescas. En todo caso, hay algo que comparten el honesto y el corrupto: ambos niegan rotundamente que se hayan corrompido, el primero por apego a la verdad y el segundo por apego a la supervivencia. A partir de allí, los ventiladores a toda máquina, esparciendo el detritus por la cara del contrincante. Hay que reconocer que, en esto, todos son iguales, y que tan degradante y vergonzante es la corrupción de unos como la de otros. Nadie se salva desgraciadamente. El espectáculo es patético pero son gañanes a garrotazo limpio con los pies sepultados en el barro. Nada nuevo.

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