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Juan Gutiérrez Alonso

'Signore e Signori, Buonanotte'

"Si quisieran un hombre probo, una persona honesta, por qué me habrían votado a mí…".

"Si quisieran un hombre probo, una persona honesta, por qué me habrían votado a mí…".
Pedro Sánchez. | Europa Press

En 1976 se reunió una constelación de talento cinematográfico italiano liderada por Agenore Incrocci, cuya biografía ya quisieran muchos de los cineastas contemporáneos, y nos regalaron una comedia genial que va desde lo satírico a lo burlesco, pasando por lo absurdo y también lo surrealista, hoy más bien hiperrealista.

Una película compuesta por varios episodios en los que se ridiculizan los vicios y las virtudes de una Italia ruinas, con Marcello Mastroianni interpretando el papel presentador de noticias de un canal de televisión entonces inexistente, el TG3. Un canal que, curiosamente, hoy sí que existe.

Conforme avanza la película uno toma consciencia de que, como ocurre con la dramaturgia española, la commedia all´italiana del dopoguerra es todo un filón que desde la comicidad nos ayuda a comprender nuestra realidad mejor que diez mil sesudos análisis o monografías, y de paso, por qué no, también nos invita a sobrellevar mejor tanta inmundicia y desvergüenza.

El presentador Mastroianni, completamente desganado y más centrado en su hermosísima ayudante que en el oficio, comienza el telegiornale avanzando un secuestro sospechoso, sigue con una entrevista a un ministro, a continuación se refiere a varias estupideces en las comisiones parlamentarias y, mientras se enciende un cigarrillo, informa de que un turista alemán que se bañaba en el Tirreno milagrosamente ha sobrevivido, instando al Vaticano a pronunciarse al respecto. Sigue con la Comisión para la abolición de los entes inútiles, que según se informa, pasaba de identificar 54.000 a unos 95.000, y al final reporta actos de violencia juvenil, extremistas de izquierda, apostilla.

La entrevista al Ministro delle participazione private al cual se le acuse de desviar importantes cantidades de fondos públicos no puede ser más ilustrativa y actual. La interpelación al ministro por el periodista sucede en mitad de la calle mientras camina hacia su vehículo oficial.

Pregunta: ¿Está usted al corriente de las graves acusaciones sobre la desviación de fondos? Se habla de unos 200 millones…

Respuesta: Claro que estoy al corriente.

Pregunta: ¿No sería oportuno que, en espera de conocer los detalles y la verdad, usted dimitiera?

Respuesta: Jovencito, dimitir nunca, eso sería una decisión equivocada.

Pregunta: ¿Quiere decir que la dimisión sería un reconocimiento implícito de las acusaciones?

Respuesta: No, no, no dimito para poder dar la batalla desde una posición de privilegio. Desde mi puesto puedo controlar la investigación, contaminar los actos, distraer las pruebas, corromper los testimonios, en definitiva, desviar el recto curso de la justicia.

Pregunta: ¿Pero eso no es irregular y contrario a la ley?

Respuesta: No jovencito, yo respeto la ley, sobre todo la ley del más fuerte. Y como en este momento soy el más fuerte intento aprovecharme, es mi deber.

Pregunta: ¿Deber respecto de quién?

Respuesta: Un deber respecto del electorado que me ha dado el voto para obtener todo tipo de favores, prebendas y privilegios, permisos, autorizaciones, contratos, subvenciones, ayudas, para mirar a otro lado en caso de evasión fiscal, contrabando de divisa, manipulación, malversación …

Pregunta: ¿Pero de qué me está hablando?

Respuesta: Le estoy diciendo que el electorado ve en mí un prevaricador. Si quisiera un hombre probo, una persona honesta, por qué me habría votado a mí…

Tal vez ahora se entiende mejor por qué no dimite nadie. Y también el resultado de no pocas causas judiciales en los últimos años.

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