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EDITORIAL

El insultador oficial del sanchismo se siente ofendido

Lo que Puente no puede hacer, de ningún modo, es utilizar los recursos públicos para elaborar listas negras de periodistas y medios críticos.

Los socialistas son los principales responsables de la degradación acelerada de la política española desde que Sánchez llegó al poder, lo que no impide a sus cuadros dirigentes ejercer un victimismo desvergonzado cada vez que salen a la palestra, confundiendo la crítica legítima a la acción de gobierno con oscuros ataques a una democracia que el sanchismo ha embarrado de una manera atroz.

Uno de los sanchistas más destacados en esta operación victimista es el inefable Óscar Puente, un personaje atrabiliario experto en ensuciar el debate político con toda suerte de alusiones personales. No hay un político del Partido Popular o de Vox que no haya recibido los insultos más soeces por parte del actual ministro de Transportes, cooptado por Sánchez para su Gobierno después de protagonizar una bronca sonada en la tribuna del Congreso de los Diputados durante el debate de investidura de Alberto Núñez Feijóo. A este respecto, sus ataques personales contra Isabel Díaz Ayuso han sobrepasado todo lo que debería exigirse a un político sedicentemente feminista, más aún teniendo en cuenta que es ministro del Gobierno de España y no el líder del PSOE de Madrid.

Pues bien, Óscar Puente, experto en insultar y propagar inmundicias, se mostraba ayer profundamente afectado por el nivel de crítica que recibe el gobierno del que forma parte. Tan es así que ha encargado a su equipo de asesores, cuyo sueldo pagamos entre todos, que recopilen las columnas de opinión donde se vierten esas críticas, que Puente prefiere convertir en insultos. Esa decisión y la tranquilidad con que la expresaba el ministro sanchista en un programa de radio en directo explican perfectamente la manera en que los socialistas entienden el ejercicio del poder.

Óscar Puente está obligado a aceptar las críticas y, si en algún momento se siente ofendido por algún denuesto personal, ahí tiene los tribunales para exigir reparación. Lo que no puede hacer, de ningún modo, es utilizar los recursos públicos para elaborar listas negras de periodistas y medios a los que no les gusta la manera en que él, y sobre todo su jefe, están gobernando nuestro país.

El estrafalario ministro sanchista puede hacerse el ofendido cuantas veces quiera, pero eso no va a impedir el ejercicio de la libertad de expresión contra las decisiones de un Gobierno lacayo del separatismo que avergüenza de la inmensa mayoría de ciudadanos. Puente puede seguir lloriqueando por los ataques que recibe el sanchismo, pero esa actitud ridícula ya no engaña a una mayoría de españoles, cada vez más amplia, que no ve el momento de verlo fuera de la política. Eso sí sería una manera eficaz de mejorar nuestra salud democrática.

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