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EDITORIAL

El gobierno de la ETA y la inmensa traición socialista

El PSOE ha abandonado en el País Vasco la defensa de la libertad, de la democracia, de la Constitución y de los españoles de igual modo que en Cataluña.

Las encuestas apuntan a una posible victoria del partido de la ETA en las elecciones autonómicas vascas que se celebrarán el próximo 21 de abril. En caso de que se confirmen esas proyecciones demoscópicas se habrá consumado el proceso político de exterminio del constitucionalismo en el País Vasco y el triunfo de los pistoleros aupados al poder por el partido de Pedro Sánchez. Que los terroristas y sus voceros, los que más que negarse a condenar los crímenes los justificaban, estén a un paso de ocupar las instituciones autonómicas es una derrota en toda regla de la democracia en el País Vasco, una catástrofe de índole moral, un desastre político, una atrocidad y un insulto a la memoria de las víctimas y a quienes resistieron frente a la banda terrorista en unas condiciones infernales.

Esa posible victoria electoral de la marca política de la banda no tendrá nada de democrática sino que será el triunfo definitivo del terror, la consecución final de los objetivos de quienes aterrorizaron a la sociedad española durante décadas y la consecuencia de las cesiones y decisiones de José Luis Rodríguez Zapatero primero y de Pedro Sánchez ahora. Que ETA pueda gobernar en el País Vasco sin necesidad de que sus sicarios se tapen el rostro no es precisamente el desenlace de un proceso de paz tal como pretende el nefasto Zapatero o un efecto de la democracia según Sánchez, sino una tragedia nacional sin precedentes, una traición del PSOE a los españoles y la conversión de la derrota ciudadana, policial y judicial de la ETA en una victoria política de los criminales. Y todo ello, tanto en el caso de Zapatero como en el de Sánchez, como contraprestación del socialismo a los terroristas para expulsar a la derecha de la "democracia".

Casi un cuarto de siglo después de que Jaime Mayor Oreja y Nicolás Redondo se quedaran a un escaño de la mayoría absoluta en el País Vasco, el constitucionalismo es una fuerza residual en la región, un vago recuerdo de la heroica resistencia de aquellos políticos socialistas y populares que plantaron cara al terror y pagaron con sus vidas la defensa de la democracia. El PSOE ha abandonado en el País Vasco la defensa de la libertad, de la democracia, de la Constitución y de los españoles de igual modo que en Cataluña. Ese partido nada tiene que ver con la formación que resistió el acoso terrorista y que no tenía duda alguna sobre el lado correcto de la historia. Nada queda de aquel partido de hombres y mujeres que lucharon sin desmayo contra la violencia nacionalista.

El próximo 21 de abril se consumará en el País Vasco una tragedia enorme predicha y descrita por Mayor Oreja como una segunda "transición" impulsada por los antedichos líderes socialistas para monopolizar el poder. El precio no sólo es la impunidad de los criminales, sino la libertad y la seguridad de los ciudadanos vascos y del resto de los españoles. Será la constatación de la derrota de los movimientos cívicos que se alzaron frente a los encapuchados con un coraje y un valor extraordinarios, de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que lograron vencer a los terroristas, de los jueces y fiscales que doblegaron a la banda. Todos los esfuerzos y sacrificios, la sangre derramada, el dolor, todo eso no habrá servido finalmente de nada ante la inmensa traición a España del partido socialista de Zapatero y Sánchez.

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