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José Antonio Monago

Sánchez: entre la incoherencia y la irrelevancia internacional

La política exterior de España, dirigida por el presidente Pedro Sánchez, no es que resulte inoportuna, es que es también incoherente.

La política exterior de España, dirigida por el presidente Pedro Sánchez, no es que resulte inoportuna, es que es también incoherente.
Pedro Sánchez. | Europa Press

En un contexto internacional convulso, recientemente agravado por un ataque de Irán contra Israel, la política exterior de España, dirigida por el presidente Pedro Sánchez, no es que resulte inoportuna, es que es también incoherente y, lamentablemente, irrelevante. Sánchez, siguiendo la gira por países árabes emprendida por el ministro José Manuel Albares, pretendía consolidar un liderazgo en una región azotada por múltiples conflictos, liderazgo que ha quedado revelado de escasa altura.

Su gestión ha estado marcada por decisiones desconcertantes. Frente a los ataques de los hutíes, que afectan aún hoy gravemente el tránsito de navíos por el estrecho del Mar Rojo, Sánchez descartó unirse a una coalición liderada por Estados Unidos para proteger esta vía crucial para el transporte global, optando por una posición alineada con la Unión Europea, que finalmente no se materializó en acciones concretas. Esta postura de bajo perfil fue incluso celebrada por los propios hutíes, haciendo que España sea el único país de occidente que tenga tan alto honor.

El contraste se acentúa aún más con los recientes ataques a Israel por parte de Irán, donde la robusta defensa israelí y el apoyo de sus fieles aliados contrastaron con el rol pasivo de España. En un escenario global donde cada acción es crucial, España parece haber perdido su lugar en la mesa de las decisiones importantes. Y más aún si el último líder occidental en condenar el ataque fue el presidente español, y de modo testimonial.

La incoherencia de la política exterior española también es evidente en su aproximación a los asuntos de autodeterminación. Mientras Sánchez aboga por un Estado palestino, simultáneamente rechaza reconocer la soberanía del Sáhara, alineándose con las demandas de Marruecos. Esta contradicción merma la credibilidad de España en los foros internacionales. A veces, como hemos visto, se arropa en la bandera de Europa, y en otras, como son estos casos, camina por libre.

Si, además, la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIREF) ha revelado una subejecución del presupuesto de defensa de España de 2.000 millones de euros, se acredita que tanta rueda de prensa de la ministra de Defensa subrayando nuestros compromisos no tienen un respaldo real y monetario. Esta gestión presupuestaria cuestiona la capacidad del país para cumplir con sus responsabilidades de gasto en defensa dentro de la OTAN, en un momento en que la inversión en seguridad es más crucial que nunca. Pese a los intentos por desacreditar esta afirmación del racaneo presupuestario para no molestar a los socios de gobierno (esta es la realidad), argumentando que no se ha computado el gasto en clases pasivas (eso es tener cuajo) dentro de la OTAN, España es percibida como un socio de segundo nivel.

En resumen, la política exterior y de defensa de España bajo la administración de Sánchez no solo ha demostrado ser incoherente, sino también ineficaz. Mientras el mundo ha de hacer frente a desafíos geopolíticos cada vez más complejos, España parece más preocupada por manejar contradicciones internas y equilibrios diplomáticos no aclarados que por afirmar una posición firme y respetada internacionalmente; y lo más importante, consensuada en el Parlamento. En este juego de grandes potencias, España lamentablemente parece más un espectador que un jugador clave.

El ministro de Israel para Asuntos de la Diáspora y para Combatir el Antisemitismo, Amichai Chikli, ha calificado a Sánchez, de "líder extremadamente débil" y sin "una brújula moral" por su visión del conflicto de Gaza y el ataque de Irán.

La razón detrás de estas políticas es difícil de descifrar. Que te aplaudan desde Hamás a los hutíes es síntoma de vía equivocada. Algún día conoceremos las razones del vaivén, y seguramente no estarán del lado del interés general, sino en otros intereses. Es cuestión de tiempo.

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