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Agapito Maestre

O racismo separatista o nacionalización de España

Mientras los terroristas y racistas tienen claras las cosas, los políticos del PP y VOX se dedican a ocultar el asunto con medidas de viejas plañideras.

Mientras los terroristas y racistas tienen claras las cosas, los políticos del PP y VOX se dedican a ocultar el asunto con medidas de viejas plañideras.
Otegui. De fondo, Pradales. | EFE

No hay guerra en el norte de España. Las fuerzas políticas de la democracia se han rendido. Allí reina la paz de los cementerios. Las provincias vascas viven una dictadura subvencionada por los españoles de a pie. No son palabras. Son verdades. Es lo único que nos une. El resto, es decir, las razones de los politicastros, nos separa. Los resultados de las elecciones en el País Vasco solo sirven para seguir levantando acta de lo obvio: el terrorismo de ETA ha ganado otra vez. Los asesinados por la banda no volverán a la vida. Tampoco los dos cientos mil que expulsaron quieren saber nada sobre cómo regresar a una comunidad envenenada por el odio y el resentimiento a lo que les da vida: España.

El crimen y el racismo se han impuesto en una sociedad enferma. Normal. Todo era sabido. Predecible. Gobernará una vez más el partido racista PNV, sencillamente porque el sanchismo, la última versión del socialismo traidor a la nación, le dará la gobernabilidad. El sanchismo, sí, es el otro partido ganador. También era sabido: mientras que los etarras de Bildu nunca votarán para que caiga Sánchez, los traidores y racistas del PNV podrían fácilmente liarse con los peperos para hacerle una moción de censura al jefe de un gobierno que ha confiscado el entero poder público para su provecho personal. Sí, después de los etarras y los racistas, el partido sanchista lo tiene fácil, porque entregará sus votos al PNV y contemporizará con los etarras de Bildu. Y todos contentos para seguir viviendo de la cada vez más empobrecida España.

Los otros, los del PP y VOX, seguirán a lo suyo: quejas plañideras y a vivir del erario público. Cualquier cosa dirán y harán, salvo reconocer lo obvio: la fractura de España. El sistema político español no sirve, sencillamente, porque ni es español ni es sistema. Es un cambalache para mantener a miles de politicastros robándole a los españoles, en primer lugar, lo que les da sentido colectivo: España. El robo de la conciencia nacional es el primer delito de los políticos llamados nacionales. El segundo robo es la mentira, una enorme falsedad, permanente acerca de la definición de España como un sistema democrático. Esto es un régimen que no ejerce con normalidad el poder público sino que lo ha confiscado en todas las instituciones para ponerlas al servicio de los socialistas, los golpistas de Cataluña y los terroristas-racistas del País Vasco. Y el tercer robo, seguramente, el más obvio está a la vista de todos: el PP es un partido, realmente partido, y VOX no tiene otra política que culpar de todos su males al PP; estamos ante dos partidos sin estrategia ni táctica, o sea, son acéfalos, por decirlo suavemente. Defienden a España de boquilla, pero son incapaces de diseñar una mínima estrategia en común. Ni siquiera aceptan que en las provincias vascas y catalanas apenas existe España, o sea el Estado-nación, nada más que para ser esquilmada por los separatistas.

España está rota, abierta en canal, a las órdenes de un terrorista y un fugado de la justicia. En este contexto ya no hay vuelta atrás: o seguimos aceptando el marco de los terroristas de ETA y sus vasallos del PNV, o sea un Estado Asociado del País Vasco, o nos unimos a quienes traten de organizar un movimiento nacional para defender la unidad de España. O fragmentación o nacionalización. El resto son mandangas de políticos trincones. Mientras los terroristas y racistas tienen claras las cosas, los políticos del PP y VOX se dedican a ocultar el asunto con medidas de viejas plañideras. De los socialistas del PSOE ni se habla, porque ya están entregados por completo al proyecto racista de Otegui y el gentío del PNV.

Escribo esta columna el domingo a las 12:00 h. Ojalá los resultados electorales me obliguen a rectificarla.

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