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Agapito Maestre

¿Qué hacer contra la dictadura sanchista?

Exijamos a los políticos que trabajen para que la democracia no derive, definitivamente, en una dictadura.

Exijamos a los políticos que trabajen para que la democracia no derive, definitivamente, en una dictadura.
Pedro Sánchez. | Eruopa Press

Es sencillo. Perseverar en la denuncia. Alcanzar una mayoría fácilmente puede convertirse en una dictadura. La contradicción de toda democracia tiene solución. Exijamos, exijamos y exijamos a los políticos, a todos los miles de cargos públicos de la derecha y la izquierda que trabajen para que la democracia no derive, definitivamente, en una dictadura. La declaración de Sánchez en el Congreso de los Diputados sobre el resultado electoral obtenido por sus socios de gobierno en el País Vasco refleja el grado de extrema degradación de la democracia española. Ésta se ha convertido en un sistema político tan intolerante y agresivo como la dictadura. Al afirmar que "nueve de cada 10 votos del pasado domingo en Euskadi fueron para partidos políticos que apoyaron esta investidura y a este Gobierno", Sánchez está alardeando de que la democracia ha muerto. Él es toda la "democracia". La reducción de la democracia a la regla de la mayoría es su fin. Es la expresión más primitiva del estancamiento democrático que hemos oído en los últimos cinco años. Es tanto como decir, en realidad, ya se ha dicho muchas veces, "jurídicamente estáis equivocados, señores de la Oposición, porque políticamente sois minoritarios".

Sánchez, como un dictadorzuelo más de nuestro tiempo, ha hecho suyo el ascenso de la izquierda abertzale el 21-A. Estamos ante un individuo para quien la democracia es sólo un método para hacerse con todo el poder. No quiere comprender que ganar unas elecciones, o mejor dicho, sumar votos de partidos diferentes, da ciertos derechos para ejercer el poder, pero nunca para confiscarlo. Es obvio que, cuando se llega a tal grado de miseria política, debemos gritar que el primer problema de España es la casta política en general, y el presidente del Gobierno en particular, porque han vuelto a lo peor de la democracia de los antiguos, o sea, predican e instauran la hegemonía de un grupo social, el demos, sobre todos los demás. La democracia no sólo se vuelve tan intolerante como la oligarquía sino que sólo funciona como violencia. Luciano Canfora, famoso comunista italiano y gran experto en el mundo griego, nos enseñó allá por el comienzo de los ochenta del siglo pasado el significado trágico de la democracia como violencia. Teman, pues, lo peor.

Si en nombre de la democracia Demóstenes, que pasaba en el mundo antiguo por sabio y moderado, exigía reprimir y dejar sin derechos, o sea excluir de la Asamblea a los ciudadanos de tendencias oligárquicas, ya me dirán qué hará muy pronto Sánchez: prohibir a quienes no lo voten. De hecho ya ha excluido a VOX, y el PP es tratado como una piltrafa. En nombre de la "mayoría", Sánchez ha convertido el sistema democrático en un lodazal político. Cierto que alcanzar la mayoría es la gran contradicción de la democracia, pero siempre tuvo soluciones. Exijamos: autolimitación del gobernante; reparto del poder, es decir, más trabajo de los poderes legislativo y judicial para controlar el ejecutivo; y, en fin, una prensa y medios de comunicación más independientes del Estado y de los partidos políticos.

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