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Juan Gutiérrez Alonso

Milei no es un populista

El único gobierno racional que alcanzo a identificar en este momento en nuestro espacio más o menos común, seguramente es el argentino.

El único gobierno racional que alcanzo a identificar en este momento en nuestro espacio más o menos común, seguramente es el argentino.
Javier Milei. | EFE

Por alguna extraña razón he sentido necesidad de escribir estas líneas. Seguramente se debe a que en su momento mostré mi razonable expectativa con el señor Javier Milei, pero puede que el motivo principal sea que estos últimos días he visto cómo casi todo mi entorno está contaminado por las estupideces y etiquetas que repetidamente se difunden en España sobre el gobernante argentino.

Algunos fruncen el ceño y otros hasta me miran con perplejidad cuando afirmo que Milei no es un populista, a diferencia de la práctica totalidad de gobernantes europeos. También el estadounidense, el canadiense y otros de esos lugares que todavía conocemos como Occidente.

En efecto, el único gobierno racional que alcanzo a identificar en este momento en nuestro espacio más o menos común, seguramente es el argentino. Es simple, pues todas las medidas emprendidas hasta la fecha por el gabinete de Milei son medidas claramente antipopulistas, es decir, van en dirección contraria a todo aquello que sumió Argentina en el más aberrante populismo.

Los parciales y muy esperanzadores resultados obtenidos hasta ahora por Milei son consecuencia de medidas racionales y acordes con la correcta ciencia económica, no con el delirio socialista en el que estaba sumido aquel país y que, no nos engañemos, es el que transitamos otros. Con el tiempo iremos conociendo y padeciendo las consecuencias.

Tanto es así, que si esta gente de Milei consigue resistir e implementar progresivamente el programa propuesto, no descartemos que los españoles tengamos que emigrar nuevamente al país donde no hace mucho, precisamente antes de caer en el socialismo, se leía y editaba más y mejor que en el resto del mundo. Porque a menudo se nos olvida, o se olvida intencionadamente, qué era Argentina antes de la llegada del socialismo.

Vuelvo al populismo. Nadie ha explicado mejor el fenómeno populista en Hispanoamérica que el profesor Loris Zanatta, a sus trabajos me remito para quien quiera documentarse y establecer los términos apropiados de un debate. Pero hoy me voy a quedar con el boliviano Jorge Lazarte, tristemente fallecido hace unos años, quien identificó el derrumbe de la Res Publica con la progresiva ascensión de los partidos políticos como fuente de enriquecimiento privado. Esto, justamente esto, es lo que caracteriza el populismo allí donde ha emergido, dando paso a aquello que advertía, curiosamente, el escritor Ernest Hemingway, cuando mencionó que, llegados a cierto punto, un gobierno ya no puede mantenerse por medios honestos.

Ese cierto punto es la corrupción generalizada que, legalizada o no, se vincula a los partidos o a los dirigentes de los partidos que consecuentemente hay que proteger para no perder el poder. Un gobierno no puede mantenerse por medios honestos cuando el partido o partidos que lo soportan se han convertido en una estructura de saqueo. Nuestro mejor ejemplo seguramente sea Cataluña, cuya dirigencia ha llevado a la ciudadanía a una feroz lobotomía, pero no hay que descartar nada visto lo visto.

Conviene recordar, por último, que la devaluación del modelo democrático representativo ya sabemos obedece a múltiples factores. Uno de ellos, diría que fundamental, es el tornarse poco participativo, el rapto de los partidos. Otro es la desviación de los centros verdaderos de poder, que necesariamente deriva en opacidad. Estos son algunos, sólo algunos, de los factores que producen gobiernos populistas. Y si esto es así, que lo es, entonces estamos en condiciones de afirmar que, a día de hoy, populistas son nuestros gobiernos y no tanto el argentino, por mucho que su actual y recién llegado presidente se exprese y gesticule de manera tan singular. Esa forma tan particular que cualquiera diría que es la propia de un argentino que ha visto cómo los populistas han hundido en la miseria a su país.

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