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Atacan porque fue el fiscal del Prestige, bulo

En aquel juicio, el fiscal no fue el gran acusador de Aznar, Rajoy, Fraga, Álvarez Cascos o López Sors: fue su defensor.

En aquel juicio, el fiscal no fue el gran acusador de Aznar, Rajoy, Fraga, Álvarez Cascos o López Sors: fue su defensor.
Álvaro García Ortiz. | Europa Press

Un senador del PSOE ha puesto sobre la mesa una combinación irresistible, por la potencia conectada de sus ingredientes: fiscal general, juicio del Prestige y desinformación. La desinformación más inmediata es la del senador Txema Oleaga, que atribuyó la reprobación del Fiscal General por la mayoría del PP en el Senado a que hubiera sido "el fiscal del caso Prestige". Oleaga debe creer que el fiscal del Prestige fue a muerte contra los ministros y altos cargos del Partido Popular que gestionaron la catástrofe del petrolero, que por eso le guardan un rencor inextinguible y que ahora se lo quieren hacer pagar. Y si no lo cree, lo hace creer. Pero lo que ha mostrado el senador, como todos los que transmiten lo que dijo sin comprobar nada, es que no tiene idea de lo que hizo el fiscal en el juicio.

García Ortiz no acusó a ningún gobernante del Partido Popular y rebatió la acusación de imprudencia grave que pesaba sobre el único alto cargo imputado, el exdirector general de la Marina Mercante, López Sors. Para rebatirla, dijo que estaba "vacía de contenido", recordó la pluralidad de opiniones sobre qué hacer con el petrolero averiado y opinó que con la información de que disponía, el director general prefirió evitar el riesgo de que se rompiera cerca de la costa. Se pudo equivocar, dijo, pero no infringió ninguna norma. El fiscal del Prestige, en suma, defendió la actuación de la Administración. Como era lógico. No sólo porque era defendible. También porque el objetivo de la Fiscalía, en línea con el interés del Estado, era que la aseguradora de aquella chatarra flotante asumiera el coste de la marea negra.

En aquel juicio, el fiscal no fue el gran acusador de Aznar, Rajoy, Fraga, Álvarez Cascos o López Sors: fue su defensor. Lo fue, le gustara o no. Lo fue a pesar de que manifestó, al término de su informe final, que simpatizaba con la plataforma de manipulación, Nunca Máis, en las críticas a la gestión. Fuera de esa declaración de simpatía política que no venía al caso, pero representaba el tributo a la demagogia ambiental, el fiscal del Prestige, en su papel de fiscal, cargó las tintas contra el capitán del barco y en ningún caso contra los que gestionaron la catástrofe desde el gobierno autonómico o el central.

El senador socialista no se ha molestado en informarse: ¿para qué? Le basta tirar de la desinformación que se instaló rápidamente sobre el naufragio del petrolero y se extendió tanto o más que el chapapote. Y nadie se lo va a discutir, salvo algún aguafiestas. Los medios, los famosos medios, no pondrán, en contraste con lo suyo, ninguna pieza de verdad. Ese tipo de ejercicio prácticamente no se hace y menos en un caso así. A fin de cuentas, consiguieron entre todos, con gran despliegue y fiera trompetería, que la desinformación sobre el Prestige reinara como monarca absoluta y siga reinando sin rival. Aquello creó escuela, la escuela de la que saldrán los que van a dar lecciones de información y desinformación.

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