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Pablo Planas

¿Quiénes han perdido y quiénes han ganado (o no) las elecciones catalanas?

No ha ganado nadie, y mucho menos Sánchez. Pero ha perdido España, eso seguro.

No ha ganado nadie, y mucho menos Sánchez. Pero ha perdido España, eso seguro.
El candidato de Junts a la presidencia de la Generalitat, Carles Puigdemont. | EFE

Han perdido los de ERC. Oriol Junqueras, Marta Rovira y Pere Aragonès. Son los derrotados en primera fila. El falso misticismo de Junqueras, el fanatismo de Rovira y la abismal inconsistencia juvenil del "nen barbut", alguien del que Torra decía que era menos útil que un florero. Sin embargo, en su partido hay quien atribuía al también llamado "Cigronet" (Garbancito) las características propias de un prospecto de Pedro Sánchez en categoría mosca. Crueldad, oportunismo, máxima hipocresía y no valer para otra cosa. Ha tirado la toalla. Con cuarenta años ya tiene pensión de expresidente de la Generalidad.

Los chicos y chicas de la CUP, propagandistas de la copa menstrual y el estilismo yanomami, también han perdido y salvo enjuague de la mesa de la cámara pasarán al grupo mixto, donde coincidirán con los representantes de Aliança Catalana, la extrema derecha separatista que le ha pispado dos escaños a Carles Puigdemont. Tanto la CUP como los comunes, la versión catalana de Sumar, se han dejado sendos escaños por Tarragona. La oposición demagógica al Hard Rock (el casino de los indios seminolas) ha resultado letal para sus intereses. La maldición del cementerio nativo.

Ada Colau, la Yolanda Díaz catalana, también ha perdido las elecciones. Su formación retrocede y cae camino de la extinción. Los partidos que cuestionan el cambio climático, la ideología de género o la inmigración sin control tienen más votos y diputados que los "Comuns". La exalcaldesa de Barcelona debería tenerlo en cuenta cada vez que sermonea a la población.

Más derrotados. Lo que queda de Ciudadanos. El final del partido que quedó primero (ganar es otra cosa) en las autonómicas de 2017 está resultando traumático y patético. Inmerecido epílogo para la formación que puso contra las cuerdas al nacionalismo.

Y Clara Ponsatí, excompañera de fatigas de Carles Puigdemont y fundadora de un partido, "Alhora", que sólo ha obtenido 13.759 votos. Esta señora, sobrina de Raimon Obiols (la triste figura del PSC que siempre perdía en las autonómicas frente a Jordi Pujol) llegó a pedir a los jóvenes que sacrificaran su vida por Cataluña. "Alhora" ha sido el último canto del cisne (habrá más) del separatismo pijo de los hijos y sobrinos de fulano de tal y Vidal de Robaperas. Como los de la CUP pero partidarios del agua corriente.

En cuanto a los ganadores, el día después es lo más parecido al escenario de un confuso crimen cuyo análisis requiere la pericia forense del CSI de Las Vegas. El PSC de Pedro Sánchez y Salvador Illa gana en escaños y en votos, pero la fragmentación de los destrozos es de tal envergadura que tan "brillante" triunfo no sirve para descartar una repetición de las elecciones. Puigdemont ha resultado muy elocuente al respecto. La distancia relativa entre Illa y él es la misma que entre Feijóo y Sánchez el 23-J.

El PSC puede presumir de que ha ganado las elecciones con un candidato que suscita las mismas emociones que un empleado de pompas fúnebres con una doble vida de intermediario de material médico. Lo del PSC ha sido como jugar una final sin portero. Pero el partido no ha terminado. Puigdemont, el otro ganador del 12-M, puede forzar la prórroga y alcanzar los penaltis, fase del juego en la que la ausencia de guardameta es más determinante. Siempre cabe la posibilidad de que los delanteros disparen fuera del arco. Eso es verdad. La aritmética parlamentaria en este caso no es nada sencilla.

Puigdemont ya gobierna en España sin necesidad de ostentar cargo alguno. Es el primer prófugo de la Justicia con más peso en el Gobierno que cualquiera de los ministros. Sabe de primera mano que mandar no significa necesariamente ostentar el poder. Él mismo controla a Pedro Sánchez aunque no pueda entrar en España sin temor a ser detenido. Ni siquiera la política italiana es tan rara. Que Puigdemont vuelva a ser presidente de la Generalidad no depende sólo de él, pero está en sus manos. No está mal para no haber podido hacer campaña sobre el terreno.

¿Y qué pasa con el PP y Vox? Ah, sí, que han sacado buenos resultados. Muy buenos. Cómo será la cosa que el PP ha multiplicado por 5 sus escaños. De 3 a 15. Y Vox ha mantenido los suyos: 11. Poca broma. Ya se ha dicho que han quedado muy por encima de los Comuns, de la CUP y de esa nueva sensación del independentismo que es la alcaldesa de Ripoll, todos ellos mucho más representados en los medios y en los demás ámbitos colectivos que los partidarios del PP y Vox. De modo que el mínimo común denominador del constitucionalismo español suma 26 escaños, seis más que ERC. Lástima que los 20 de ERC sean más que los 26 de PP y Vox. Por eso se llama aritmética parlamentaria y no matemáticas.

No ha ganado nadie, y mucho menos Sánchez. Pero ha perdido España, eso seguro. El independentismo no suma mayoría, obvio. Los malos resultados del conjunto separatista son históricos. Sin embargo, Puigdemont sólo ha sacado siete escaños menos que Illa, cinco si no se hubiera presentado esa cosa de la Aliança Catalana. Y sigue teniendo en sus manos los dídimos morenos del príncipe enamorado.

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