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Carmelo Jordá

Lo que demuestra Eurovision y el problema que seguimos teniendo

Quizá que aunque son muchos los que odian a los judíos y a Israel son más los que están dispuestos a defenderlos.

Quizá que aunque son muchos los que odian a los judíos y a Israel son más los que están dispuestos a defenderlos.
Eden Golan representa a Israel en Eurovisión. | EFE

A todos los que tenemos cierto aprecio por Israel, a los que estamos preocupados por la atroz ola de antisemitismo que está recorriendo el mundo civilizado, a los que nos horroriza que la ideologías más extremistas y deleznables estén tomándole la delantera a las democracias y a la libertades, lo que estaba ocurriendo con Eurovisión nos parecía algo atroz.

Estamos hablando de llamadas al boicot, críticas, insultos, incluso una manifestación… todo para impedir que una mujer de veinte años pudiese cantar por una sencilla razón: ser israelí, ser judía. Y encima, como me contaba ayer mismo un periodista, todo de parte de los mismos que defienden a los que entraron en un festival de música y mataron a casi cuatrocientas personas, muchas de ellas mujeres jóvenes como Eden Golan a las que ya de paso violaban de la forma más brutal posible.

La noche del sábado, en cambio, fue una sorpresa y una alegría: ciudadanos de España y de muchos otros países de Europa reaccionaron a las llamadas al boicot y al odio de una forma inesperada: gastando dinero –aunque fuese poco– en apoyar a la boicoteada y a Israel, el país más votado por el público en casi todo el continente.

¿Qué nos dice esto? Quizá que aunque son muchos los que odian a los judíos y a Israel son más los que están dispuestos a defenderlos. Quizá que en el fondo y más allá de las consignas fáciles los que quieren defender la libertad de una joven judía para cantar están más dispuestos a esforzarse que los que quieren hacerla callar. Quizá, sobre todo, que ese ambiente irrespirablemente antisemita en el que parece que estamos desde el 7 de octubre no está tan extendido como parece, que es algo impulsado salvajemente desde los medios y la política, valga la redundancia, pero que a la hora de una pequeña verdad como es Eurovisión no ha calado del todo.

Y quizá sólo sea que Eden Golan tiene una voz muy bonita y muy buena imagen y a la gente le gustó su actuación, qué se yo. Sinceramente, no lo creo, pero incluso si fuese así esos votos habría llegado a pesar del odio, las llamadas al boicot y la persecución. No era un apoyo sencillo, era mucho más fácil ponerte en el lado "justo" de la cuestión y recubrirte de la coraza de superioridad moral que en estos días te da atacar mucho cualquier cosa que huela a Israel, porque tú eres muy bueno y estás deeply concerned por los palestinos.

Es una buena noticia, en suma, es incluso una gran noticia. Pero cuidado: sí, el antisemitismo ha sido siempre un sentimiento popular… pero cada vez que se convertía en algo criminal de verdad fue porque se azuzaba desde el poder y los medios de comunicación, ya fueran periódicos o predicadores. Y eso es exactamente lo que está ocurriendo ahora.

Eurovisión nos ha dado la idea, quizá la ilusión, de que el cáncer está menos extendido de lo que hemos llegado a pensar, pero ni por un momento confundamos eso y pensemos que estamos sanos.

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