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Jesús Fernández Úbeda

Sánchez cubre de fango a la oposición y a Netanyahu para defender a su esposa

Feijóo disfrutó interrogando al presidente. Abascal: "Usted no es el Rey. Y su señora no es una institución del Estado".

Feijóo disfrutó interrogando al presidente. Abascal: "Usted no es el Rey. Y su señora no es una institución del Estado".
Aitor Esteban conversa con Sánchez y María Jesús Montero tras su intervención en el pleno del Congreso. | EFE

Pedro Sánchez, oxímoron de cartón piedra, matón que se denomina víctima, inauguró su "punto y aparte en la deriva de crispación" parlamentaria ciscándose en "una oposición cada día más ultraderechizada" y en los "pseudomedios digitales" que difunden "informaciones manipuladas" sobre su esposa, Begoña Gómez, "una profesional honesta, seria y responsable". El presidente del Gobierno, animal herido, no lo descarto, se dirigió así a quienes lo quieren "quebrar" y, me atrevería a decir, a quienes lo dan por amortizado, a los propagadores del "de esta no sale", a quienes, desde hace seis años monclovitas, aún no han asimilado que sobrevive como nadie en el jaque permanente: "Ya les digo yo que van listos". La Historia, más terca que un rucio, no le ha quitado la razón hasta la fecha.

El macho alfa del Ejecutivo compareció este miércoles en el Congreso para dar cuenta de, amén de la turra habitual del Consejo Europeo, "los asuntos objeto de investigación periodística y judicial (…) que afectan a su partido, su Gobierno y su entorno personal". O sea, a VergoñaManuel Adorni, portavoz del Gobierno de Argentina, dixit–. Sánchez arrancó su chapa demandando "juego limpio yendo al balón, no a por los jugadores", pero intentando romperle la tibia –políticamente, quiere decirse– al primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, Baal contemporáneo que "sigue castigando con hambre, frío y terror a un millón de niños y niñas" y que "está generando tanto dolor, tanta destrucción y tanto rencor" que peligra la telemática e irreal solución de los dos Estados, esa que no quieren ni Yahveh ni Alá, pero sí los líderes chupiguays de Occidente. Anunció que el 28 de mayo España aprobará el reconocimiento del Estado palestino y que la cosa no va "contra el pueblo de Israel" ni "a favor de Hamás", y remató este asunto aplaudiendo a las manifestaciones complutenses de estudiantes que triplican, en algunos casos, la mayoría de edad: "Son valientes, legítimas y admirables".

Acto seguido, el fingido doctor Jekyll dio paso al definitivo señor Hyde para atizar a una oposición que, en su opinión, representa "la nada y el lodo". Recuperó la guerra "ilegal" de Irak e interpretó su cantinela más reciente, la de la "máquina del fango", cargando contra los "pseudomedios digitales" y contra los representantes de la "minoría de privilegiados", es decir, Feijóo y Abascal, quienes "me atacan a mí y a mi familia" no por los líos de Globalia o la cátedra de la UCM, no, qué va, sino por "presidir un Gobierno que sube el SMI, que refuerza la sanidad pública, la educación pública…", etcétera. "Lo único que hay es fango –insistió–. Una colección de bulos y difamaciones, de informaciones manipuladas y acusaciones veladas que no dan para más". Elogió a su esposa, aseguró que estarán "encantados" de comparecer en el Senado, le recordó al PP que está "en la oposición y nosotros en el Gobierno", desatando un instintivo aplauso cesarista, y remató su perorata recurriendo a un viejo villano: "Palestina es un Estado, por mucho que lo niegue el señor Aznar".

Alberto Núñez Feijóo adoptó el rol de entrevistador metralleta y, paladeando el interrogatorio, preguntó disparando a la barriga: "¿Le consta si su mujer tiene la condición de investigada en un juzgado de Madrid?", "¿sabía que su mujer recomendaba empresas contratistas de su Gobierno?", "¿sabe cuál es su mayor hit en la prensa internacional? La corrupción. Estas son las portadas, señor presidente", y así. De Begoña saltó al conflicto con Argentina: "¿Por qué referirse a su esposa pone en riesgo a la democracia pero que el presidente de México ataque al Rey no? ¿Por qué tantos aspavientos en este asunto, pero ninguno cuando en Marruecos se dice que Ceuta y Melilla no son españolas? Deme una sola razón para que España retire al embajador en Argentina pero no en Rusia". Pidió la cabeza del ministro Albares patinando e, inmediatamente, enmendando su error, citó el "Desde el río hasta el mar" escrito por la ministra Sira Rego en su cuenta de Twitter y defendió a la prensa libre: "No hay sostén en la UE para poner un bozal a ningún medio de comunicación en España". El líder de la oposición finalizó convocando a los españoles a la manifestación de este domingo y a las urnas el 9 de junio: "Nunca podrá silenciar al pueblo español".

Por su parte, Santiago Abascal dijo una obviedad no escuchada hasta entonces en la cámara: "Usted no es el Rey. Y su señora no es una institución del Estado. Usted no es España y las instituciones no le pertenecen". El líder de Vox censuró el "ataque diplomático lanzado por su Gobierno contra Argentina" y recordó que, previo a las declaraciones de Milei en Viva 24, miembros del Ejecutivo le llamaron "drogadicto, fascista y loco": "Cuando les responde, se victimizan". También se animó a adoptar el rol de entrevistador: "¿Hasta dónde va a llevar su ataque diplomático para defender a su consorte si no le piden perdón? ¿Va a expulsar al embajador de Argentina, va a romper relaciones diplomáticas o va a declarar la guerra a Argentina? ¿Dónde se va a parar usted?". Tras su intervención, pidió la palabra Patxi López para, con una sobreactuación deleznable, solicitar la retirada del diario de sesiones un calificativo tan "intolerable" salido de la boca del político vasco como… "títere". Pepa Millán hizo lo propio con un "defensores de la dictadura" del portavoz socialista. Íñigo Errejón, infante cuarentón que está mutando en Strélnikov: "Está bien la firmeza con el ultraderechista Milei, pero la coherencia obliga como mínimo a la misma firmeza con el genocida Netanyahu". Al tiempo, Israel llamaba a consultas a su embajadora en Madrid, Rodica Radian-Gordon, y convocaba a la embajadora española, Ana María Salomon Pérez, a una reunión de reprimenda. Don't Stop the Party!

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