Menú
Juan Cermeño

España boomer: de madura, podrida

Una imparable masa social de votantes piensa en Felipe González como estandarte democrático, o que el rey emérito tiene cien años de perdón.

Una imparable masa social de votantes piensa en Felipe González como estandarte democrático, o que el rey emérito tiene cien años de perdón.
Felipe González. | Europa Press

Uno se hace mayor cuando renuncia a la dopamina de la novedad. Madurar es quedarse allí donde nuestro niño interior sólo encontraría motivos para marcharse. Triunfan los que ignoran las emociones del momento y fían su porvenir a una todavía desconocida satisfacción. Esta aparente farsa no es otra cosa que el premio de vivir con honor, reservado a los valientes que dan ese salto al vacío. Algo parecido decía C.S. Lewis del matrimonio: "si se sigue adelante, la desaparición de la primera emoción será compensada por un interés más sosegado y duradero. Es justamente la gente que está dispuesta a someterse a la pérdida de esa primera intensa emoción y amoldarse al interés más sobrio la que tiene más probabilidad de encontrar nuevas emociones en otras direcciones diferentes".

Las intuiciones de lo que está por venir son las raíces de nuestras vidas. Rechazamos ofertas de trabajo porque unos eurillos más no compensan la posibilidad de labrarnos una carrera duradera y respetada en nuestra empresa actual. Dejamos tiesa la cuenta corriente porque cuando el niño se hace hombre busca un lugar al que llamar hogar, cansado de jugar a la ruleta rusa de las habitaciones de alquiler de la gran ciudad. Entendemos que amar no es un sentimiento que viene y va, sino una decisión de la voluntad.

Pero los verdaderos vencedores no son sólo quienes permanecen, sino quienes encuentran sentido a hacerlo. Maduran los resilientes con propósito. Si no, uno corre el riesgo de estar por estar. De dejarse llevar y no vivir la vida, sino que la vida le viva. Y cuando uno cae en esa peligrosa nada vital, como junco merced al viento, corre el riesgo de convertirse en un don nadie, o peor: en presidente del Gobierno. Decía Cela que, en España, el que resiste, gana. Pero Cela, pragmático, ya sabía que esto del propósito y el sentido eran asuntos para comentar con San Pedro y no en el Congreso.

En España, los ganadores, de tan maduros, se han podrido. A saber: un gobierno y presidente perpetuados en el poder a base de cambios de opinión, impunes gracias a millones de españoles, hijos de la bonanza económica del pasado, a los que todo futuro o hecho trascendente actual les importa un carajo mientras no les toquen lo suyo. Boomer, más que una edad o época, es una ideología. Una imparable masa social de votantes que piensa en Felipe González como estandarte democrático, que el rey emérito tiene cien años de perdón porque consiguió los contratos del AVE a La Meca, que la Transición y el Régimen del 78 son la respuesta a todos los males españoles, y que los impuestos no son tan altos porque tal es su riqueza amasada o pensión aumentada que ni se enteran del atraco.

Sólo queda hacerse amigo del tiempo y, por motivos obvios, esperar: no hay mal que cien años dure. La próxima semana, elecciones europeas con uno de los mayores fetiches del europeo moderno: la UE. Señor, danos fuerzas para soportar otra ración de Von der Leyen.

Temas

En España

    0
    comentarios

    Servicios

    • Radarbot
    • Biblia Ilustrada
    • Libro
    • Curso