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José T. Raga

Por una Europa sin tolerancias

Yo, hombre de a pie, deseo una Europa como fue. En contra de, lo nuevo mejor que lo anterior.

Yo, hombre de a pie, deseo una Europa como fue. En contra de, lo nuevo mejor que lo anterior.
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El próximo domingo nueve de junio, vamos a elegir a los representantes del pueblo español en el Parlamento Europeo. Los candidatos suelen hacer cálculos, asesorados por expertos, sobre el resultado de la elección.

Quienes no estamos en las candidaturas, dedicamos el mismo tiempo a pensar, quizá más a soñar, en la Europa futura. Yo, hombre de a pie, deseo una Europa como fue. En contra de, lo nuevo mejor que lo anterior.

En mi sueño están presentes Robert Schuman, y su Declaración de 09.05.1950, Konrad Adenauer, Jean Monnet, Alcide De Gasperi… diseñadores del modelo de la Europa unida que, con algunas actualizaciones e incorporaciones, sigue siendo la Europa de hoy.

Es cierto que, aquellos personajes, no existen en la Europa actual; profundidad de pensamiento, coherencia de ideas, superación de personalismos ideológicos, amor incontenible a la libertad humana, con respeto a los derechos humanos –derechos no concedidos, sino inherentes a las personas–, y una moral pública por encima de toda exigencia.

Se dirá que eran así porque habían sufrido dos guerras crueles en apenas un cuarto de siglo. Pero no, no es verdad. Eran así, porque estaban llenos de humanidad, y de humanismo; algo que hoy, ni existe, ni se desea.

Por eso, lejos de sueños, aspiro a una Europa de la confianza. Confianza en el cumplimiento de todos a las normas aprobadas, y firmeza de las autoridades judiciales y ejecutivas en hacerlas cumplir, castigando abusos e infracciones.

La tolerancia al incumplimiento de una norma, puede ser el inicio del fin de la Unión Europea. Incumplir las disposiciones cuantitativas, déficit excesivo en la gestión presupuestaria, o superar el límite de deuda respecto al PIB, es una infracción grave, y su tolerancia genera desigualdad entre europeos, de consecuencias imprevisibles.

Los gobiernos de los países miembros, suelen tender a la autocomplacencia y a la presunción, priorizando sus intereses electorales, olvidando los intereses de la nación, y los de la Unión Europea, de la que forman parte. Para ello, utilizarán medios publicitarios, no siempre fieles a la verdad; actitud nunca imaginable en aquellos cuatro personajes del origen.

Utilizando calificativos llamativos, pueden decirnos que la economía del país va como una moto, cuando, llamando (100) al índice medio del PIB según el poder adquisitivo, de la UE de los 27, el PIB español, del que se presume, alcanzó (89) en el año 2023. Otros, Luxemburgo (240), Irlanda (212), Países Bajos (130), Austria (123), Bélgica (117), Alemania (115)… Eslovenia (91), Chipre (95)…

O puede afirmarse que, el Estado de Bienestar no ha existido hasta el sanchismo, cuando, el porcentaje de población española, forzosamente privada de siete de los trece artículos esenciales para una vida digna, se sitúa en el (10,1%) en 2023. Comparativamente, Países Bajos (2,7%), Austria (4,0%), Dinamarca (4,5%), Polonia (4,7%)… Letonia (10,4%), Hungría (14,7%), Bulgaria (27,8%) y Rumania (28,9%).

Estas son estadísticas europeas (EUROSTAT), por lo que son de general conocimiento. Y ahí estamos, con las proclamas, implorando tolerancia para los incumplimientos sucesivos del gobierno español, de las normas europeas y a los laudos condenatorios internacionales.

¡Pobre Europa, dónde acabarás, con semejantes mimbres…!

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