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José García Domínguez

Muchas gracias por regalarnos al golpista Rull

Igual para Génova que para Ferraz, resultan mucho más importantes las guerritas particulares entre ellos que defender a los ciudadanos de Cataluña.

Igual para Génova que para Ferraz, resultan mucho más importantes las guerritas particulares entre ellos que defender a los ciudadanos de Cataluña.
Josep Rull, votando. | EFE

PSOE y PP son partidos algo distintos entre sí —aunque muchísimo menos de lo que ellos quieren hacer creer a sus respectivas aficiones— que coinciden siempre, no obstante, en dejarnos tirados en la cuneta a los ciudadanos de Cataluña que nos mantenemos leales a la Nación. Y siempre quiere decir siempre. Porque, al menos en eso, nunca fallan. En cuanto pueden arrojarnos a los pies de los caballos, nadie dude de que lo harán. Y después, eso sí, mucha banderita en la muñeca, mucho viva España, mucha Plaza de Colón y mucho cuadrarse cuando suena el himno.

Lo hizo Aznar, cuando le entregó en bandeja de plata a Pujol todo lo que quedaba de la presencia del Estado en Cataluña —incluidos policías, profesores y médicos— a cambio de su silloncito acolchado en La Moncloa. Lo hizo Zapatero, cuando abrió la caja de Pandora del procés con su muy estúpida e innecesaria reforma del Estatuto. Lo hizo Don Tancredo, cuando le organizaron dos referendos seguidos delante de sus mismísimas narices mientras él permanecía absorto leyendo el Marca. Lo ha hecho Sánchez, hombre enamorado a quien solo inquieta que se respeten la Constitución y el Estado de Derecho cuando algún juez cita a su señora por presuntos mangoneos entre complutenses y africanos.

Y lo acaba de hacer también el PP (acordarse de Vox para algo serio sería perder el tiempo) en Barcelona, al facilitar con sus votos y su desidia que un golpista presida el Parlament. Porque, igual para Génova que para Ferraz, resultan mucho más importantes las guerritas particulares entre ellos que defender a los ciudadanos de Cataluña que sufren el acoso cotidiano de las instituciones públicas controladas por el separatismo; muchísimo más importante, huelga decir. A fin de cuentas, todos ellos viven en Madrid, un sitio muy tranquilo y agradable que queda a más de 500 kilómetros de la insufrible y pestilente ciénaga catalana. Porque para PSOE y PP, que tanto montan, lo único prioritario es defender los intereses de sus clientelas. Los leales necesitamos un partido de exclusiva obediencia catalana. Y ya.

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