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Pedro Gil Ruiz

La policía política de Fernando VII, el "germen" de Marlaska

Que el ministro Marlaska proponga que el momento fundacional del Cuerpo Nacional de Policía se produce cuando Fernando VII ordena la creación de una policía política es un artificio desconcertante.

Que el ministro Marlaska proponga que el momento fundacional del Cuerpo Nacional de Policía se produce cuando Fernando VII ordena la creación de una policía política es un artificio desconcertante.
El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. | Europa Press

En ocasiones el subconsciente nos juega malas pasadas pero no es habitual que esto suceda en un grupo de personas cuya capacidad de raciocinio, aunque sea para el mal, se les supone. Que, escuchados los altos mandos policiales, el ministro del Interior Grande-Marlaska proponga —y el ministro Bolaños disponga— que el momento fundacional del Cuerpo Nacional de Policía se produce con la Real cédula por la que Fernando VII ordena la creación de una policía política es un artificio desconcertante. Además de un desprestigio para los funcionarios del CNP.

Los Cien Mil Hijos de San Luis, procedentes de Francia, habían entrado en España el 4 de octubre de 1823. Restablecieron el Absolutismo, acabó el Trienio Liberal y comenzó la Década Ominosa y con ella la persecución de los constitucionalistas que le habían cantado al rey el trágala.

El monarca crea una policía para su protección. Lo hace porque la anterior "se limitó a precauciones proporcionadas a las circunstancias tranquilas en que se hallaba la Monarquía; pero estas precauciones serian hoy estériles e insuficientes…". Por ello, "arregla" una que debe "indicarme los medios de reprimir el espíritu de sedición, de extirpar los elementos de discordia" (Real cédula por la que Fernando VII ordena el establecimiento de la Superintendencia General de la Policía del Reino,13 de enero de 1824).

Esa policía política impedirá "la entrada, circulación y lectura de periódicos, folletos, cuadros satíricos, caricaturas u otros cualesquiera papeles o estampas en que se ataque mi Persona o regalías, o se ridiculicen o censuren las providencias de mi gobierno; y aprehender estos mismos objetos, y los individuos que los introduzcan o retengan" (Real cédula, artículo 14.9).

Doscientos años después a la crítica le llamaran fango. Un proyecto de autócrata alberga los mismos propósitos que el rey Felón: "La máquina del fango, alentada por la derecha y la ultraderecha, junto a páginas web y asociaciones ultraderechistas que fabrican bulos y mentiras, bulos que a continuación se propagan en tertulias y en las tribunas para después judicializar falsas denuncias" (Pedro Sánchez. Carta a la militancia socialista, 2 de mayo de 2024).

No acababan de depositar los padres jerónimos el cadáver de Fernando VII en el pudridero del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial y la Gaceta de Madrid publicaba el 24 de octubre de 1833 —el rey había muerto el 29 de septiembre—, una Real orden que advertía al superintendente de policía y sería el precedente de su disolución: "que la policía general del reino se circunscriba en los límites de que nunca debió salir: que ejercitando su vigilancia sobre algunos no lo haga sino en el interés de la seguridad de todos; y que, en lugar de instrumento de vejaciones, sea un medio de gobierno, y por consiguiente un elemento de protección".

En junio de 2023, el Ministerio del Interior y la Fundación Policía Española publicaron la obra Los orígenes de la policía española. Dos siglos al servicio de la sociedad (1823-2024). No busquen ustedes la Real orden que les acabo de reproducir. Seguro que no la conoce el ministro Grande-Marlaska, ni el plumilla que le escribe, porque, de lo contrario no se explica que afirme en el prólogo: "Esta Policía General del Reino es el germen de nuestra Policía Nacional. El papel que esta institución ha desempeñado desde 1824 ha sido crucial e indispensable para la defensa de los derechos y libertades…".

Como tampoco encontraran ustedes en la obra mencionada el Real decreto que firma la Regente el 4 de Octubre de 1835 por el que disuelve el germen de Marlaska. "Como quiera que la experiencia haya demostrado la inutilidad de la superintendencia… Art. 1.º Queda, desde la publicación de este decreto, suprimida la superintendencia general de policía".

Una policía política odiada por la población, "instrumento de vejaciones" en palabras de la Regente, "de terror" en las de Galdós que le dedica unos de sus Episodios Nacionales: El terror de 1824.

El propósito por asegurar que "la policía de España (...) debe ser pública, como lo serán todos sus actos, y dedicarse única y exclusivamente a la protección de los ciudadanos, reprimiendo los delitos y persiguiendo los criminales", lleva al presidente del Gobierno, Baldomero Espartero, a decretar la abolición de la policía secreta y prohibir hacer ningún gasto con tal objeto. Firma el Decreto el 2 de noviembre de 1840.

"¡Buena cárcel nos mamamos!". Así termina el artículo que Fígaro (Mariano José de Larra) le dedica a la policía política publicado en La Revista Española el 7 de febrero de 1835: "¿Pagaremos en compañía de nuestros compatriotas ocho millones para que nos averigüen nuestras conversaciones, nuestros pensamientos (...) y si algún día la policía nos prende, como es probable, por anarquistas, exclamaremos con justo entusiasmo: ¡Buena cárcel nos mamamos! ¡Pero buen dinero nos cuesta!".

No será hasta enero de 1844, con Isabel II como reina constitucional, cuando el Consejo de Ministros aprueba el decreto que establece la organización "del ramo de protección y seguridad pública, según lo reclaman los buenos principios y la práctica observada en otras naciones cultas y regidas por instituciones constitucionales".

Y esta historia termina dos meses después, un 28 de marzo de 1844, o si prefieren el día de su publicación, el 31 de marzo. La Reina sanciona el Real decreto por el que "acerca de lo urgente que es el establecimiento de una fuerza especial de protección y seguridad… he venido en decretar lo siguiente: Artículo 1.º Se crea un cuerpo especial de fuerza armada de infantería y caballería, bajo la dependencia del ministerio de la Gobernación de la Península, y con la denominación de Guardias civiles".

El ministro Marlaska y Bolaños como colaborador necesario, han resuelto que el origen, el "germen" del CNP, sea esa "escuela pública de inmoralidad y corrupción" que denunciaba el Eco del Comercio el 20 de agosto de 1836. Rebosantes de desconocimiento, gastan dinero público en un artificio. Celebran una inexistente antigüedad que solo existe en la imaginación de algunos mandos policiales, que aspiran a ser lo que no son. La dignidad y profesionalidad de los funcionarios de policía seguirá estando por encima de ellos.

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