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Miguel del Pino

Del toro al tauro y del tauro al toro

Resucitar al mítico uro ha venido obsesionando a genetistas y zoólogos durante el pasado Siglo XX.

Resucitar al mítico uro ha venido obsesionando a genetistas y zoólogos durante el pasado Siglo XX.
Toros bravos en dehesa | Wikimedia

Fue el uro un gran bóvido salvaje extinguido en Europa por causas desconocidas durante el Siglo VII. Seguramente fue la caza descontrolada la principal razón del agotamiento de los recursos genéticos de la especie, que era ancestro de la mayor parte de las razas bovinas domésticas, con inclusión de nuestro toro de lidia.

Resucitar al mítico uro ha venido obsesionando a genetistas y zoólogos durante el pasado Siglo XX. Uno de los intentos más significativos fue el llevado a cabo por científicos alemanes en el zoológico de Berlín mediante sucesivos cruzamientos entre bovinos domésticos, entre ellos el toro español de lidia, es decir, buscando las razas teóricamente más próximas al bóvido salvaje perdido.

Tanto el uro como la gran mayoría de las razas bovinas europeas actuales pertenecen a la misma especie, Bos taurus. Sólo algunas razas domésticas asiáticas y africanas descienden del ancestro del Cebú, Bos gaurus, especialmente resistente a las enfermedades tropicales transmitidas por los insectos picadores.

Después de años de trabajo, los científicos implicados en los estudios de reconstrucción del uro en el Zoo de Berlín creyeron haber llegado al objetivo buscado; el resultado distaba mucho de alcanzar la uniformidad en el parecido con la morfología del uro del pasado; los cruzamientos produjeron unos grandes bovinos de conducta pacífica y aspecto más semejante a ciertas razas cárnicas británicas que a verdaderos toros salvajes.

Resulta curioso que mientras cruces supuestamente científicos no conseguían aproximarse al uro perdido, los ganaderos andaluces que se habían implicado en la selección de bovinos ariscos en busca de toros bravos dedicados a la lidia estaban logrando tipos eumétricos del Bos Taurus, mucho más parecidos al uro tanto en morfología como en comportamiento.

En la actualidad el bovino más parecido al uro es el toro bravo, aunque los prejuicios derivados de los movimientos antitaurinos se opongan a reconocerlo.

Pero después del reconocimiento del fracaso de la experiencia de los Dr. Lutz y Heinz Heck en el Zoo de Berlín, un nuevo proyecto, mucho más ambicioso porque dice basarse en ingeniería genética más que en simples cruzamientos, viene a producir nuevas imitaciones del uro, a las que hasta adjudica un nombre: el tauro, así que, como titulábamos, nos desplazamos del toro al tauro, aunque seguramente pronto, por degeneración de los tauros recorreremos el camino inverso: del tauro al toro.

No pretendemos descalificar un proyecto que resulta curioso, simplemente curioso, pero la intención de liberar tauros en plena naturaleza ibérica, con la finalidad de "luchar contra los incendios forestales", merece al menos ser cuidadosamente matizada.

La primera manada de "tauros" de España se encuentra instalada desde 2021 en el paraje llamado Estepa Cavero, en los términos de Frías de Albarracín, Calomarde y Albarracín. Proceden del Parque Faunístico de La Maleza de Tramacastilla, cuyo director, Ricardo Almazán, pretende conseguir la proliferación de la manada primitiva, actualmente con unos 400 ejemplares, para establecer posteriormente en la naturaleza distintos rebaños capaces de modificar los espacios de matorral en suaves praderas o cortafuegos.

El proyecto de recuperación del uro, desaparecido en torno al Siglo XVI, corre a cargo de la Fundación Stiching Taurus, configurada en los Países Bajos y cuyos trabajos se basan en la selección genética; algo inspirado en los viejos y casi olvidados trabajos del Zoológico de Berlín.

La principal virtud teóricamente supuesta a los gigantescos boyancones de una tonelada de peso criados en la manada pionera, es su capacidad para "digerir la madera", imaginario prodigio que es necesario desmentir: si hablamos de la celulosa, componente masivo de la masa vegetal, es algo que hacen de manera sistemática todos los herbívoros, especialmente los rumiantes, cuyo estómago, dividido en cuatro cavidades dispone de una verdadera cámara bacteriana de fermentación llamada panza, en la que se acumula y degrada este material.

Pero la madera, formada esencialmente por lignina, es indigerible por los herbívoros, de manera que ningún bovino, sea tauro, vaca, oveja o caballo puede degradarla químicamente. Sólo hay un grupo de animales capaces de realizar tal prodigios, los insectos isópteros, conocidos como termitas o termes; tales insectos son capaces de reciclar las ramas y troncos, pero lo hacen gracias a su asociación con protozoos del grupo de los polimastiginos , que contienen enzimas degradantes de la lignina. Sólo estos seres, utilísimos por tanto en los ecosistemas australes y ausentes en los boreales, donde la acumulación de troncos gigantes que tardan siglos en desparecer por reciclado, viene a constituir un gravísimo problema ecológico.

En definitiva: los gigantescos tauros, supuestamente nuevos uros, podrán ramonear y aclarar el bosque o el matorral, pero nunca digerirlo y hacer el milagro de convertir la broza en pradera; suponerlo nos recuerda la vieja anécdota de la petición hecha en su tiempo por Fidel Castro a los ingenieros cubanos: pedía el dictador que se investigara para conseguir vacas diminutas que se pudieran reproducir en los hogares para que la leche no faltara a los niños. Alguien, sin duda bien informado alegó: "El comandante acaba de inventar la cabra".

Miguel del Pino, catedrático de Ciencias Naturales.

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