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EDITORIAL

La encomiable "auctoritas" del Rey frente a la lamentable "potestas" del Gobierno

Que el Rey carezca de "potestas" no significa que Felipe VI haya dejado de ejercer su "auctoritas" al servicio de España y de su Constitución.

Aun cuando el ministro Félix Bolaños haya mostrado "respeto" en nombre del Gobierno a la "transparencia y ejemplaridad" con la que Felipe VI ha ejercido su reinado en el décimo aniversario de su coronación, no le falta razón a la portavoz de Vox, Pepa Millán, al acusar al Ejecutivo de querer terminar con la Corona y con todo lo que representa la monarquía parlamentaria. Y no lo decimos sólo por los exabruptos que las formaciones separatistas y proetarras que sostienen al gobierno de Sánchez han lanzado contra el Rey, símbolo de la unidad y permanencia de la nación española, sino también por las propias declaraciones de Iñigo Errejon —cuya formación forma parte del gobierno— quien ha confesado que su partido "trabaja para que Felipe VI sea el último monarca".

Ciertamente, no ha sido nada fácil para este monarca reinar con gobiernos que han pasado de la indolencia a la complicidad con formaciones separatistas que tienen como confeso y permanente compromiso acabar con el ordenamiento constitucional y con la unidad de España que la Corona simboliza. Aun así, Felipe VI ha sido fiel en todo momento a su compromiso con España y con su ordenamiento constitucional, "compromiso, deber y servicio" que el Rey ha reiterado en el décimo aniversario de su proclamación aun cuando eso conlleve "un coste personal".

Y es que, aun cuando algunos ignoren que el Rey en una Monarquía parlamentaria carece de potestas, Felipe VI siempre ha ejercido su auctoritas al servicio de España y de su ordenamiento constitucional; tanto cuando tuvo que ejercer su papel de "arbitraje y moderación" frente al golpe de Estado en Cataluña como cuando ha tenido que refrendar leyes aprobadas en el Congreso a pesar del mucho o escaso agrado que dichas leyes personalmente le provoquen.

En una monarquía parlamentaria, el Rey reina pero no gobierna. Y el contraste que ofrece el ejemplar reinado de Felipe VI frente al felón y lamentable gobierno de Sánchez no puede ser mayor: lejos de ponerse al servicio de España y de su ordenamiento constitucional, este Ejecutivo se sirve de España y se pone al servicio de sus confesos enemigos internos con tal de sostenerse, como sea, en la poltrona. Este también es un "coste personal" que el Rey, como todo demócrata, ha de soportar mientras seamos los ciudadanos los soberanos y responsables de elegir o defenestrar a nuestro gobierno.

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