Era previsible que el abogado del TJUE dijera lo que ha dicho sobre la amnistía: que en Europa no se sienten perjudicados ni concernidos, que vale, que la justicia española proceda. Más que avalar, eso es quitarse de en medio. Es decir, que todas las objeciones que se han puesto a esta ley, no es que en el TJUE no las vean. Es que no las ven tan graves como para interferir en el funcionamiento más o menos democrático de un Estado miembro de la Unión.
Incluso para los que pensamos que esta ley de amnistía es un traje a medida de los de Carles Puigdemont -curiosamente, el que más va a tardar en beneficiarse de ella, el único delincuente del procés que todavía va desnudo…-, creo que deberíamos tomarnos la reacción del TJUE con calma. Y con filosofía.
Históricamente, los tribunales europeos han mirado con muy malos ojos a los españoles, a los que parecían seguir viendo en blanco y negro y con música del NODO de fondo. No fueron pocos los etarras que se beneficiaron de ello. Viviendo a cuerpo de rey y de refugiados. Viviendo del cuento de su autoproclamada condición de luchadores antifranquistas décadas después de morirse Franco. Los procesistas catalanes gastaron cientos de miles, millones de euros (todo dinero público, es decir, procedente de los impuestos tanto de los catalanes partidarios de romper el orden constitucional como de los muchísimos que no, que somos los que nos sentimos malversados y estafados…) en relanzar en Europa el viejo relato etarra de que Spain is different y además no hay quien la aguante. Aún quedan según que jueces en según qué países que les da pereza ponerse al día, y ahí murieron muchas euroórdenes. Pero mayormente se nos va reconociendo que, con nuestros defectos, somos un país normal.
A mí me gustará más o menos que amnistíen a Puigdemont. Pero si tengo que elegir entre chafarle la guitarra a él o a las instituciones de mi país -sí, incluso ahora, en este tremendo momento-, mis prioridades están claras. El TJUE no se mete porque no cree que seamos una democracia a tutelar. Por lo mismo que el Tribunal de Estrasburgo ha mandado a tomar viento a los procesistas que acusaban a la justicia española de violar sus "derechos políticos" cuando les arrestó para responder de los delitos que habían cometido. Como si a un político en activo no se le pudieran parar los pies cuando se limpia la nariz con las leyes. ¿Ven, señores indepes? Creer en la democracia y en la justicia es acatar hasta las leyes que tú no habrías votado, hasta las sentencias que no te gustan, si el cauce institucional seguido para llegar a ellas es sostenible. Si yo ya me he hecho a la idea de que Puigdemont acabará tarde o temprano amnistiado -que no me cabe ninguna duda de ello-, háganse ustedes a la idea de que no son Nelson Mandela.
¿Por qué? Porque esto es una democracia normal. No ideal, no perfecta. Pero sí normal. Por eso mismo fue tan aberrante que ustedes quisieran llevarse esa normalidad por delante, y ahora exijan el perdón de sus pecados y delitos con un instrumento tan extremo como una ley de amnistía, que no se veía en este país desde 1978. Qué gracia, dar carpetazo al procés de la misma manera que se lo dimos al franquismo. Algunos deberían tener el buen gusto de no morder la mano de la Transición que les da de comer. Y de amnistiar.
Hay gente muy disgustada con la amnistía por lo que tiene de convertir el vino en agua. Pero ojo, no perdamos de vista lo más elemental: para que haya amnistía, tiene que haber delito. Ningún inocente ha necesitado nunca ser amnistiado de nada. El gobierno Sánchez se puede haber bajado los pantalones por 7 votos, pero los del Comando Republiqueta se los han bajado…¡a cambio de que España les perdone! Sin duda este es un independentismo muy anal. Un independentismo que se te queda en nada sin fantasías de que "España" sólo entra en "Cataluña" a empujones y con mantequilla.
Bueno, pues parece que estas fantasías ya no cuelan ni en Perpignan. No veamos el aval del TJUE a la amnistía como una colleja. Veámoslo como un voto de confianza en que aquí ya somos mayorcitos y capaces de solucionar nuestras querellas entre nosotros, sin llamar a la seño de Estrasburgo o de Bruselas excepto por temas de infinita más fuerza mayor. No porque ya ni en su partido saben qué hacer para quitarse a Puigdemont de encima. ¿Llegará antes la amnistía o Sílvia Orriols?
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