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Adolfo D. Lozano

La resurrección de un héroe

Durante todos los primeros días tuvo que serle administrado el aceite de pescado en una particularmente alta dosis. Mientras el omega 3 EPA reducía la inflamación por la falta de oxígeno en órganos, el omega 3 DHA reparaba los daños cerebrales.

Adolfo D. Lozano
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Fue una de las tragedias que más conmocionaron a la sociedad estadounidense a comienzos de 2006. Eran las 6 y media de la mañana del 2 de enero de aquel año cuando, tras pocos minutos de haber entrado dos vagones con mineros para una supervisión, se producía una explosión mortal en la mina de carbón de Sago en el estado de Virginia Occidental. Estados Unidos no sufría desde 2001 una catástrofe minera de esas dimensiones, cuando un suceso similar tuvo lugar en Alabama. Puede decirse que en el caso de Sago la enorme cobertura mediática, prolongada por las largas investigaciones posteriores y llena de datos confusos –el New York Times llegó a hablar en su portada y de forma equivocada de 12 supervivientes–, apenas tuvo precedentes. Tras aquella explosión quedaron atrapados durante casi dos días 13 mineros a 3,2 kilómetros bajo tierra, todos pertenecientes al primer vagón que entró en la mina aquella mañana, exactamente 40 minutos antes de producirse el fatal estallido.

Finalmente el único superviviente fueRandall McCloy, un joven minero padre de familia de 26 años. Los restantes doce mineros, que contaban entre 28 y 61 años de edad, dejaron su vida. Posteriormente se encontraron notas escritas durante sus últimas horas dentro de la mina por parte de tres de ellos. Martin Toler pudo manuscribir una despedida de amor a su pareja. Randy McCloy, transferido el 5 de enero al Hospital General Allegheny en Pittsburgh, fue diagnosticado con niveles tóxicos de monóxido de carbono, colapso pulmonar, hemorragia cerebral, edema, daño muscular, fallo hepático y de la función coronaria. Se mantuvo al menos tres semanas en coma.

Desde esos días de coma, fue el neurocirujano Dr. Julian Bailes quien se puso al frente de los cuidados de Randy McCloy. El Dr. Bailes no quería hacer esta tarea sin antes contar con la opinión del Dr. Barry Sears, a quien rápidamente llamó. El Dr. Sears consideró que era imperativo suministrarle una dosis elevada de aceite de pescado destilado. Durante todos los primeros días tuvo que serle administrado el aceite de pescado en una particularmente alta dosis para su caso de hasta 30 gramos por vía intravenosa. Mientras el omega 3 EPA reducía la inflamación por la falta de oxígeno en órganos, el omega 3 DHA reparaba los daños cerebrales. El Dr. Sears no dejó de enviarle dosis de aceite de pescado. Meses después sus daños hepáticos, renales y coronarios se consideraron oficialmente revertidos. El Dr. Bailes ha reconocido que: "El Dr. Sears es una de las principales razones por las que me empecé a interesar en el campo de los ácidos grasos esenciales. He leído todo lo que ha escrito y estaba convencido de que el Omega 3 DHA jugaría un papel crucial en la recuperación de Randy McCloy. El producto que me enviaba el Dr. Sears era la fuente principal de su tratamiento". El Dr. Bailes le aseguró a Randy tras su recuperación que no tenía actividad cerebral medible hasta que empezó a consumir aceite de pescado. La revista Men’s Health en EEUU dedicó un extenso reportaje a los beneficios del Omega 3 a propósito de este caso: "Inesperadamente, McCloy emergió de su coma. Esto fue sorprendente, pero no lo único. En las siguientes semanas, sorprendió incluso a los expertos más optimistas recuperando su memoria y gradualmente su habilidad para caminar, hablar y ver, algo que muchos en el mundo médico ven como un milagro".

Centrándonos en los efectos neuronales de los ácidos grasos Omega 3, ¿fueron realmente esperables tan increíbles resultados en Randall McCloy? Desde al menos mediados del siglo XX se sabe que la grasa Omega 3 representa aproximadamente un 10% del peso bruto de la masa cerebral, y es la grasa estructural de cien mil millones de neuronas. Sólo esto es ya un hecho notable, y explicaría por qué el inicio del consumo de pescado hace unos 150.000 años por parte de nuestros primeros ancestros fue crucial para la victoria del homo sapiens en la lucha por la evolución. Un estudio publicado en 2007 vino a demostrar que el consumo de ácidos grasos Omega 3 aumenta la materia gris del cerebro, asociada al raciocinio. Ese mismo año, la prestigiosa revista Lancetpublicó uno de los más grandes estudios de su categoría, en el que se analizaron las dietas de 12.000 mujeres embarazadas: aquéllas que consumieron menos Omega 3 tuvieron niños con un 48% más de probabilidades de estar en el cuartil inferior de coeficiente intelectual comparados con los niños de las madres que consumieron más de estas grasas. Y es que sin suficiente Omega 3, la transmisión y recepción de señales electroquímicas en el cerebro resultan defectuosas. No es por tanto de extrañar que su carencia se haya asociado no sólo con menor inteligencia o síndrome de déficit de atención e hiperactividad en niños, sino también con el desarrollo de Alzheimer en la edad avanzada por decenas de estudios científicos. Varios análisis han demostrado en múltiples ocasiones que las personas con comportamiento suicida sufren niveles deficientes de Omega 3 y al menosun estudio mostró que la suplementación de estas grasas tiene un efecto antidepresivo comparable o incluso superior a Prozac. Y precisamente este año se ha vuelto a poner de actualidad el caso de McCloy con la publicación en julio de 2010 en el Journal of Neurosurgery de un estudio de los doctores Sears y Bailes verificando el poder del Omega 3 EPA y DHA para reparar el tejido cerebral dañado en ratas.

El 2 de enero de 2006 Randy salvó su vida en un hecho que dio la vuelta, costa a costa, a todos los medios y portadas informativas de Estados Unidos. Randall McCloy se convirtió en un superviviente, en un héroe nacional. Entre la tragedia, el dolor y las lágrimas, su salvación final vino cuando se recuperó de un coma por cuyo buen desenlace pocos apostaban. Hay quienes creen que fue un milagro. Él cree que no. Lo llama simplemente aceite de pescado.

Adolfo D. Lozano es consumer advocate en salud, nutrición clínica y dermatología cosmética y autor del blog Juventud y Belleza. Miembro de la fundación médica Life Extension. Puede contactar con el autor en david_europa@hotmail.com

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